¡Tenemos Papa, Ché! El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio es el Papa Francisco I.
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Papa Francisco I

Será el primer Papa jesuita y sudamericano de la historia con vocación reformista y que siempre acompañó a los pobres

Jorge Mario Bergoglio miembro de la Compañía de Jesús es el nuevo Papa de la Iglesia católica desde el 13 de marzo de 2013, eligiendo el nombre de Francisco I,

tras 5 votaciones en el conclave después de la renuncia del Papa Benedicto XVII.

Jorge Bergoglio nació en la ciudad de Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, hijo de un matrimonio de italianos formado por Mario Bergoglio (empleado ferroviario) y Regina (ama de casa). Egresó de la escuela secundaria industrial con el título de técnico químico. A los 21 años (en 1957) decidió convertirse en sacerdote e ingresó en el seminario del barrio Villa Devoto, como novicio de la orden jesuita. Fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969.

Luego de una gran actividad como sacerdote y profesor de teología, fue consagrado obispo titular de Auca el 20 de mayo de 1992, para ejercer como uno de los cuatro obispos auxiliares de Buenos Aires.Tomó el cargo de arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998.

Al morir Juan Pablo II, eran 117 los cardenales menores de 80 años en condiciones de votar para elegir un nuevo Papa, entre los cuales se encontraba el cardenal Bergoglio, de quien se dice que logró obtener 40 votos de los 77 que eran necesarios para ser elegido (el segundo lugar detrás del elegido Benedicto XVI). Sin embargo, puesto que existe obligación de secreto absoluto para los asistentes al cónclave este dato debe tomarse como mera especulación.

Una cosa está bien clara con la elección de Jorge Bergoglio como Papa: la Iglesia acaba de producir un cambio relevante en el perfil de su conductor. Más allá de que las tradicionales etiquetas de conservadores y progresistas están hoy un poco desactualizadas para describir a los eclesiásticos, el argentino llega a la silla de Pedro después de dos Papas que oscilaron entre conservador y muy conservador. Y si bien Bergoglio se cuidó de aparecer desmarcándose de ciertas posiciones de sus antecesores, siempre prefirió las opciones más abiertas.

Es difícil no ver en ello un preanuncio de cambios en la Iglesia, al menos en el modo de aproximarse a los problemas y demandas de una modernización, y en la forma de testimoniar la fe.

Por ejemplo, cuando comenzó a debatirse el proyecto de matrimonio gay en Argentina, Bergoglio propuso a todos los obispos optar por un estilo moderado. Acaso dejar abierta la vía intermedia de las uniones de hecho. Además, creía que no podía repetirse el modo desafortunado con que el Episcopado argentino se había opuesto a la ley de divorcio aprobada por el Congreso.

Otro dato: el año pasado sacudió a la Iglesia cuando, en una conferencia llamó “hipócritas y fariseos” a los sacerdotes que se niegan a bautizar a los hijos de madres solteras. Para Bergoglio, no sólo ese proceder es antievangélico y doctrinalmente desacertado, sino que contraviene la prédica católica contra el aborto: “muchas de esas mujeres tuvieron la valentía y el acto de amor de traer esos hijos al mundo y nosotros no podemos ser tan necios”, dijo entonces.

Además, su elección vuelve verosímil una reforma a fondo de la curia romana, sacudida por escándalos, casos de corrupción y pujas de poder. No es un secreto que Bergoglio siempre estuvo muy distante de la vieja guardia del Vaticano.

La elección del argentino crea las expectativas, además, de que América Latina –donde reside el 42 % de los católicos del mundo– sea más tenida en cuenta.

Pero, sobre todo, abre la esperanza de que la cuestión de las injusticias sociales recupere terreno en la atención de la Iglesia.

Además, promovió la presencia de los curas en las villas de emergencia, si bien se preocupó para que la presencia religiosa en los asentamientos estuviera desprovista de ideologismo, ajeno a un compromiso evangélico.

Con todo, el mayor aporte que, en lo inmediato, introduce Bergoglio es un alejamiento de toda pompa y ostentación de poder. No es poco en una Iglesia y, en particular, un Vaticano que se ve muchas veces sólo como una suerte de multinacional de la fe con intereses más propios de este mundo que del más allá.

Sus admiradores hablan también de su abnegación, al explicar por qué él prácticamente nunca ha negado una de las acusaciones más escabrosas en su contra: que estuvo entre los líderes de la Iglesia que apoyaron activamente la dictadura de Argentina. Es indiscutible que Bergoglio, al igual que la mayoría de otros argentinos, no confrontó abiertamente a la junta militar que manejó el país de 1976 a 1983 mientras ésta secuestraba y asesinaba a miles de personas en una “guerra sucia” para eliminar a adversarios de izquierda.

Algunos lo acusan de estar más preocupado en preservar la imagen de la Iglesia que de proporcionar pruebas para los muchos juicios por violación de derechos humanos en Argentina.

Bergoglio invocó en dos ocasiones su derecho bajo la ley argentina de negarse a comparecer en una corte abierta en juicios que involucran tortura y homicidios por los militares y el robo de bebés de detenidos. Cuando al final testificó en 2010, sus respuestas fueron evasivas.

Las propias declaraciones de Bergoglio demostraron que los funcionarios de la Iglesia sabían desde casi el principio que la junta estaba torturando y matando a sus ciudadanos aun cuando las autoridades eclesiásticas apoyaban públicamente a los dictadores.

La elección de su nombre es sintomática: Francisco, que remite al santo que, en momentos de gran opulencia en la Iglesia, hace 700 años, con sus harapos, emprendió la más formidable renovación.

Con todo, la urgencia de Bergoglio es detener la caída en que se encuentra la autoridad moral de la Iglesia después de tantos escándalos. Más que cambios, parece situar la prioridad en estar cerca de la gente. Llegó a proponer a sus sacerdotes alquilar garajes en las grandes ciudades para poner capillas y atender a los aregentinos.

Lo cierto es que la elección de Bergoglio confirma que los cardenales optaron por un cambio relevante, cuanto menos de actitud. El tiempo dirá si lo dejaron hacer, si pudo y supo realizar las reformas.

 

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