Envejeciendo
Por Michel Leidermann

No es fácil, hablar de verdades tristes que no nos gusta oír. Se nos olvida que cada día que pasa es un día que tenemos que sumar a nuestra edad, y que este agregado se vuelve más dramático entre más edad se tiene.

Si nos ponemos a pensar que tarde o temprano todos vamos a necesitar apoyos cuando la edad nos lo demande, es verdaderamente trágico nunca prepararse para esa eventualidad sino solo reaccionar ante los hechos.

¿Qué es lo que pasa con los viejos en el mundo? Con sorpresa aprendemos que entre más primitiva una tribu, más cuidado tiene con sus ancianos, y entre más civilizados pensamos que somos, procuramos que existan instituciones que puedan hacerse cargo de ellos sin que en realidad estemos directamente involucrados.

Por supuesto, nada tiene que ver con la riqueza de los países sino con su manera de ver la vida y la importancia que se da a los ancianos.

En el caso de los EEUU y de los países más desarrollados, las personas pasan por una época de preparación (escuelas, universidades, etc.), un periodo de iniciación profesional, y uno de realización cuando llegamos a la cima de lo que nosotros pensábamos poder lograr en esta vida.

Nos olvidamos que estando en la cima no hay más camino que para abajo y no nos preparamos para que esa “bajada” se viva con gran intensidad. Por supuesto que se reduce la capacidad física de hacer cosas, pero la capacidad intelectual no tiene porque disminuir al mismo ritmo, y no debiera perderse el deseo de participar activamente en la vida que nos queda.

Por otro lado, vemos a nuestros hijos o nietos que están en el mismo camino ascendente en el que estuvimos nosotros años atrás, sin que podamos o queramos hacerles ver que tienen que cuidar la parte final de su vida, desarrollando una cierta madurez y actitud que les va ayudar en esa etapa.

Es interesante recordar que hace ya tiempo quienes manejaban la política y los gobiernos no eran los jóvenes, sino los ancianos, que por el mismo paso de los años podían ver los problemas desde un punto de vista totalmente distinto. En tiempo de los romanos y de los griegos, los senadores (de senil) eran las personas de más edad que no se dejaban arrastrar por las pasiones de algún momento, sino que gobernaban de alguna forma serenamente y con paz.

Sé que es difícil, pero debe haber alguna forma en que los ancianos puedan vivir sus últimos años alegremente y morir en tranquilidad y paz, cosa que actualmente no sucede porque en muchos casos no se sabe qué hacer con ellos. Si bien es deprimente para el espectador, también es triste y deprimente para quien vive esa impotencia y esa soledad que se agrava cada día que pasa. El interés que los demás tienen para con los ancianos, cambia cuando estos más envejecen.

Sin cambiar la naturaleza de los hombres, podemos modificar y moldear nuestra actitud ante la vida para que la vejez sea mejor y prepararnos para que ella sea otra etapa de nuestra vida y no se necesariamente absolutamente la “final”.

Pienso que es vital en la etapa final de cada una de nuestras vidas estar lleno de amor y cariño que cultivamos a través de los años. Pero el cariño se siembra y desarrolla, no hay dinero que lo compre.

 

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