LA AMENAZA DE UN JUICIO POLÍTICO RONDA AL PRESIDENTE, DONALD TRUMP
¿ES POSIBLE QUE SEA DESTITUIDO COMO PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS?
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Lo que días atrás era una cuestión de debate informal en redes sociales, se ha vuelto una pregunta abierta en Washington: ¿podría el presidente Donald Trump ser sometido a un impeachment o juicio político?

Los críticos de Trump señalan la opción de abrirle un juicio político en el Congreso para destituirlo, ante sospechas de que el presidente intentó obstruir la justicia. Los impulsa una noticia publicada, según la cual Trump pidió en febrero al entonces director del Buró Federal de Investigaciones (FBI), James Comey, cerrar una indagatoria sobre los nexos entre su exconsejero de seguridad nacional y Rusia.

Pero la Casa Blanca niega que el presidente Trump pidiera al exdirector del FBI que cerrara la investigación sobre los lazos de Michael Flynn con Rusia, y negó la información, que se basa en un memorando que Comey escribió sobre una entrevista que tuvo con Trump, quien lo despidió abruptamente el 9 de mayo desatando una tormenta política en EE.UU.

La oposición demócrata no tardó demasiado en blandir públicamente el fantasma del juicio político a Trump, quien nuevamente desató otra tormenta al saberse que había compartido información confidencial sobre Estado Islámico con funcionarios rusos.

Los memorándums de Comey o su inusitado despido pueden ser vistos como evidencias de esfuerzos del presidente para influir las investigaciones que el FBI abrió sobre posibles vínculos ocultos de sus colaboradores con Rusia, país que según los servicios de inteligencia de EE.UU., buscó interferir en las elecciones que Trump ganó en 2016.

Sin embargo, la probabilidad de que Trump pierda su cargo por un juicio político en el Congreso, es vista como remota por expertos. Hasta ahora, Trump no ha sido acusado formalmente de cometer crimen alguno, un requisito clave para sacarlo del cargo. Sin embargo, para que prospere una acusación de obstrucción de justicia tendría que demostrarse que Trump actuó con intenciones corruptas, lo cual puede ser complejo.

Hay dos caminos posibles: la justicia penal, con un carácter estrictamente jurídico, o el impeachment, donde además suelen pesar consideraciones políticas de los congresistas.

Para que se abra el proceso de impeachment se requiere el voto de una mayoría de la Cámara de Representantes, mientras que para destituir al presidente son necesarios al menos dos tercios de los votos de los senadores.

Y estas mayorías también parece improbable que se alcancen en contra Trump, ya que su Partido Republicano controla ambas cámaras del Congreso.

El Congreso estadounidense siempre ha manejado con cautela su potestad de impeachment. De hecho, hasta ahora nunca ha llegado al extremo de destituir a un presidente.

Los dos antecedentes más recientes de procesos de impeachment abiertos contra mandatarios de EE.UU. incluyeron cargos de obstrucción de la justicia: a Richard Nixon en 1974 y a Bill Clinton en 1998.

Sin embargo, ninguno de los dos procesos acabó con un voto de condena: Nixon renunció antes de que eso ocurriera, en medio del escándalo Watergate, y Clinton fue absuelto por el Senado de los cargos que enfrentó tras revelarse su relación extramatrimonial con Monica Lewinsky.

El primer antecedente es el juicio político a Andrew Johnson en 1868, por intentar sustituir a un miembro de su gabinete sin el aval del Senado, y también acabó con la absolución del presidente por apenas un voto de diferencia.

Otra alternativa al impeachment podría ser removerlo usando la 25ª enmienda de la Constitución, un mecanismo que permite a una mayoría del gabinete presidencial, advertir al Congreso que el presidente es “incapaz de cumplir con los poderes y deberes de su cargo”.

Pero en caso de que el presidente impugnara esa acusación, se requerirían dos tercios de votos de ambas cámaras del Congreso para deponerlo.

Lo cual, por cierto, sería aún más difícil de lograr que el impeachment.

Pero los líderes republicanos argumentan que hasta ahora no ha surgido evidencia irrefutable de que Trump haya quebrantado la ley. Si esto cambia, tal vez cambien su postura. 

 

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Michel Leidermann
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