EL “TRUMPISMO” SACUDIÓ A LA “CLASE” POLÍTICA Y A LOS CIUDADANOS QUE BUSCAN UN CAMBIO PROFUNDO
TRUMP MANEJÓ SU CAMAPAÑA ELECTORAL COMO UN SHOW DE “TELERREALIDAD” DESFAVORECIENDO A LAS MINORÍAS Y LOS INMIGRANTES 
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El 2016 trajo una tormenta política que sacudió los cimientos de la clase política, después de que el “Trumpismo”, se impusiera en las urnas y profundizara las divisiones en Estados Unidos.

Contra todo pronóstico, y pese a no tener experiencia política, el magnate Donald Trump, venció a 16 rivales en la nominación presidencial republicana y derrotó a su rival demócrata, Hillary Clinton, el pasado 8 de noviembre.

Clinton obtuvo al menos 2,8 millones más preferencias en el voto popular, pero Trump ganó el Colegio Electoral, con 306 votos, contra los 232 de la exsecretaria de Estado. Se requieren 270 votos del Colegio Electoral para ganar la presidencia.

La revelación de que Rusia estuvo detrás del “pirateo cibernético” de los correos electrónicos del Partido Demócrata para beneficiar a Trump, levantó una nueva polvareda en el ya tenso ambiente político.

Para algunos lo más insólito de la campaña es que Trump la manejó como un show de “telerrealidad”, y siguió ganando apoyo pese a haber insultado a las minorías, las mujeres, los discapacitados, y los veteranos de guerra.

Esa dinámica del show de telerrealidad, que el mismo condujo durante más de una década, continúa ahora con sus nombramientos de billonarios y militares al Gabinete presidencial, los que no tienen experiencia política previa y tampoco necesariamente defendieron los intereses de la clase trabajadora.

El eslogan de Trump de “Recuperar la grandeza de América” (Make America Great Again) y su mensaje nacionalista, resonó entre los votantes de la clase trabajadora blanca, que durante décadas han sufrido la merma (partes de los Estados de New York, Pennsylvania, West Virginia, Ohio, Indiana, Michigan, Illinois, Iowa, y Wisconsin) por el desaparecimiento de manufacturas.

Pero ganó, no sólo porque supo aprovechar esa ansiedad económica, sino además por los errores y problemas de percepción que generó Clinton.

El triunfo de Trump fue celebrado por la derecha religiosa, grupos conservadores, y supremacistas blancos hartos del crecimiento político de las minorías y los inmigrantes. Pero con ello expuso las profundas divisiones políticas y raciales que han venido caldeando los ánimos entre grupos de toda la sociedad civil. 

Según el “Southern Poverty Law Center” (SPLC), se han registrado en noviembre y diciembre más de mil casos de ataques, intimidación y vandalismo por parte de partidarios de Trump contra inmigrantes y minorías en escuelas, negocios, iglesias y demás sitios públicos. Sobre todo, impera el temor de que Trump tome medidas que favorezcan más a los millonarios y a las corporaciones.

Pero Trump ganó la elección con promesas de desmantelar o modificar muchas de esas medidas implementadas por Obama.

Así, el nuevo congreso de mayoría republicana iniciando su periodo de sesiones el 3 de enero, buscará anular “Obamacare”, las regulaciones en Wall Street, los alivios migratorios para indocumentados, y las medidas de apertura hacia Cuba, entre otras prioridades.

Los votantes dejaron el control de ambas cámaras del Congreso en manos republicanas, al igual que el poder judicial, lo que prácticamente garantiza que Trump y los conservadores podrán avanzar su agenda, con poca injerencia de la minoría demócrata.

Motivados por el deseo de castigar la retórica incendiaria de Trump, se estima que hasta 14,7 millones de latinos fueron a las urnas, de los 27 millones elegibles -su mayor participación electoral hasta la fecha-, y la mayoría votó por Clinton. 

En varios Estados eligieron a Catherine Cortez-Masto, como la primera latina en el Senado, enviaron a la Cámara de Representantes a Darren Soto como el primer puertorriqueño por Florida, a Adrián Espaillat, como el primer dominicano por Nueva York, y desbancaron en Arizona al alguacil del Condado de Maricopa, Joe Arpaio, entre otros logros. 

Pero no fue suficiente.

Trump prometió “sanar las heridas de la división” y escuchar a las voces disidentes, pero, hasta ahora, ni su cuenta en Twitter ni sus declaraciones públicas, muestran un cambio en sus posturas  de campaña. 

 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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