CAEN LAS IZQUIERDAS LATINOAMERICANAS
Por Michel Leidermann

Uno a uno, los socialismos latinoamericanos van cayendo. La colosal transición política pone ahora a prueba la solidez de las democracias de la región

Uno tras otro, los líderes de las izquierdas latinoamericanas caen como piezas de un dominó que avanza irremediablemente. Hay que hablar de izquierdas, porque diferentes son los proyectos políticos que han encarnado el chavismo venezolano, el kirchnerismo argentino, el lulismo brasileño o el moralismo boliviano. Pero hay una evidencia clara de que gran parte de las creaciones auto designadas como progresistas del continente Sur, que han dominado la escena durante una década larga, oyen fúnebres campanadas.

El chavismo, que lleva Venezuela rumbo a una hiperinflación inmemorial en medio de tasas de criminalidad pavorosas, sufrió una contundente derrota en las últimas legislativas; el kirchnerismo ha sido desalojado de la Casa Rosada; Evo Morales ha recibido un claro rechazo a su deseo de perpetuarse en el poder; incluso la chilena Michelle Bachelet ve boquetes abrirse en su anterior  irreprochable reputación debido a los malos manejos de su hijo; ahora, el proyecto político empezado por el carismático Lula, proseguido por la enjuiciada  Rousseff y admirado en su momento por media región sufre su propia apocalipsis y Brasil entero se hunde en la calamidad de la recesión y el lodo de la corrupción.

¿Qué produjo este ocaso de los dioses socialistas? Obviamente, cada caso tiene sus explicaciones particulares. Pero es posible trazar algunos comunes denominadores.

Sin duda el fin de la prosperidad de las materias primas ha cortado en seco el manantial que pagó buena parte de la fiesta en la región. Con distintos matices, estas aspiraciones pusieron mucho énfasis en la redistribución de las riquezas, pero quizá no bastante en fomentar la creación de patrimonio, la inversión, y la diversificación. Burocracias desesperantes, proteccionismos, corrupción y expropiaciones en distintas dosis según los casos, no ayudaron a preparar bien varios de los países de la zona para el violento desplome que ahora sufren.

Por otra parte la perpetuación en el poder siempre es venenosa, y tiende a causar tumores de corrupción  incluso en madrigueras con credenciales democráticas más consolidadas.

Contra esos cánceres se libra ahora en varios países de la región una auténtica ofensiva judicial, en ocasiones muy agresiva; este rasgo se transforma de virtud en lacra muy rápidamente, cuando toma el semblante de lucha política por medios judiciales.

La cuestión del equilibrio de poderes evidencia los grandes riesgos integrales que enfrenta Latinoamérica en esta colosal transición política regional. Casi todos los necesarios cimientos de una saludable vida democrática están siendo –y serán- sometidos a duras pruebas. Ojalá unas sociedades civiles cada vez más maduras sepan encauzar este cambio político en los carriles de la ordenada sucesión democrática, de sabias políticas inclusivas, de aceptación leal de las derrotas, de victorias que evitan gestos revanchistas que normalmente solo conducen hacia inflamaciones políticas y miseria económica. Así se medirá la capacidad de resolver una tarea que se antoja descomunal a los nuevas tendencias que vuelven a tener sentido común económico y justicia e igualdad social.?

 

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