El castellano, ¿un idioma ilegal?
Por Luis Fernando Restrepo
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Las recientes marchas en pro de una reforma de las leyes de inmigración han puesto el dedo en una vieja llaga de la cultura norteamericana, el racismo. El castellano se ha convertido en su síntoma. Hoy día, el idioma de Cervantes se considera una lengua ilegal que debe ser erradicada inmediatamente para proteger los valores de esta nación.
Recientemente, por ejemplo, el senado estadounidense aprobó una enmienda al proyecto de ley número S2611 sobre la inmigración que declaraba al inglés como el idioma nacional. Los objetivos de la enmienda eran para promover la unidad ciudadana y para ahorrar en los costos de traducción de documentos oficiales. La proclamación de un idioma nacional único es un asunto que merece ser debatido públicamente y quizás requeriría un plebiscito. El hecho de que se haya propuesto la adopción de una lengua oficial como parte de una debatida legislación inmigratoria deja mucho que pensar de las verdaderas intenciones de dicha propuesta.
Lo que está en juego son los derechos individuales y colectivos de una población estadounidense pluricultural y multilingüe, para gran parte de la cual el inglés es tan sólo una de sus lenguas nativas. El bilingüismo existe y no es una maldición. ¿Cuáles serán las consecuencias de esta declaración del idioma oficial? ¿Acaso abrirá las puertas a la persecución de los idiomas ‘no oficiales’ y sus respectivas culturas? ¿Podremos incluso esperar la creación de una migra para vigilar las fronteras de la lengua?
Históricamente, la idea de una nación unificada por una lengua y una cultura ha sido una de las ideologías más violentas de la era moderna. Tras la independencia, las repúblicas americanas emprendieron numerosas campañas de exterminio de indígenas. Esto sucedió en EUA tanto como en México, Argentina, Colombia y muchos otros países del continente. En EUA, hasta entrado el siglo XX, los niños indígenas eran secuestrados de sus familias e internados en escuelas en el estado de Pensilvania, donde se les castigaba por hablar en su idioma “salvaje”. ¿Será que estamos regresando a tales tiempos infames?
Para mí y quizás para muchos otros latinos que vivimos en este país, es difícil no ver estas iniciativas de una lengua oficial como velados ataques contra nuestra lengua. Leyes de tal calaña son con frecuencia racistas o xenofóbicas y en todo caso, discriminatorias (según el artículo 2o. de la Declaración Universal de los Derechos Humanos). ¿Cuál es nuestra respuesta a este ataque? Así como se afirmó años antes cuando varios estados (Arkansas entre ellos) comenzaron a declarar el inglés como el idioma oficial, los latinos no estamos contra el inglés, sino a favor del bilingüismo: Inglés y español, chino, japonés, navajo, yaqui y muchos idiomas más. ¿Será preciso recordarles a los gobernantes que existen hasta el día de hoy cientos de lenguas indígenas en este continente? El no respetar estos idiomas nos pone a la par de los conquistadores.
Con seguridad, una sociedad multicultural y multilingüe puede ser una pesadilla para aquellos que quieren que todos marchen al mismo ritmo. Por su eficacia económica e ideológica, el monolingüismo es generalmente preferido por los regímenes autoritarios. En España, por ejemplo, el dictador Francisco Franco quiso imponer el castellano en la península, donde también se habla catalán, vasco y otros idiomas. Pero la represión no garantiza ningún éxito. Cuarenta años de una férrea dictadura no lograron erradicar completamente las otras lenguas de España.
Hoy día, las demandas para que los inmigrantes a los Estados Unidos aprendan inglés parecen estar dirigidas específicamente a los latinos. Para muchos, parece que los ‘ilegales’ son los responsables de la proliferación de este idioma que está deteriorando la unidad nacional. Creen que con el duro peso de la ley pueden detener la infiltración y propagación de ese idioma “tercermundista”. No reconocen que el español ha estado aquí desde el siglo XVI y que es ahora la segunda lengua de este país. Pareciera que fueran incapaces de aceptar que el castellano puede aportar algo a este país.
Para muchos es difícil admitir que el castellano está cambiando a los Estados Unidos. Nuestra lengua les presenta retos sin precedentes. Pero, sin duda, también abre inmensas posibilidades. Verán que antes que perder, las futuras generaciones de estadounidenses podrán aprender de una lengua que cumple ya un milenio de existencia y es hoy el segundo idioma del mundo.
Pensamos que la importancia del español en este país, en el pasado tanto como en el presente y el futuro, merece más reconocimiento. No es justo que la presencia del castellano en este país se quiera definir subrepticiamente entre los vericuetos de una legislación inmigratoria. Eso es pura politiquería cortoplacista. ¿Acaso no se dan cuenta que si este es en verdad un país libre, ni siquiera el presidente puede decidir lo que puede o no expresarse en castellano? (como lo hizo al rechazar la versión castellana del himno nacional).
Aunque el inglés es aparentemente el idioma de los negocios y la tecnología, el castellano está abriendo muchas puertas a los Estados Unidos. El español está creando vínculos entre los diferentes pueblos de las Américas más estrechos aún que los tratados de libre comercio. Desde la Patagonia hasta Alaska, viene surgiendo una comunidad de alcance continental unida por un mismo idioma (que no pretende imponerse como el único idioma). Un idioma que nos hermana a todos y nos fuerza a reconocer las marcadas desigualdades sociales que dividen el continente. Un idioma que nos permite ver más allá de las fronteras de este país para darnos cuenta que la inmigración es un proceso global que aunque nos presenta múltiples retos, también nos abre innumerables posibilidades.
Pero parece que ya ni nos quisieran dejar soñar en castellano. Aquellos que desean que dejemos nuestra lengua, ¿podrán entender que afirmar nuestro idioma no significa un ataque contra el inglés ni un ataque a ellos? Del otro lado de la moneda, ¿no se darán cuenta que el país monolingüe que intenta crear la declaración de un idioma nacional es en última instancia un rechazo de nuestra lengua y de nosotros tal como somos y deseamos ser?

NOTA: una versión anterior de este ensayo fue publicada en inglés en el Arkansas Democrat Gazette el 30 de mayo, 2006, bajo el título de “Language and Racism” Luis Fernando Restrepo, colombiano, es Profesor de Estudios Latino Americanos, y Director del programa de literatura comparativa, del Departamento de idiomas extranjeros de la Universidad de Arkansas en Fayetteville
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comentario
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Quiero reconocer y aplaudir especialmente a los educadores en ocasión de celebrarse la Semana de Agradecimiento a los Maestros (del 7 al 11 de mayo). Hay innumerables situaciones en las que los gobiernos estatales trampean a los maestros con recursos insuficientes y como cabeza de turcos por las fallas educativas que los EE.UU. están sufriendo hace muchos años, demasiados, degradando y desgastando a los maestros que dedican sus vidas a educar a la próxima generación.   / ver más /