DEPORTACIÓN DE CRIMINALES INDOCUMENTADOS
Por Michel Leidermann

En la primera primer entrevista por televisión desde que ganó las elecciones, Donald Trump dijo que el muro que prometió quizá sea solo “una valla” en algunas partes de la frontera. Trump asimismo propone expulsar cuanto antes, hasta tres millones de indocumentados que tienen algún tipo de antecedente criminal. Después, ya verá lo que hace con los demás indocumentados que queden en el país.

Sobre su promesa electoral, dijo: “Lo que vamos a hacer es que vamos a echar del país o vamos a encarcelar a todos los que tienen antecedentes criminales, traficantes de drogas, miembros de bandas, probablemente dos millones, podrían ser hasta tres millones. Están aquí ilegalmente”. Afirmó que cuando haya “asegurado” la frontera, decidirá el destino de los restantes sin papeles. 

Trump comenzó su campaña electoral en junio 2015, diciendo que los inmigrantes mexicanos eran narcotraficantes, criminales y violadores pero que algunos eran buenas personas. Después, fue endureciendo su discurso hasta prometer la deportación masiva de todos a los que él llama “extranjeros ilegales”. Llegó a detallar que crearía una “fuerza (policial) de deportación” específica. Más adelante en la campaña, pareció suavizar esa posición. 

Trump nunca ha detallado a qué se refiere con” criminales”, por delitos graves o cualquier tipo de problema con la ley. Las actuales normas del Departamento de Interior ya establecen que la prioridad para deportar son los indocumentados buscados o convictos por delitos serios. 

¿Es posible que sea tan fácil como lo expresa? La respuesta es no, por una simple razón: toda en persona en los EE.UU. tiene derecho a un juicio por cualquier tipo de acusación, y esos procesos no son sencillos. Pero, además, se enfrentaría a dificultades técnicas que tampoco ha dicho cómo va a resolver, pues el gobierno federal requiere del apoyo de las autoridades locales en cada ciudad para cumplir este objetivo, y varios Departamento de Policía, incluido Little Rock, ya han declarado que no colaborarán con una labor de inmigración si no hay una ley específica al respecto.

La última vez que Trump dio un discurso específico sobre inmigración fue el 1 de septiembre en Phoenix, Arizona, horas después de reunirse con Enrique Peña Nieto en Los Pinos. Dijo entonces que todos los inmigrantes que habían entrado irregularmente deberían salir del país y volver a ingresar respetando las leyes, que construiría un muro en toda la frontera (de 3.000 kilómetros), que haría a México pagar por ese muro, y que cambiaría las leyes de inmigración para hacer más difícil la entrada legal en el país. La frontera con México ya está vallada prácticamente en su totalidad.

El presidente de la Cámara de Representantes, el segundo republicano con más poder en Washington, Paul Ryan, reiteró en una entrevista televisiva que ni Trump ni su partido planean crear una “fuerza de deportación”. “Creo que debemos tranquilizar a la gente”, dijo Ryan. “Ese no es nuestro objetivo. Nosotros nos estamos centrando en asegurar la frontera. Creemos que es lo primero y principal, antes de meternos en cualquier otro aspecto de la inmigración, tenemos que saber quién entra y sale de nuestro país”.

Tanto las declaraciones de Trump como las de Ryan parecen ser una marcha atrás sobre los planes más extremos del candidato republicano durante la campaña.

El presidente Barack Obama ha deportado durante sus 8 años de mandato a 2,5 millones de inmigrantes con antecedentes criminales, fuera de 2 millones más. Ha sido el presidente que más indocumentados ha expulsado en la historia del país. 

 

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