UNA OFENSIVA DEL NARCO PONE EN JAQUE AL CORAZÓN DE MÉXICO
UN ATAQUE EL VIERNES 1 DE MAYO CAUSA TERROR EN JALISCO, BLOQUEA GUADALAJARA Y PUERTO VALLARTA Y DERRIBA UN HELICÓPTERO MILITAR
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El narco ha vuelto a poner en jaque a México. Esta vez ha sido en Jalisco, el cuarto Estado del país en población y riqueza, y de la mano de la última criatura surgida del infierno criminal: el cártel Jalisco-Nueva Generación. 

En una ofensiva desatada supuestamente en respuesta a la detención de 10 de sus miembros, la organización cortó accesos a las principales ciudades, incluida la capital, Guadalajara, atacó a las fuerzas de seguridad y sembró el caos ahí por donde pasó. La vertiginosa escalada, que acabó con siete muertos y 19 heridos, representa un desafío al propio presidente Enrique Peña Nieto, que ha situado Jalisco como una de las zonas prioritarias de su estrategia de seguridad, junto a Michoacán, Guerrero y Tamaulipas.

Con decenas de efectivos desplegados estratégicamente, el cártel se hizo presente en las carreteras y avenidas principales bloqueando 39 puntos mediante coches y autobuses incendiados. Mientras miles de personas huían de los focos de tensión, atacó bancos, gasolineras y tiendas, mantuvo cuatro enfrentamientos directos con las fuerzas de seguridad y hasta derribó un helicóptero militar, con 18 personas a bordo, causando la muerte de tres soldados y 12 heridos.

La ofensiva, que trajo a la memoria las jornadas más feroces de la narcoguerra, puso contra las cuerdas a 25 municipios, entre ellos la capital, Guadalajara, con casi un millón y medio de habitantes y sede de la mayor feria del libro en lengua española, y Puerto Vallarta, uno de los destinos turísticos más importantes del Pacífico mexicano.

La ofensiva se inscribe en una larga y enloquecida guerra emprendida por el Cártel Jalisco-Nueva Generación contra las autoridades. Esta organización ya dio muestras de su poder, cuando desató su venganza por la muerte de Heriberto Acevedo, alias El Gringo, uno de sus jefes sicarios. Este narco cayó abatido el 23 de marzo por la Fuerza Única, un grupo policial de élite creado por el Gobierno de Jalisco para hacer frente al crimen organizado. Dos semanas después llegó la respuesta.

El 6 de abril un convoy de diez vehículos blindados, con 40 agentes, fue atacado a plena luz del día en una carretera comarcal entre Puerto Vallarta y Guadalajara. Armados con lanzagranadas de precisión y ametralladoras M-60 (550 disparos por minuto), los narcos frenaron el avance del contingente policial. Después, estratégicamente situados en lo alto de terraplenes, lo abrasaron con explosivos y bidones de gasolina. Quince policías murieron. Otros cinco resultaron heridos. Ningún narco cayó. Aquel día, el cártel demostró su capacidad letal. No era la primera vez.

La organización, dirigida por Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, ha ido creciendo a la sombra de otras más conocidas como Los Zetas o Los Caballeros Templarios. Mientras las fuerzas de seguridad se centraban en quebrar a las grandes mafias, el Cártel Jalisco-Nueva Generación, relativamente joven, se iba apoderando de los nichos que abandonaban sus enemigos. 

En su expansión, se enfrentó a cara descubierta a Los Zetas, dirigidos por exmilitares de élite y cuyas terroríficas mutilaciones dieron la vuelta al mundo. En septiembre de 2011, el emergente cártel dejó en Boca del Río (Veracruz), en el corazón del territorio zeta, su carta de presentación: 35 cadáveres sobre el asfalto de la avenida Ruiz Cortines. La masacre les valió el apodo de matazetas.

Amparados en su extrema violencia, en apenas 10 años han extendido sus tentáculos desde Jalisco a 8 estados (Colima, Michoacán, Guanajuato, Nayarit, Guerrero, Morelos, Veracruz y el DF) se han hecho fuertes en la producción de metanfetamina y se han expandido con firmeza en el mercado estadounidense, hasta el punto de que el Departamento del Tesoro ya les sitúa entre “las organizaciones de tráfico de droga más poderosas de México”, en franca competencia con el cártel de Sinaloa.

Este crecimiento tumoral ha sumido en el terror a Jalisco (7.800.000 habitantes). Alcaldes y políticos han ido sucumbiendo al plomo, sin importar su rango. El secretario de Turismo fue asesinado en marzo de 2013 a las dos semanas de ocupar el cargo; y un año después el diputado federal Gabriel Gómez Michel, también de PRI, fue ultimado y calcinado tras un espectacular secuestrado en plena carretera, cuyas imágenes grabadas por cámaras de seguridad pudo contemplar todo México. En dos años, han caído más de 70 funcionarios en el Estado.

En esta línea, los hechos del viernes no son más que la culminación de un largo proceso cuyo fin se atisba incierto. Zonas como Tamaulipas, atrapada en una feroz batalla entre Los Zetas y el cártel del Golfo, llevan años sumidas en el horror. Los narcobloqueos, las balaceras y los secuestros se han vuelto ahí moneda común. Y la intervención militar no ha reducido la violencia.

Pese a que cada día quedan menos grandes capos libres y la fractura de sus estructuras ha generado a grupúsculos ultraviolentos de sicarios ocupando el espacio de sus hermanos mayores. Tamaulipas, Michoacán y Guerrero, son la prueba. Y Jalisco, cuya capital es una de las joyas de México, está siguiendo una senda parecida.

 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
Es difícil adaptarse a estos tiempos en que la falta de ética y de respeto se han legitimado. Hace tres años, analizando los primeros pasos de la campaña de Trump, pensaba que cada vez que escupía alguna barbaridad racista en las concentraciones, o se descubría algo más sobre su distintivo desprecio a las mujeres, los votantes que aún sentían algo de humanidad, le harían de lado.    / ver más /