Difícil medir el impacto económico de los indocumentados
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El impacto de los trabajadores indocumentados en la economía es sumamente complejo, por la amplitud de sus labores y por la falta de cifras que puedan comprobarse. Recogen frutas y vegetales, arreglan los jardines, colocan ladrillos y techos y hacen la limpieza de casas particulares, hoteles y oficinas.
Los trabajadores indocumentados son mayormente hombres y están dispuestos a trabajar por menos dinero que el ciudadano común, lo que contribuye a mantener los precios bajos de los productos y servicios para el consumidor. Pero al mismo tiempo deprimen los sueldos de los trabajadores legales no especializados y desbordan la capacidad en hospitales y en las escuelas.
Se calcula que hay entre 11 y 12 millones de inmigrantes ilegales en Estados Unidos. Unos 7,2 millones trabajan y representan un 5% de la fuerza laboral total del país, según el Centro Hispánico Pew.
La mano de obra barata por otra parte, aumenta las ganancias de las empresas. Si los empresarios aprovechan esas ganancias para expandir sus negocios, benefician a la economía en general.
Si bien el consumidor y los empresarios se benefician de esa mano de obra barata, los trabajadores de Estados Unidos pueden verse perjudicados, indican algunos estudios.
Entre 1980 y el 2000, la inmigración legal e ilegal generó una reducción de los sueldos de los trabajadores nativos en unos $1.700 anuales, o un 4%, según un estudio hecho en el 2004 por George Borjas, profesor de economía de la Universidad de Harvard.
La situación empeora si se considera que 10 millones de estadounidenses nativos no terminaron la escuela secundaria, y estarían en un mismo nivel bajo de preparación que la mayoría de los indocumentados. Ese sector de la población ve reducir sus salarios en un 7,4% como consecuencia de los indocumentados, indicó Borjas.
Economistas de la Reserva Federal de Dallas y Atlanta hicieron un estudio en el 2003 y llegaron a la conclusión de que los indocumentados no afectan los ingresos de los trabajadores nativos calificados, aunque sí, los de los no calificados.
Los indocumentados, por otra parte, usan recursos federales, estatales y locales, incluidas escuelas, servicios médicos y servicios de emergencia, originando más gastos en las arcas de los gobiernos estatales y aumentando la carga de los contribuyentes.
A nivel federal, el principal gasto es el de los programas de alimentos y de servicios médicos como el Medicaid, de acuerdo con Steven Camarota, director de investigaciones del Centro para Estudios de la Inmigración, que promueve normas más estrictas con los inmigrantes. Camarota admite que algunos indocumentados pagan impuestos, pero dijo que los costos son mucho más grandes.
Sin embargo, a algunos indocumentados se les deducen impuestos de sus salarios, cuotas a los servicios de Medicare (seguro médico para mayores de 65 años), y al plan de jubilación nacional (Social Security), pero no se beneficiarán de estos beneficios, por no tener residencia legal.
Algunos expertos hacen notar que los indocumentados gastan el 80% de sus ingresos en este país, en alimentos, ropa, muebles y otros rubros, lo cual contribuye al crecimiento de la economía. Pero muchos envían otra parte (un 20%) de sus ingresos a sus países de origen para ayudar a sus familias.
De un modo u otro, aumentan la mano de obra disponible y la productividad. Los economistas creen que si todos los trabajadores indocumentados fuesen deportados al mismo tiempo, como proponen algunos extremistas en el Congreso, tendría que haber un aumento sustancial de sueldos para que los nativos estuviesen dispuestos a realizar las labores que ahora hacen los indocumentados.
El período de transición tomaría tiempo y algunas cosas quedarían sin hacer. Tal vez no se complete la recolección de algunas cosechas o algunas habitaciones de hoteles no sean limpiadas durante un tiempo. En algunos casos, las empresas podrían optar por invertir en maquinarias y otras formas de automatización en lugar de contratar trabajadores más caros, según algunos economistas. En tal caso, los precios al consumidor podrían subir”.
Dos tercios de los estadounidenses opinan que los indocumentados realizan tareas que los nativos no están dispuestos a hacer. Pero los resultados del estudio son ambiguos en torno a si los indocumentados son buenos o malos para el país. Un 51% de los consultados opinó que hacen un aporte positivo a la sociedad, mientras que un 42% dijo que son una carga fiscal.
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