LATINOAMERICANOS COMEN CADA VEZ MÁS…Y PEOR
BARRIGA LLENA… DE COMIDA CHATARRA
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En medio siglo, América Latina ha ganado casi 600 kilocalorías per cápita diarias. Como promedio, obviamente, porque no todos comen igual. Sin embargo, los habitantes del continente se alimentan en general peor que a mediados de la pasada centuria. Y si bien ese deterioro de la dieta dista de ser parejo, algunas tendencias se reproducen desde México hasta Argentina.

La “evolución” en el menú de los latinoamericanos podría resumirse en dos palabras: azúcar y vegetales. De la primera consumen en demasía y de los segundos, los mejores aliados de la salud junto a las frutas, muy poco. 

Los viejos de cierta isla del Caribe decían: la hierba es para los caballos. Así justificaban la ausencia de hortalizas en la mesa. En su lugar abundaban los tubérculos, la carne de cerdo impregnada con manteca, los frijoles y el arroz.

Los nutricionistas conocen la respuesta, pero casi nadie quiere escucharla.

Las estadísticas del consumo de alimentos vegetales en América Latina revelan la gravedad de la situación. 

Un mexicano ingiere alrededor de 235 gramos de frutas y verduras diariamente. Esa cantidad representa poco más de la mitad de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS): 400 gramos. Sin embargo, la producción agrícola de México alcanza para satisfacer las necesidades nutricionales de todos sus pobladores. Para colmo, cada año se desperdician más de 11 millones de toneladas de frutos y legumbres. 

En Colombia el 70% de la población no incluye verduras en su menú, mientras un 30% tampoco considera las frutas en su régimen, según la Encuesta Nacional de Situación Nutricional. Esa indiferencia alarma a los productores locales, que pierden más de 1,2 millones de toneladas de estos productos tras la cosecha.

Finalmente, Argentina no escapa a la apatía continental donde el consumo promedio de frutas y vegetales no rebasa los 150 gramos diarios.

Según una investigación del Instituto Nacional de Salud Pública de México (INSP), publicada el año pasado, los productos básicos en las mesas latinas comprenden el azúcar sin refinar, trigo, arroz, maíz y yuca mandioca. El estudio pone en duda la diversidad de consumo de alimentos en la región y alerta sobre la presencia “casi nula” de verduras y frutas.

De acuerdo al INSP, la urbanización, el modelo global de alimentos y la mejora en los ingresos justifican la “modernización” del menú en América Latina. Las frutas y verduras han sido reemplazadas entonces por “alimentos primordialmente energéticos, con altos contenidos de sodio, grasas y azúcares, procesados y de bajo contenido en fibra y micronutrimentos” adoptando las costumbres culinarias de la modernidad. 

Una encuesta realizada en los hogares argentinos a inicios de esta década reveló que la falta de tiempo influía en la preferencia de las comidas rápidas en lugar de los vegetales. Con la salida de las mujeres al mercado laboral, el tiempo dedicado a la elaboración de alimentos se contrajo de dos horas diarias a apenas 25 minutos.

Por otra parte, la comida chatarra ha proliferado, en las ciudades y el campo, a precios que compiten con ventaja contra alimentos saludables. Cuando la economía doméstica y la comodidad aparecen en la ecuación, la salud siempre sale perdiendo.?

 

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