COMENZÓ EN MÉXICO LA CARRERA POR LA SUCESIÓN PRESIDENCIAL EN 2018
LOS PRIMEROS SIGNOS DE ESTA EFERVESCENCIA POLÍTICA YA SON VISIBLES
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México ha entrado en un nuevo ciclo político. Cumplidos los tres primeros años de mandato de Enrique Peña Nieto, un aire de fin de reinado ha empezado a recorrer el país. La popularidad del presidente sigue baja, las encuestas sucesorias se multiplican y toda una serie de candidatos ya busca su lugar en el tablado. Aunque la verdadera lucha de poder aún se libra entre bambalinas, la carrera por la sucesión presidencial en 2018 ya ha comenzado. 

El cambio arrancó en junio pasado con las elecciones intermedias, en las que se elegían la Cámara de Diputados y nueve gobernaciones, mostrando un profundo cambio en la sociedad mexicana. Los grandes partidos, aunque mantuvieron su primacía, fueron castigados. Frente a su declive, la indignación ciudadana impulsó las candidaturas independientes. En el panorama surgieron elementos disruptivos como Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, un político de discurso llano y áspero que contra todo pronóstico se hizo con la gobernatura de Nuevo León, el segundo estado más rico de México. 

Tras esta tormenta, el presidente quedó varado. Con excepción de la batalla educativa, ahora dedica más tiempo a la defensa de su legado reformista que a la apertura de nuevos horizontes. 

Desde que a finales de 2014 su popularidad se desplomase con la tragedia de Ayotzinapa y el escándalo inmobiliario de su esposa, Peña Nieto no ha encontrado un momento de paz. La crisis del petróleo ha demorado el crecimiento económico, la espectacular fuga de El Chapo ha dañado su credibilidad, y la propia configuración del sistema electoral, que tan buenos dividendos le dio al principio, ha empezado a pasarle factura.

La debilidad presidencial no es una sorpresa. México crea jefes de Estado con los pies de barro. Al carecer de segunda vuelta, los comicios se deciden con mayorías exiguas. En el caso de Peña Nieto, su victoria se obtuvo con un 38% de los votos emitidos, lo que sobre el censo apenas representó el 25%. A esta debilidad congénita se suma la imposibilidad de reelección. Encerrados en un solo mandato, los jefes de Estado ven cómo el paso del tiempo juega en su contra. El síndrome del pato cojo se agudiza y las ambiciones presidenciales emergen dentro y fuera del partido gobernante. 

Los primeros signos de esta efervescencia política ya son visibles.  El primer competidor ha sido el dos veces aspirante presidencial Andrés Manuel López Obrador. Al mando de su propio Morena, este carismático aspirante parece llamado a desmantelar al PRD, hasta ahora la fuerza hegemónica de la izquierda, pero cuyo candidato natural, el jefe del Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, atraviesa horas bajas. A López Obrador le conoce un 97% del electorado y Mancera está 35 puntos por debajo.

En la derecha la cúpula de su partido, Margarita Zavala, esposa del expresidente Felipe Calderón (2006-2012), ya ha proclamado su deseo de representar al PAN en las presidenciales. Y en caso de no lograrlo, ha amenazado con una candidatura al margen de su formación. Un cisma que debilitaría al único partido que hasta la fecha ha sido capaz de bajar del poder al PRI. 

La lucha pre-presidencial se libra en la sombra. Nadie se ha movido públicamente. Pero no hay día en que uno y otro personaje no figure en los medios como posible sucesor. Entre ellos destaca el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, un especialista en atravesar incendios sin quemarse. Ni la tragedia de Iguala ni la fuga de El Chap, han hecho mella en sus posibilidades. Las encuestas le sitúan en primer lugar. 

Otro aspirante ascendente es el antiguo jefe de la Oficina del Presidente y actual secretario de Educación, Aurelio Nuño. Considerado el delfín de Peña Nieto, ahora mismo libra la batalla de mayor envergadura política del Gobierno: la reforma educativa. Si vence, sus opciones se dispararán. 

A derecha e izquierda, los movimientos y codazos se multiplican. Pero esta vez, en el universo político mexicano ha surgido un nuevo factor: las candidaturas independientes. Un 63% de la ciudadanía se manifiesta dispuesta a darles el voto. El favorito es El Bronco, quien ya ha advertido que pretende saltar al ruedo “si la gente se lo pide”. 

Los especialistas consideran que la batalla no ha hecho más que comenzar.?

 

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par Michel Leidermann
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