EL PRECIO QUE PUEDE PAGAR DONALD TRUMP POR DESPEDIR A JAMES COMEY
Por Michel Leidermann

El despido del director del FBI, James Comey, puede traerle varios dolores de cabeza a Donald Trump.

Trump se volvió una estrella mediática despidiendo gente en un reality show, pero como presidente de Estados Unidos acaba de ordenar un despido que puede costarle bastante más que prestigio personal.

Se trata de James Comey, a quien Trump cesó repentinamente el martes de su cargo de director del Buró Federal de Investigaciones (FBI).

Comey supervisaba una investigación sobre eventuales nexos entre la campaña electoral de Trump y Rusia, el país que según agencias de inteligencia locales intentó interferir en los comicios estadounidenses de 2016.

La Casa Blanca ha negado que el despido de Comey busque influir o detener esas investigaciones. En Washington se han multiplicado los reclamos para que la investigación sobre Rusia se realice de modo independiente y Andrew McCabe, el nuevo director interino del FBI dijo ante el Congreso que avisaría si la Casa Blanca intenta interferir.

Además, la confusión en el clima político ahora amenaza la agenda de gobierno de Trump. La reforma de salud, la reforma tributaria o el presupuesto fiscal, son temas que podrían demorarse en el Congreso tras la salida de Comey.

La versión oficial también indicó que el despido se debía al manejo que el director del FBI había hecho de una investigación sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton, como secretaria de Estado.

Pero esto tampoco convenció a la oposición demócrata ni a analistas independientes, sobre todo después que algunos medios informaran que Comey había pedido al Departamento de Justicia un aumento importante de los recursos para indagar la influencia rusa en las elecciones.

Esta investigación es “muy significativa”, dijo Andrew McCabe, tras la salida de Comey, ante el comité de inteligencia del Senado.

De ese modo, contradijo otra afirmación previa de un portavoz de Trump que había dicho que lo de Rusia es “probablemente una de las cosas más pequeñas” que el FBI está indagando.

McCabe refutó el argumento de la Casa Blanca de que Comey había perdido apoyo en las filas del FBI, al sostener que el exdirector “gozó de amplio apoyo” dentro del Buró “y todavía lo hace hasta el día de hoy”.

Además, la cascada de dichos y contradichos abrió nuevos cuestionamientos a la credibilidad de Trump, quien el miércoles 10, mantuvo un extraño encuentro con el canciller ruso, Sergey Lavrov, a puertas cerradas en la Casa Blanca.

La oposición demócrata ha insistido en reclamar que se designe un fiscal especial para encabezar la investigación sobre posibles nexos de colaboradores de Trump con Rusia. La mayoría de los republicanos ha rechazado esos pedidos hasta ahora, pero algunos ya han manifestado públicamente inquietud por el despido de Comey. 

Así, manejar a discreción el ritmo de las investigaciones que el Congreso realiza por su cuenta sobre Rusia parece una tarea cada vez más difícil para los republicanos. 

Trump acusó a los demócratas de ser “hipócritas” al criticarlo por el despido de Comey, cuando ellos mismos se quejaron durante meses del director del FBI. Pero algunos analistas creen que el problema para el presidente está cada vez más en su propio partido, donde esta polémica pone una vez más a prueba la lealtad republicana hacia Trump.

Aun para gente que quizá comparte los objetivos políticos de Trump, se comienza a plantear la pregunta sobre si él puede ser un presidente competente. 

 

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