¿Dupla presidencial Clinton-Castro para 2016?
Por Michel Leidermann

Despegó la campaña electoral 2016—aunque las elecciones de 2014 todavía no llegaron— y comenzó la especulación de posibles candidatos, los sondeos sobre los favoritos y repelidos, y se redimen estrategias y promesas para comenzar a atraer a los votantes, particularmente a aquellos con quienes hay deudas políticas pendientes.

El pasado fin de semana se reportó que el presidente Obama nominaría al alcalde de San Antonio, Julián Castro, como Secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD), y no hay que ser un genio para leer entre líneas. Castro es uno de los nombres más sonados para ser compañero de fórmula de Hillary Clinton, si ella lanzara su candidatura y obtuviera la nominación presidencial demócrata en el 2016.

Al joven político latino, que pronunció el discurso de fondo en la Convención Nacional Demócrata en Charlotte, Carolina del Norte, en 2012, no le vendría mal ganar más experiencia a nivel nacional.

Son varias las precampañas electorales donde han circulado nombres latinos como “estrellas ascendentes” y potenciales “vices” a la presidencia.

Uno fue el ex gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, el que más circuló con diferentes candidatos, desde Al Gore en 2000 a John Kerry en 2004.

Por el bando republicano, el senador de Florida, Marco Rubio, sonó en 2008 con el nominado republicano, Mitt Romney.

Muchos no descartan que Rubio siga figurando como vice en las listas republicanas al igual que los gobernadores de Nuevo México, Susana Martínez, y de Nevada, Brian Sandoval.

Los “vices” se usan para atraer a votantes de cierto género, edad, escala laboral. Incluso balancean la dupla en términos de personalidad y conexión con el público.

En el caso de los demócratas, la primaria demócrata de 2008 entre Clinton y Obama puso a prueba al voto latino. Obama ganó a pesar del historial de los Clinton con la comunidad latina.

Y aunque entonces Hillary Clinton se pronunció a favor de un plan de reforma migratoria que aseguró presentaría en los primeros 100 días de su administración, las enfáticas promesas de Obama impresionaron más a los electores latinos que, junto a otros sectores, como mujeres y jóvenes, lo catapultaron a la presidencia.

Clinton decía que los votantes deben entender la diferencia entre una persona que “habla mucho y otra que logra las cosas”. Obama prometió esperanza y cambio, pero en materia migratoria el cambio no ha llegado.

Los republicanos parecen firmes en no considerar proyectos migratorios este año, ni siquiera un proyecto de ley ENLIST Act, para legalizar a jóvenes que sirvan en las Fuerzas Armadas.

Pero a dos años de las elecciones generales, sin reforma y con un récord de deportaciones, los demócratas tienen que ir más allá de condenar el bloqueo republicano si pretenden entusiasmar a los votantes latinos, sobre todo a los jóvenes afectados directa o indirectamente por la crisis de las deportaciones.

La anunciada potencial nominación de Castro a HUD y su preparación para la plataforma nacional, parece ser parte de ese plan. 

No hay que dejar nada a la suerte, pues siempre existe la posibilidad de que, a pesar del desastroso récord republicano con los latinos, aparezca un candidato capaz de apelar a nuestra comunidad (Jeb Bush, casado con mexicana, por ejemplo) y que, con promesas de cambio y reforma, trate de explotar el desencanto de muchos latinos con los demócratas. 

Después de todo, esa promesa ya fue usada y se le atribuyó el triunfo de Obama, aunque la reforma migratoria sigue siendo la deuda pendiente.

 

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