UNO DE LOS PROBLEMAS DE LA VERGÜENZA MIGRATORIA HA SIDO LA FALTA DE REPRESENTACIÓN LEGAL ADECUADA PARA LAS SOLICITUDES DE ASILO.
Por Maribel Hastings
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Maribel Hastings

El presidente Barack Obama pronunció su último discurso sobre el Estado de la Unión en medio de dos grandes contradicciones. De una parte, la Corte Suprema podría decidir si considera o no el caso que tiene el potencial de destrabar las acciones ejecutivas migratorias que ampararían de la deportación a millones y que el Departamento de Justicia está defendiendo. Y de otra, el mismo gobierno, a través de su Departamento de Seguridad Nacional (DHS), está deportando a madres y niños centroamericanos, en muchos casos quizá a una muerte segura, sin el debido acceso a una asesoría legal que garantice la obtención de asilo. Y en el proceso está aterrorizando a toda una comunidad inmigrante.

Si supuestamente las deportaciones se centran en criminales y personas que representen una amenaza a la seguridad nacional, la pregunta obligada es qué peligro suponen niños y madres que vienen huyendo de una violencia rampante y de miseria, producto no sólo de la corrupción de los gobiernos de sus países de origen, sino del reinado de pandillas y de narcotraficantes, cuyo negocio se lucra de los consumidores de drogas de este lado de la frontera. 

Cuando en 2014 comenzó la oleada de menores centroamericanos llegando solos a la frontera o con sus madres, la reacción inicial fue llevarlos a centros de detención como si fueran criminales. Pero luego de la presión comunitaria, el gobierno accedió a escuchar sus peticiones de asilo. Sin embargo, uno de los problemas centrales ha sido la falta de representación legal adecuada que permita el éxito de dichas solicitudes de asilo.

La administración Obama argumenta que hay que “enviar un mensaje” para evitar nuevas oleadas como las de 2014 y 2015. Las recientes llegadas, dicen, son prioridad de deportación aunque el juicioso argumento pase por alto adónde los deportan y la oscura suerte que correrán, e ignore que es un problema de refugiados buscando asilo, no un asunto meramente migratorio.

Ahora que Obama entra en el último año de su presidencia, apuntamos a sus desaciertos migratorios, el primero de ellos el no haber impulsado la reforma migratoria cuando su Partido Demócrata controlaba el Congreso. Fue un error garrafal magnificado por la ola de deportaciones, casi 3 millones, que han marcado su presidencia y que supuestamente habrían priorizado para centrarse en criminales, aunque ahora se contradigan.

En honor a la verdad, lo positivo se obtuvo por una lucha de parte de la comunidad inmigrante liderada por los DREAMers o Soñadores que no cejó ante la negativa de la administración Obama de concederles una Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que se dio en año electoral y ante el temor de que la falta de alivios migratorios generara apatía entre los votantes latinos.

Al ver que su apoyo entre los votantes latinos aumentó en 2012, la administración decide impulsar una reforma migratoria que avanzó en un Senado entonces bajo control demócrata pero murió en una Cámara Baja republicana, lo cual llevó a Obama a girar órdenes ejecutivas para ampliar DACA y crear DAPA para amparar de la deportación a muchos de los padres de los Soñadores. Las acciones ejecutivas aún están en un limbo legal ante la Corte Suprema.

Lo que enreda sus desaciertos y la cruda realidad, es que la comunidad inmigrante aún aguarda por el cambio y la esperanza que prometió en 2008.

Una verdadera vergüenza.?

 

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