La visita a un preso
Por Sara Mullally

Todo el mundo debiera tomarse el tiempo para visitar a alguien en la cárcel, o un centro de detención. La experiencia es muy reveladora y modificará sus suposiciones. Tal vez usted ya experimentó esa sensación. Si no lo ha hecho, usted podría visitar a alguien que usted conoce o conectarse con los grupos que visitan a los presos que aceptan recibir la visita de un extraño. Yo participo en un programa de visitas organizado por la Conferencia Interreligiosa de Arkansas y el Centro de Recursos para Inmigrantes El Zócalo, donde el único objetivo es proporcionar una visita amistosa a un inmigrante en la cárcel, una visita que ofrece la oportunidad de construir una relación que trasciende las paredes de cemento y las ventanas con barrotes.

En particular los inmigrantes detenidos, a menudo no tienen visitantes por alguna razón. Sus familias, si son indocumentadas temen tener que presentar una identificación para entrar a la cárcel, o puede ser peligroso o difícil para ellos llegar hasta la cárcel, y algunos detenidos simplemente no tienen familia cerca.

Los inmigrantes indocumentados pueden ser detenidos por algo tan insignificante como una parada de tráfico, y muchos son trasladados varias veces mientras esperan su audiencia o la deportación. Mientras que son enviados a instalaciones de detención que pueden ser deplorables y deshumanizantes, sus familias se preguntán en cual rincón del Estado o del país van a parar sus seres queridos, por lo que los sentimientos de aislamiento y de frustración aumentan para todos los involucrados.

Los detenidos dicen que las visitas les ayudan a sobrevivir estas tribulaciones. Alivia algunas de sus preocupaciones y les ayuda a sentirse como si fueran humanos otra vez y no sólo un número. Y como visitantes, también ganamos mucho. Nos sentimos agradecidos porque nos conectamos con personas que nos inspiran con su perseverancia y su fortaleza.

A través del contacto con estas almas olvidadas, nuestros puntos de vista sobre la inmigración y la justicia penal son sacudidos por lo que le sucede a estas personas reales que llegamos a conocer. Después de visitar a alguien en detención, no se puede seguir contemplando a nuestra sociedad con los mismos ojos ingenuos.

Es realmente una experiencia transformadora el conocer a gente casi sin voz en sus momentos de crisis y ver cómo nuestras políticas gubernamentales afectan a niños, amigos, familias y comunidades. Las políticas arbitrarias adquieren un tono muy diferente a los ojos de un recluso arrinconado e invisible de la vista del público.

Para participar en el programa en la cárcel del Condado de Pulaski, los “visitantes” deben tener una identificación estatal válida, completar un entrenamiento de aproximadamente una hora y visitar la cárcel por lo menos una vez al mes. Las visitas no cuentan como visita familiar, ni es necesario aparecer en la lista de visitantes del detenido, ni necesitan hacer una cita ya que hay un arreglo especial con la cárcel, similar al de los clérigos. Estas visitas son puramente amistosas y para elevar la moral del encarcelado y sin ningún alcance evangélico. El movimiento cuenta en estos momentos con una docena de visitantes de todo tipo, desde alumnos a jubilados. Se puede visitar a cualquier preso, sin importar el idioma o su país de origen.

Alguien detenido en la cárcel de Pulaski que desea una visita de voluntarios necesita dar su nombre a El Zócalo, cuya misión es trabajar en solidaridad con los inmigrantes para que tengan una vida digna en Arkansas. 

 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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