RACISMO VIVITO Y COLEANDO
Por Michel Leidermann

El racismo en Estados Unidos tiene profundas raíces históricas que forman parte de la cultura nacional para una parte de la población que rechaza los cambios demográficos. Paradójico que un país de inmigrantes rechace hoy la inmigración. 

El rechazo es más violento hacia los inmigrantes latinos en general y mexicanos en particular. Los latinos son desde 2004 la mayor minoría por su número, la más joven y la que crece más rápidamente. Y resulta que los mexicanos son la mayoría de los latinos, pero también son los del país más cercano, los de mayor arraigo. 

Recordemos que hay ciudadanos descendientes de los mexicanos que habitaban en los territorios que hoy son los estados de Texas, California, Nuevo México, Arizona, Utah y… que fueron parte de México hasta la guerra (invasión) de 1847. 

La inmigración, la mexicana en particular, ha contribuido al desarrollo del campo, los ferrocarriles, las carreteras, la construcción, los servicios, y logra remplazar a una sociedad laboral que envejece.

El verdadero problema es el racismo, el rechazo a los que tienen otra visión del mundo como son los latinos, negros, asiáticos, musulmanes… que viven y trabajan en Estados Unidos.

Asimismo, debe haber una explicación para la política del presidente Trump, sus asesores y miembros de su gabinete, sobre la animadversión a la inmigración latina y en particular a la inmigración mexicana.

Los latinos y en particular los mexicanos, son vistos como causantes de un cambio demográfico en Estados Unidos, que “roban empleos” a los blancos, y es la minoría que más rechaza Trump.

Al llamarles ilegales, se encaja el término a considerarlos transgresores de la ley, y de ahí a criminales, cuando lo que cometen es en realidad sólo una falta administrativa al cruzar la frontera sin papeles. 

Gravísimo que Trump diga que los inmigrantes mexicanos son delincuentes, criminales, violadores, vinculados con el narcotráfico, una amenaza para la seguridad de la frontera, donde conviven con multiplicidad de intercambios en paz y armonía 14 ciudades hermanas en Estados Unidos y México.

Cuando Estados Unidos elegía al primer presidente negro, Barack Obama, pensamos que estábamos aceptando una sociedad multirracial. Ahora es correcto ser xenófobo y racista. 

Desafortunadamente, una parte de los blancos estadounidenses es lo que sienten y piensan. 

El discurso de Trump ha llevado las cosas a una violencia verbal extrema. Sus seguidores gritan: “Build the wall, kill them all”. No son sólo palabras, son amenazas. 

La mayoría de estadounidenses quiere un país multirracial, multicultural, respetuoso de la diversidad, pero Estados Unidos es hoy un país dividido. Los blancos estadounidenses que apoyan a Trump quieren regresar al pasado, recuperar la supremacía. 

La historia de Estados Unidos está vinculada con el racismo: los esclavos eran vistos como una escoria. Los negros vivieron una brutal discriminación. Se movilizaron masivamente en la lucha por los derechos civiles en los años 50 y 60, y ganaron. Pero la discriminación no desapareció, todavía existe y se expande a otras razas. 

Hoy todas estas reacciones violentas contra la inmigración tienen que ver con el rechazo a un país que está cambiando, en el que las minorías crecen y la mayoría blanca dejará de serlo en 2060. Parece que falta mucho, pero se sienten los efectos. Rechazan ese “renovado” país, y Trump los alienta. 

 

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