MIGUEL ÁLVAREZ
SOBRE CÓMO UN SOLO MOMENTO PUEDE CAMBIARLE A UNO LA VIDA
Por Rafael Nuñez

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“Siempre hay por qué vivir, por qué luchar. / Siempre hay por quien sufrir y a quien amar. / Al final, las obras quedan las gentes se van, / otros que vienen las continuarán, / la vida sigue igual”. — Julio Iglesias

“El mundo sigue girando, girando, / nadie lo puede parar. / Las cosas siguen cambiando, cambiando, y al final no será igual” — Leonardo Favio

 

Casi todos podemos echar un vistazo atrás a nuestro pasado y encontrar allí momentos o incidentes claves que nos cambiaron la vida, pero pocos podemos presumir de que un sólo percance nos hizo cambiar nuestra forma de ser y de actuar de una manera tan radical y fundamental como le sucedió a Miguel Álvarez, un estudiante universitario de 25 años de edad,... y todo a raíz de un “pequeño” accidente automovilístico.

Miguel Álvarez nació y se crió en la ciudad de Chicago, Illinois. A los 16 años, su familia se mudó a la pequeña ciudad de DeQueen (Condado de Sevier), Arkansas, donde se matriculó en el segundo año de preparatoria o ‘high school’. Su paso por la prepa en DeQueen fue --como de hecho había sido toda su carrera escolar hasta entonces-- un tanto gris, monótono y mediocre. “Y es que el obtener buenas calificaciones era algo que para mí, no tenía mucha importancia”, comentó.

El problema no era que Miguel no pudiese obtener buenas calificaciones, ya que era bastante listo. El problema era más bien que no sentía ninguna motivación para obtener buenos grados. Su actitud hacia sus materias escolares era una de indiferencia. “Como que me daba igual. En la primaria, en la secundaria y aún la prepa pensaba que debía tratar de obtener buenas calificaciones para que mis padres estuvieses orgullosos,... pero era un sentimiento que nunca duraba mucho. O sea, me motivaba por un rato, pero luego se desvanecía, y volvía a predominar dentro de mí ese sentimiento de indiferencia”, explicó.

Casi todos sus maestros en la prepa enviaban notas a sus padres, junto con sus boletas de calificaciones, expresando que ellos sabían que Miguel era inteligente, pero que era también muy flojo, y que no se aplicaba, y que por eso no obtenía mejores calificaciones.

Y con esa actitud indiferente hacia la escuela y hacia su futuro, Miguel prosiguió en la preparatoria, con un promedio de entre ‘7’ y ‘8’ en sus calificaciones. Y así, con ese promedio, se graduó.

Enseguida, Miguel comenzó a tomar clases en Cossatot Community College (ofrece cursos equivalentes a los dos primeros años de universidad, o bien para carreras técnicas cortas de 2 años), de donde se graduó con un A.A. (‘Associate of Artes’ (certificado de ‘Asociado de Artes’) en el 2009

Después de eso, Miguel empezó a laborar --por espacio de tres años-- en diversos trabajos, incluyendo: como ‘deshuesador’ en una planta procesadora y empacadora de carne de pollo; como empleado general de un pequeño gimnasio privado; y asimismo, fungiendo como guardia en la cárcel del condado de Sevier. Miguel dice que aún cuando ninguno de estos empleos le satisfacían, y de hecho, hasta le aburrían, tenía la firme intención de seguir trabajando, y hasta pensaba que aburrirse en el trabajo era algo normal. “La verdad es que de niño yo tenía el gran sueño, de algún día convertirme en astronauta. Pero con el paso del tiempo como que esos sueños de lograr hacer algo grandioso cuando adulto, como que se van apagando. Como que va uno cayendo en la cuenta de que son puras fantasías. Como que empieza uno a decirse: ‘Nunca voy a lograr ser astronauta. Nunca voy a viajar al espacio. Jamás voy a lograr convertir en realidad mi gran sueño’. Y como que se va uno conformando con ser menos... Eso fue precisamente lo que me pasó a mí”. Y por ende, Miguel no tenía ambiciones de conseguir un trabajo emocionalmente satisfizante. Así pues, se conformaría con trabajar por un salario que le permitiese vivir al día; sobreviviendo, sí, pero hasta ahí. Sin lujos, y sin muchas posibilidades de progresar. Y 25 o 30 años después de seguir así, de día a día, tal vez hasta podría jubilarse y, si acaso le acompañaba la suerte, hasta contaría con su propia casa pequeña y humilde, sí, pero al fin suya,... y hasta ahí. Sin sueños, sin muchas aspiraciones, sin muchas esperanzas. Pero, ¿qué se le iba a hacer? ... Después de todo, así es la vida. ¿O no?

El Súbito Cambio

Y luego sucedió lo inesperado. El 24 de febrero del 2012 cambió la vida a Miguel Álvarez. Ese día, conducía una camioneta de su padre camino al trabajo. De pronto, tuvo que virar el volante bruscamente para evitar arrollar a un perro que se encontraba en mitad de la carretera en una cerrada curva. El repentino giro provocó que el vehículo se saliera del camino y diera una voltereta en el aire, y terminara semi-hundido en un canal de irrigación al lado de la carretera.

