SALVAJISMO A SANGRE FRÍA
Por Michel Leidermann

Sin llegar a la complejidad del ataque llevado a cabo contra Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 o los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, el yihadismo ha vuelto a emplear bombas humanas para causar en París una de las matanzas más odiosas que se recuerdan. 

Cómo no conmoverse ante las victimas que han caído muertos y heridos por las balas o destrozados por las bombas humanas en París. Cómo no horrorizarse ante las imágenes de cuerpos destruidos y cómo no sentir la debilidad de temer ser  impotentes frente al terror. 

La crueldad, y la precisión para llevar a cabo siete ataques coordinados en Paris, deben crear suficiente motivación para formar una estrategia internacional en contra del Estado Islámico o ISIS.

Esta guerra insidiosa nos habla del fanatismo totalitario que promueven los que dirigen ISIS, sin duda decididos a proseguir la escalada criminal. Las democracias tienen el derecho y la legitimidad de emplear todos los instrumentos de seguridad que sean precisos frente al terror —incluidos los militares— por más incomodidades y riesgos que puedan causar a la vida cotidiana. Y las sociedades deben comprenderlo y apoyarlo. Hay que emplear todos los instrumentos de seguridad frente al terror. Y esto vale no solo para los gobiernos, sino para las sociedades ante las que responden, sabiendo que el enemigo desborda las fronteras tradicionales, usa los instrumentos mediáticos sociales globales y no duda en enviar a sus seguidores a una muerte segura, con tal de hacer más daño.

Los métodos para ejecutar las matanzas son diferentes, pero cuentan con un denominador común: provocar el máximo daño indiscriminado y hacerlo con la mayor crueldad. Son tantos y tan graves los actos de Al Qaeda y del llamado Estado Islámico que nadie puede cerrar los ojos ante la vulnerabilidad de las sociedades objeto de sus designios virulentos contra quienes no comulgan, o se oponen a su versión extremista y propagación del sunismo.

El viernes 13 murieron 129 personas en la capital francesa, el jueves 12 fueron 43 los muertos en varios atentados explosivos en Beirut, Líbano y hace 3 semanas, 224 pasajeros murieron por una presunta bomba en un vuelo de Egipto a Rusia. Estos atentados están ligados a ISIS. En los casos de Francia y Rusia por bombardear las posiciones del Estado Islámico en Siria, el de Líbano porque está bajo control del grupo musulmán chíita Hezbollah.

El otro problema es de la seguridad ante el terrorista fanatizado suicida. El que en Francia no se haya podido prevenir este ataque es un indicio de las dificultades que enfrentan las sociedades libres y diversas para contener este tipo de amenaza. La respuesta es no amedrentarse.

ISIS quiere diseminar a sangre y fuego desde Siria y parte de Irak, su extremismo religioso en una guerra sin fronteras ya sea con un combatiente en batalla o un suicida en medio de civiles lejos de Siria. Para detenerlos se necesita un esfuerzo coordinado internacional.

La condición necesaria para enfrentarse a ellos es no dejarse llevar por arrebatos que puedan confundir la defensa frente a los yihadistas, con la convivencia con las comunidades inmigrantes allí donde existen, ni cuestionar las libertades que gozamos y que nos diferencian de los salvajes que nos atacan.

El desafío es mayúsculo pero ojalá que los ataques recientes ayuden a superar las diferencias para hacer un frente común contra este enemigo sanguinario.?

 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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