¿Y la reforma migratoria?
Por Michel Leidermann

Cuando involucrarse con temas que no les da la exposición deseada, a  los legisladores se les llena la boca hablando de la “reforma migratoria” sin que en realidad les interese.

En la actualidad con un Congreso profundamente dividido que llega hasta la enemistad y un partido republicano desunido a su vez por presiones de sus miembros más radicales, no veo como puede esperarse una reforma migratoria en lo poco que queda de este año, ni tampoco en 2014 porque es año de elecciones. Veremos a muchos candidatos prometer una vez más su apoyo a una reforma migratoria, especialmente en estados con un gran número de votantes latinos pero la realidad es que no creo en su preocupación.

Es cierto que en los últimos 20 años hemos avanzado en el campo migratorio. Hemos venido de un rechazo total a ya casi admitir que la reforma migratoria es necesaria. Claro, persiste una serie de “peros” de parte de los opositores que buscan una escusa elegante al “no”.

Y cuando en febrero 2014 el Congreso vuelva a mostrar su incapacidad e inoperatividad y se produzca un nuevo cierre del gobierno, eso les permitirá opinar y destacar que la reforma no es prioritaria.

La verdad es que muchos en el Congreso no entienden ni quieren entender el alcance, y la conveniencia de hacer algo para corregir la disparatada situación de millones de inmigrantes que viven en EEUU pero que legalmente “no existen”. La inmigración implica una inmensa variedad de problemas, que hay que jerarquizar para buscarles solución. 

El primero es dejar de objetar la porosidad de la frontera. Nunca dejará de haber quienes la crucen sin permiso; muro, río y vigilancia adicional son obstáculos que solo han aumentado las “cuotas” de los polleros y agentes corruptos a ambos lados de la frontera. Si el que ya no haya cruces ilegales es una condición indispensable para una nueva ley migratoria, nunca la habrá. El fenómeno social de la migración podrá reducirse, pero nunca eliminarse.

El segundo con o sin nueva ley, es el de los “indocumentados” o “Dreamers” que fueron traídos de niños a este país por sus padres, han vivido aquí toda su vida y esta es su patria.

El tercero son los indocumentados que han formado familias aquí y que tienen hijos estadounidenses. Cuando alguno de esos padres es deportado, desgarramos los lazos familiares y convertimos a sus hijos americanos en huérfanos. Cuando menos, hasta que haya un cambio en la ley, no debemos deportar a esos padres.

Hay problemas adicionales que habrá que resolver pero los legisladores deberían analizarlas a fondo y proponer soluciones sensatas en el corto plazo. 

El no hacer nada parece ser la forma de sacarle el cuerpo a este serio problema social, humano y económico, y los legisladores en Washington DC son expertos en eso…

 

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