Aún\ cuando Miguel salió ileso del percance, el accidente le causo cierto sobresalto, y le hizo reflexionar sobre su vida. Al ver algunas fotos del vehículo averiado Miguel se dio cuenta de cuán cercano estuvo su roce con la muerte. Poco tiempo después, escuchando la radio la estación repitió un discurso pronunciado por el entonces recientemente fallecido Steve Jobs (5 de octubre del 2011), el famoso líder de la multinacional “Apple Computer”.

“Aún hoy en día sigo teniendo muy claramente en mi memoria una parte de ese discurso que me impresionó muchísimo. Es la parte en la Steve Jobs expresa que siempre hay que recordar que uno va a morir. Dijo que eso era muy importante, ‘porque recordando que vas a morir es la mejor manera de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. De cualquier forma, ya estás desnudo. Entonces, no hay ninguna razón para no hacerle caso a lo que te está diciendo tu corazón’”, detalló Miguel.

Y fue entonces que Miguel se decidió a empezar a seguir los llamados de su corazón, a soñar otra vez, y a aspirar a algo más en la vida. Y así, con tan sólo $100 en la bolsa, se mudó a Little Rock y de inmediato se inscribió en la Universidad de Arkansas en Little Rock (UALR) en julio del 2012, con el propósito de perseguir su sueño de convertirse en Ingeniero Mecánico.

Y ese primer año en UALR fue bastante difícil, y no sólo en lo académico, sino también en lo económico. Para poder seguir en la universidad, Miguel tuvo que solicitar préstamos, y además conseguir un empleo de medio tiempo y aceptar el pequeño otorgamiento que había conseguido a través de solicitudes. Como estudiante latino, Miguel está elegible para recibir algunos otorgamientos de fondos ofrecidos por diversos organismos, incluyendo los tres niveles de gobierno y algunas organizaciones no-lucrativas. Y él ha aprovechado estos otorgamientos, gracias a su nueva actitud de perseguir sus sueños y continuar sus estudios universitarios, incluyendo el continuar enviando solicitudes por escrito a organizaciones en busca de becas y/o otorgamientos académicos.

Y su persistencia en continuar con sus estudios universitarios ha pagado con creces. Hoy en día Miguel forma parte de la “Lista del Decano” en UALR (lista de estudiantes destacados que tienen que mantener un promedio elevado de calificaciones cada semestre). Él mantiene, a la fecha, un promedio de 3.7 en sus calificaciones, dentro de un posible máximo de 4.0. Es decir, en un escala de 10, el equivalente a un 9 o 9.5 en sus calificaciones.

Miguel dice que a él en lo personal no le gusta la idea de tener que seguir pidiendo préstamos para continuar con sus estudios académicos. Por lo tanto, asistió a un taller ofrecido por la Oficina de Vida Estudiantil (Office of Campus Life) de UALR, que enseña a los estudiantes de étnias minoritarias cómo acceder a becas tanto privadas como públicas. Después de aprender esto en el taller, Miguel elaboró varias solicitudes para becas, y consiguió un par de ellas, incluyendo una de $1,000 (mil) otorgada por LULAC (Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos), misma que ofrece la posibilidad de que UALR la iguale, para un total de $2 mil.

Y a partir de febrero de este año, Miguel consiguió que la corporación multinacional “Caterpillar Inc.”, una empresa líder en la fabricación de maquinaria y motores, lo aceptara para una pasantía de Ingeniero de Calidad en la planta ubicada cerca del aeropuerto de Little Rock, donde aparte de pagarle un buen sueldo, la empresa le está permitiendo aprender, sobre la marcha, y en un ambiente-de-mundo-real, cómo aplicar las teorías que está estudiando en la universidad.

Miguel dice que no deja de sorprenderle “lo rápido que está convirtiéndose en realidad todo lo que he soñado. Es casi increíble todo lo que he logrado en sólo 9 meses de verdaderamente dedicarme, en cuerpo y alma, a tratar de conseguir las metas que me he fijado a partir de aquel día en febrero del 2012”.

Y sus recientes éxitos han servido para incrementar sus deseos de obtener más en la vida, de lograr más y, por supuesto, de soñar más. “Me he dado cuenta que para que la cosa funcione, uno tiene que hacerlo por uno mismo, algo que uno verdaderamente desea. Creo que se podría decir que uno tiene que tener ‘hambre’ por algo. Es algo así como un deseo que nace en el interior de uno y va creciendo, y cobrando mayor fuerza, hasta que es tan intenso que uno no tiene más remedio que hacer todo lo que esté de parte de uno para convertir en realidad ese deseo, ese sueño. Por eso hoy en día creo firmemente que uno debe siempre soñar en cosas mejores, y que uno nunca debe dejar a un lado sus sueños de una vida mejor. Jamás hay que rendirse y dejar de perseguir sus sueños, de eso estoy absolutamente convencido”.

 

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