JUSTICIA POR MANO PROPIA NO ES JUSTICIA, ES ANARQUÍA
Por Michel Leidermann

Las recientes protestas contra la violencia policial se suscitaron en respuesta al caso de Philando Castile, muerto en un chequeo de rutina en Minneapolis. “De rutina” porque es común que los negros sean detenidos por la policía, y cuanto más caros los vehículos que conducen, más probable es el encuentro. El supuesto es que un negro en un auto de lujo, lo ha robado. Es que además es pobre.

Cuando profundas fracturas de raza y de clase ocurren en una sociedad literalmente armada, la violencia es la inevitable consecuencia. En este tipo de sociedades, la ingobernabilidad bien puede estar al final de ese camino. Justicia por mano propia no es justicia, es anarquía.

Ocurre que Castile tenía permiso para portar armas y así lo informó al policía. El policía le disparó cuando Castile buscaba sus documentos de identidad. 

La ola de protestas en el resto del país no fue solo marchar y gritar. En Georgia, un policía fue baleado por un hombre que lo atrajo al lugar con un llamado al 911. En Missouri, otro policía fue atacado luego de detener a un conductor por alta velocidad. Y en Tennessee, un tercero fue baleado y una mujer, muerta.

Peor fue Dallas, donde un francotirador acabó con la vida de cinco oficiales. El atacante, también negro y veterano de Afganistán, fue abatido por un robot policial. Mientras ocurría la balacera, sin embargo, el Departamento de Policía de Dallas había tuiteado la foto de un “sospechoso” o “persona de interés” de un negro vestido con fajina militar y con un rifle colgando de su hombro.

La foto se hizo viral y el erróneo sospechoso Mark Hughes, se presentó ante las autoridades para demostrar su inocencia. También llevaba consigo el arma, que le fue retenida por la policía. 

Hughes confirmó que el rifle AR-15 no tenía balas en la recamara y que la llevaba en ejercicio de sus derechos, la Segunda Enmienda, y que los derechos constitucionales son para todos; que cuando los negros tratan de ejercerlos, a menudo les son negados por los propios representantes de la ley, y que cuando no obstante los ejercen, son asesinados por la policía. 

La versión civil de rifles semiautomáticos es “tan americana como las tarjetas de béisbol y el pastel de manzana”, nos recordaba The Washington Post en junio pasado. Ello a raíz del ataque de la discoteca en Orlando, Florida, realizado con ese rifle, el mismo usado en los ataques de San Bernardino, California.; Aurora, Colorado.; y Newtown, Connecticut; asesinatos en masa que se repiten con frecuencia. Y al menos tres policías murieron y varios resultaron heridos tras un tiroteo en Baton Rouge, Luisiana el domingo reciente.

En Estados Unidos es un debate constitucional, según el cual en muchos Estados poseer y portar armas es legal, legalidad que caduca en el segundo en que alguien jala el gatillo. Para entonces es tarde. 

Algo no funciona bien en un país donde la irracionalidad es perfectamente constitucional. La enmienda en cuestión fue escrita en 1791 para acelerar la lucha por la independencia. Las constituciones que jamás cambian pueden ser tan disfuncionales como aquellas que cambian todo el tiempo.

En los solemnes funerales de Dallas, Obama dijo que el país está menos dividido de lo que se dice. Tal vez. Eso se verá en las elecciones de noviembre. 

Más que la elección de un presidente, Estados Unidos quizás estará ajustando su propia civilización.?

 

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