¿Somos una democracia o una república?
Por Michel Leidermann

Numerosos estudios y encuestas indican que los estadounidenses carecen de los conocimientos básicos sobre nuestra historia y forma de gobierno.

Con el tiempo, la semántica y la falta de atención han hecho que utilicemos algunas palabras y conceptos demasiado libremente.

Por ejemplo, aunque muchas personas se refieren a este país como una democracia, la palabra “democracia “ no aparece en ninguna parte de la Constitución. Esto se debe a que no somos una democracia, y nuestros padres fundadores estipularon claramente que nunca debemos serlo.

El simple hecho es que somos una república constitucional, no una democracia. No es correcto utilizar los dos términos indistintamente. La fuente de la autoridad y el tratamiento de las minorías, son bastante diferentes para estas dos formas de gobierno.

En una democracia, se siguen las reglas de la mayoría, lo que significa que no hay protección para los derechos de las minorías. Cualquiera que sea la mayoría, esta establece las reglas del día. Una república, por el contrario, es el gobierno de la ley, y la ley puede proteger a las minorías de la tiranía de la mayoría.

En una democracia, la gente tiene el poder de gobernar directamente. Los ejemplos de democracia en acción en este país, incluyen la iniciativa y el referéndum, donde el pueblo vota directamente sobre cuestiones específicas. Naturalmente, no sería práctico tratar de gobernar a todo un país si la gente tiene que votar directamente sobre cada uno y todos los temas.

En una democracia, la gente se reúne y ejerce el gobierno en persona. En una república, la gente se reúne y administra a través de sus representantes y agentes electos que interpretan la voluntad de los electores y que gobiernan de acuerdo a la ley.

En otro ejemplo, cuando recitamos el Juramento de Lealtad a la Bandera, prometemos lealtad a una república, no a una democracia.

Debemos entender claramente la diferencia entre estas dos palabras.

 

La lucha por la inmigración

Llegó el momento de emplear el sentido común y aprobar la reforma integral de la inmigración. Durante demasiado tiempo, millones de indocumentados han vivido con el temor de que sus vidas fueran acabadas, sus familias destrozadas, y sus sueños de una vida mejor en Estados Unidos, aplastados.

Durante demasiado tiempo, han estado sometidos a los bajos salarios, agotadoras horas y abusos en el trabajo. Hay que reparar nuestro quebrantado sistema inmigratorio con un plan que termine su angustia, y ponga el Sueño Americano a su alcance.

A lo largo de nuestra historia, la inmigración sólo ha hecho que nuestra nación sea más fuerte. Tenemos que seguir dando la bienvenida a los que están dispuestos a trabajar duro y a jurar lealtad a nuestra bandera.

Para que la reforma de inmigración funcione, debe quedar claro desde el inicio, que incluye un camino a la ciudadanía. Tenemos que trazar un camino que incluya una verificación de antecedentes, pagar impuestos debidos, pagar una multa, aprender inglés, y luego ponerse en la fila detrás de todas las demás personas que están tratando inmigrar legalmente. Eso es justo.

Creo en la promesa de Estados Unidos sobre la igualdad de oportunidades para todos y sin privilegios especiales para nadie.

Los Estados Unidos es una nación de valores, fundada en la idea de que todas las personas son iguales y que todas las personas tienen derechos, no importa de dónde vienen o qué aspecto tienen.

Nuestras leyes de inmigración deben reflejar nuestro compromiso con estos valores.

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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