La solución
Por Michel Leidermann
Para encontrar una solución al problema de la inmigración, práctica, realista y tolerable por la mayoría, el camino menos aceptable para los legisladores más conservadores, demócratas y republicano por igual, podría ser la mejor solución.
La mayor crítica a los indocumentados, es que los inmigrantes latinos en general, son los que menos quieren asimilarse a la vida americana. De hecho, muchos inmigrantes, especialmente los mexicanos que gozan de la doble nacionalidad, dicen que no quieren abandonar sus raíces ni dejar de ser mexicanos.
Sin embargo, por no haber una solución legal para los millones de indocumentados que están en los EUA, es que justamente no están pensando seriamente en ser más americanos. ¿Para qué si no se les quiere acá? 
Y hablo de los inmigrantes, no de los niños latinos nacidos en los EUA, porque por una simple cuestión del ambiente que los rodea en las escuelas, universidades, trabajos, etc., estos latinos nacidos en EUA irán asimilándose, o aculturándose si ustedes prefrieren, en forma más natural pero inexorablemente. La segunda y tercera generación de hijos de inmigrantes nacidos en EUA  hablarán mejor inglés, serán culturalmente más americanos, y participarán en el sistema político porque pueden hacerlo. Ellos votarán y serán candidatos sin duda alguna.
Hay aquellos que temen que los EUA no será en el futuro una nación integrada, sino más bien un conglomerado de razas y culturas mantenidos agrupados por el régimen de gobierno. Ellos sienten que los EUA debe ser un país culturalmente unido aunque racialmente dividido, hablando el mismo idioma, compartiendo la misma nacionalidad, los mismos principios religiosos judeo-cristianos, la misma historia y los mismos ideales. Y por ello resienten que los inmigrantes no sean 100% leales a los EUA porque mantienen su idioma nativo y su propia cultura.
Pero esa deslealtad de los inmigrantes viene justamente del hecho de que las leyes actuales no les dan ninguna chance de volverse americanos, y alguna forma de pagar su deuda con la sociedad por haber entrado al país ilegalmente. En el sistema legal, las violaciones administrativas (como el caso de los indocumentados), se regularizan pagando multas. Los indocumentados están dispuestos a pagar multas, aún altas, para que se les legalice y puedan salir de las sombras, y vivir libremente integrándose abiertamente a nuestra sociedad. Las multas altas financiarían el sistema burocrático necesario para tramitar toda la documentación, y hasta podrían pagar en parte por un control mayor en las fronteras.
Porque está claro, que si no cerramos las fronteras aunque sea por algún tiempo hasta que se normalice la situación de los que están acá, seguirán llegando ilegales y el problema jamás se solucionará.
No hay discusión posible sobre la necesidad de controlar las fronteras e impedir la entrada de indeseables (terroristas, pandilleros, traficantes de drogas y de personas, criminales en general), como tampoco sobre la deportación sin discusión e inmediata de estas mismas manzanas podridas que si no las sacan, terminarán por podrir toda la canasta.
No deportarán a millones de indocumentados, la gran mayoría con raíces americanas (cónyuges, hijos, casas, negocios), pero que sienten que no son queridos acá. Si fuesen bienvenidos, pagarían más impuestos y más contribuciones al Seguro Social, y si se les da una chance de ser más americanos, no me cabe duda que lo serian. Por algo abandonaron su patria, sus familiares y sus amigos, todo por el sueño americano que por ahora es sólo una PESADILLA.
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Michel Leidermann
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