Cómo Estados Unidos ha cambiado
Por Michel Leidermann

Los estadounidenses siempre han tenido sus diferencias y desacuerdos, pero rara vez están más polarizados que hoy en día. El presidente Barack Obama está en su índice más bajo de aprobación que nunca, un 39%. Aún así, se clasifica más alto que el Partido Republicano que es visto favorablemente por el 28% de los estadounidenses o el Congreso con sólo el 10 % de aprobación.

En 1958, cuando una encuesta pública preguntó si se confiaba que el gobierno federal haría lo correcto, la mayoría, el 73% de los estadounidenses, dijeron que si. Hoy la cifra es de apenas 19 %.

Cuando el presidente Kennedy preguntó a sus conciudadanos lo qué ellos podían hacer por su país, la gente lo tomó en serio. Los líderes políticos actuales ya no hacen esas preguntas porque saben qué clase de respuesta negativa obtendrían.

¿Qué era tan diferente en esa época? Una razón era la presunción generalizada de que el gobierno era capaz de superar los grandes retos, y su experiencia reciente era precisamente esa.

Los estadounidenses en 1963 también tuvieron un incentivo convincente para la unidad: la amenaza de un enemigo con armas nucleares. La Guerra Fría se había prolongado durante más de dos décadas, y la amenaza soviética parecía estar creciendo más formidable todo el tiempo. En 1962, las grandes potencias habían llegado al borde de la guerra nuclear sobre los misiles en Cuba. Pero Kennedy inspiró esperanza. 

Había otra razón para que el público se inclinara a poner su confianza en el gobierno federal: el gobierno gobernaba mucho menos que en la actualidad. La burocracia de Washington no tenía Departamentos (ministerios) dedicados a la energía, la educación, la vivienda y el desarrollo urbano, transporte, asuntos de veteranos o de seguridad nacional.

Lo que sucedió en los años después de la muerte de Kennedy, fue una serie de calamidades que extendieron la agitación y la paranoia. El crimen se disparó. Los disturbios devastaron ciudades. Más asesinatos tuvieron lugar. En Vietnam, el país se hundió en una larga y sangrienta guerra que encendió las protestas masivas y la agitación universitaria. El escándalo Watergate del presidente Nixon expuso un mandatario paranoico empeñado en alterar la Constitución. Estalló una crisis energética. Y la inflación subió y subió.

Al recordar el 50 aniversario del triste e impactante asesinato de Kennedy, los estadounidenses podrían preguntarse por qué no tenemos ahora líderes con la capacidad de Kennedy, para inspirarnos y motivarnos. La respuesta no radica tanto en nuestros líderes, como en nosotros mismos. ¡Elegimos a la gente equivocada!

 

La verdad

Cuidado de la salud y asequible, escritos en una misma frase, es una contradicción. La razón por la que muchas personas en los Estados Unidos no tienen seguro de salud es que no pueden costearlo. Las personas no pueden pagarlo, las empresas no pueden darse ese lujo y el gobierno que está en la bancarrota no lo puede financiar.

El problema con la atención de la salud, es que no está al alcance de todos y parece que nuestro gobierno no va a hacer frente a este hecho, encarándose a los sindicatos de médicos, las asociaciones hospitalarias, y las corporaciones farmacéuticas, que son las que encarecen el sistema. 

El mejor, más rico y más poderoso país del mundo tiene un sistema educativo fallido y no tiene un sistema de salud para todos. ¿Mejor en qué?

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par Michel Leidermann
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