El problema no es espiar, sino que te pillen...
Por Michel Leidermann

Que las prácticas de espionaje y servicios de inteligencia son parte de una guerra de baja intensidad es un hecho bastante trivial, pero que ahora son aplicados a los países “amigos” y/o “aliados” resulta un tanto extraño y poco admisible en un mundo lleno de cooperación, integración y frentes comunes para diluir todo tipo de amenazas globales.

En la era moderna no importa el hecho (espionaje), sino su interpretación y asentamiento en la opinión pública (escándalo) y los significados posibles y lo que ellos podrían provocar. Todos sabemos de espionaje, pero cuando esto se descubre, la opinión pública hace que el hecho tome dimensiones de algo escandaloso. 

Todos los esquemas de espionaje, vigilancia, control y/o intimidación se desarrollan mediante estrictos patrones de secretos, códigos, infiltración, robo de información, apropiación casi siempre ilegal de base de datos, etc., en donde es bastante fácil aplicar el famoso lema: ‘cada quien para sí mismo, Dios contra todos’. Pero resulta cada vez más evidente que a los amigos no se les espía bajo la escusa de la lucha antiterrorista, sino para conseguir ventajas económicas desleales en el mercado global.

A veces, una buena manera de sacar conclusiones es plantear preguntas incómodas: ¿Son los denunciantes Assange, Manning, Snowden (la lista no terminará aquí) jinetes solitarios, portadores de una virulenta y malévola práctica ciber terrorista, o más bien se trata de una disidencia subversiva denunciando los excesos de un sistema de control corrosivo del capitalismo digital que pone en evidencia la decadencia de nuestras sociedades?

 

Nosotros somos los culpables  

Me  parece que no hay razón para continuar discutiendo todas las razones por las que el actual Congreso esté en tan baja estima.

Su incapacidad para realizar su trabajo, es evidente. Todas las encuestas muestran un índice de aprobación de sólo alrededor de 10%, lo que significa que el 90% de nosotros somos finalmente conscientes que hemos permitido a la política tomar control de Washington.

El Congreso debería aprobar una ley que restringe el tiempo que un miembro del Congreso puede permanecer en el cargo, pero eso no va a suceder. 

Tal vez podríamos simplificar el proceso para la destitución de los representantes electos al Congreso que optan por hacer caso omiso de sus promesas de campaña haciéndolo un proceso rápido, pero eso tampoco va a pasar.

No, la única posibilidad real que tenemos es la de votar en 2014, 2016 y 2018, y sacar a todos los actuales  titulares en el Congreso.

Estoy de acuerdo en que debe haber algunos miembros del Congreso que tienen sus mentes y corazones en el lugar correcto, pero no tienen el suficiente coraje para luchar contra un sistema corrupto y roto, por lo que también no deben reelegirse.

Pero no todos van a ser sacados, no todos ellos. Todos vamos a estar indignados, mortificados, y decididos a hacer lo correcto. Pero luego, el día de las elecciones, la mayoría de nosotros va a decidir (en el último momento) que el legislador por el cual votamos en el pasado es uno de los buenos y lo elegiremos de nuevo.

Durante los últimos 50 años, el Congreso se ha salido con la suya porque lo dejamos. 

 

LO DIJO NAPOLEÓN BONAPARTE:

Cuando el dinero de un gobierno depende de los banqueros, son estos últimos y no los líderes del gobierno, quienes tienen el control. El dinero no tiene patria, los financistas no tienen patriotismo ni decencia: su único objetivo es la ganancia.

 

Edición de esta semana
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Nuevas técnicas han permitido las cirugías mínimamente invasivas y tiempos de recuperación mucho más cortos para cientos de pacientes que han sido sometidos al reemplazo de la válvula aortica del corazón por vía de un catéter (cirugía percutánea a través de la piel) en lugar de las mayores cirugías de corazón abierto.    / ver más /
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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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