Para no olvidar el pasado

En los años recientes, los latinos hemos venido atestiguando más acciones antiinmigrantes, y de hecho continúan y lo más grave es que ya no provienen como antaño de casos aislados movidos por las habituales organizaciones racistas, ahora esas actitudes antiinmigrantes se han incorporado a las Asambleas Legislativas de varios Estados el país.

Es tan cierto como incuestionable, que son los miembros más recalcitrantes del Partido Republicano los que mantienen una terquedad política contraria a la comunidad inmigrante, así como originando proyectos legislativos contra los indocumentados (sobre todos los latinos) o no favorables.

El detonador fue Arizona con su ley SB1070, aunque más bien la realidad es que la crecida antiinmigrante viene desbordándose desde los ataques terroristas del 9/11. Ha sido una década de agravios contra los inmigrantes latinos, vistos como chivos expiatorios de la reacción a lo desconocido que ha representado el terrorismo internacional, con los Estados Unidos como su mayor blanco.

No quiero volver al repaso de cómo se frustró la reforma migratoria que los presidentes Vicente Fox y George W. Bush contemplaron juntos. Desde entonces, la reforma ha sido punto de división entre sus impulsadores y sus contrarios.

Los ataques terroristas del 2001 dieron al traste con previos intentos de reforma migratoria, y en lugar de lograrse acuerdos favorables para los inmigrantes, proliferaron grupos de autonombrados patriotas y de vigilantes, que acudían a la frontera a “protegerla”, dedicándose a acorralar a los inmigrantes que cruzaban hacia EEUU.

En todos estos años las actitudes antiinmigrantes no han cesado, incluso surgió la fuerza del Partido del Té, producto de la ola antiinmigrante de los republicanos más conservadores.

A la fecha los republicanos siguen atacando la presencia de los trabajadores indocumentados y de los universitarios que crecieron o nacieron en este país estancando el llamado Dream Act, pero que ahora, después de la reelección de Obama, muestran cierta suavidad a una reforma migratoria reconociendo la fuerza de una mano de obra no sólo necesaria, sino confiable, y de la más alta calidad: la de los trabajadores indocumentados.

Parecería que un cierto arreglo, favorecido por las empresas que utilizan mucha mano de obra y por los agricultores y hacendados, podría producir un resultado favorable para los “aspirantes a ciudadanos” pero el sentimiento anti inmigrante no ha desaparecido.

 

Lideres vs. Políticos

En este país tan grande, usted encontrará fácilmente muchas cosas que no funcionan bien. Cosas como nuestro sistema educativo, el código tributario, nuestra política energética, el Seguro Social, Medicare/Medicaid, el proceso del presupuesto fiscal, sólo para nombrar unos pocos.

No es culpa de los demócratas o de los republicanos. Es culpa nuestra.

Nosotros, como electores, no hemos elegido a verdaderos lideres (congreso y presidentes) sino a “políticos profesionales”. Hemos sido seducidos por promesas huecas y sonrisas brillantes. Hemos elevado a los funcionarios electos a la categoría de estrellas de rock, con total desprecio de su falta de calificaciones y de experiencia.

Los problemas que enfrentamos son importantes, pero no son insuperables. Depende de nosotros, los votantes, el evitar preferir las caras bonitas y empezar a elegir nuevamente a líderes capaces.

Los líderes no son fácilmente identificables, pero en cambio si se puede detectar a un político desde una milla de distancia. ¿Cual candidato habla mejor o cual es más simpático? ¿Cual candidato va a decirnos lo que debemos escuchar y no lo que queremos oír? ¿Cual candidato tiene la capacidad para enfrentar y solucionar nuestros sistemas que no funcionan?

No sirven los afiches propagandísticos o pegatinas para el parachoques, sólo sirven los resultados.

 

Edición de esta semana
JOVEN CHIHUAHUENSE LUCHA CONTRA SU CANCER EN LITTLE ROCK
Por Michel Leidermann
Al encontrarnos en tierra desconocida, cierto sentimiento de orfandad se profundiza haciéndonos tal vez más irascibles y rebeldes ante el nuevo país que escogimos como destino. De ahí que, con relativa frecuencia, establezcamos interminables comparaciones en las que, por supuesto, nuestro propio país tiene todas las de ganar… Nuestros modos entonces, de pronto, se convierten en los mejores, apareciendo con ello las ganas de imponerlos, de, por ejemplo, acostumbrar a nuestros vecinos a nuestras costumbres, olvidando que al cambiar de territorio o de continente dos verbos debemos conjugar, aun en la aparente contradicción que ambos términos –puestos uno al lado del otro-  pueden prefigurar: aprender y desaprender.   / ver más /
Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
Al encontrarnos en tierra desconocida, cierto sentimiento de orfandad se profundiza haciéndonos tal vez más irascibles y rebeldes ante el nuevo país que escogimos como destino. De ahí que, con relativa frecuencia, establezcamos interminables comparaciones en las que, por supuesto, nuestro propio país tiene todas las de ganar… Nuestros modos entonces, de pronto, se convierten en los mejores, apareciendo con ello las ganas de imponerlos, de, por ejemplo, acostumbrar a nuestros vecinos a nuestras costumbres, olvidando que al cambiar de territorio o de continente dos verbos debemos conjugar, aun en la aparente contradicción que ambos términos –puestos uno al lado del otro-  pueden prefigurar: aprender y desaprender.   / ver más /