Sólo una ley solucionará la situación
Por Michel Leidermann
TODA FRANQUEZA NO PODEMOS DEJAR de entender el sentimiento antiemigrante de un ciudadano de los EUA que siente que no consigue trabajo por que se lo están dando a los indocumentados que llegan diariamente por miles y causan la bancarrota de los sistemas escolares y de salud estatales, los que fueron creados para servir a los ciudadanos y ahora enfrentan serios deficit.
Esa persona es posible que no sea un racista. Es hasta posible que muchos de sus vecinos, y los padres de sus compañeros de sus hijos en las escuelas sean latinos cordiales y arduos trabajadores. Pero si en su vecindario doce docena hombres viven en una sóla traila y tocan música fuerte hasta muy de madrugada, no hablan inglés, y no mantienen su lugar limpio, sus sentimientos podrían cambiar.
A esa persona habría que decirle que el sistema está fuera de control y que debe buscarse una solución. Aunque a todo ciudadano respetuoso de la ley, la aplicación correcta de la misma, lo haga sentirse bien, en la práctica, eso no es la solución al problema inmigratorio. La fuerza bruta tampoco es la manera de hacerlo.
Los agentes de la Migra andan cazando a obreros en las polleras, jornaleros en las construcciones y lavaplatos en los restaurantes, sin prestarle mayor atención a posibles terroristas que también estén llegando.
Desde 1986 (año de la última amnistía inmigratoria), se ha triplicado el personal de la Patrulla Fronteriza y aumentado 10 veces el presupuesto para aplicar la ley, pero esto no ha reducido el número de indocumentados que hay en los EUA. Muy por el contrario, hay más.
Las leyes actuales hacen casi imposible que los inmigrantes lleguen legalmente a los EUA. Sólamente se otorgan 5,000 visas anuales para jornaleros sin especialización, mientras que la economía de los EUA necesita cientos de miles de trabajadores para limpiar hoteles, construir casas y recoger las siembras. El país necesita de esos trabajadores pero los obliga a vivir vidas subterráneas por las anticuadas leyes de inmigración actuales.
Ni los muros, ni los caza inmigrantes podrán detener ni solucionar la situación.
La única manera de poner orden es por canales legales y controlables, mediante los cuales, la mano de obra inmigrante pueda llegar al país y que todos salgan beneficiados.
La gente inteligente entiende esto y entiende que sólo con un programa adecuado y humano de visas para trabajadores temporales, podremos hacer que los inmigrantes y los estadounidenses, obedezcan la ley.
En el senado nacional hay ahora dos propuestas de ley de reforma, proyectos que combinados, podrían adelantarnos bastante hacia la solución de la situación.
El proyecto McCain-Kennedy contiene un programa efectivo para trabajadores temporales. El proyecto Kyl-Cornyn contiene propuestas para asegurar el control de las fronteras. Ambos proyectos se complementan.
Estas posibles reformas no satisfacerán completamente a los indocumentados, pero podría darles a los estadounidenses cierta tranquilidad de que la inmigración sea controlada.
Estos dos proyectos aún dejan pendiente la transición para los 11 millones de clandestinos que se encuentran en los EUA de ilegales a legales. Nunca podremos controlar la situación, si no regularizamos a los que viven ocultos. EUA no va a deportar a 11 millones, muchos de ellos con miembros de sus familias nacidos acá, dueños de casas y pequeñas empresas, personas sin problemas con la ley y que pagan puntualmente sus impuestos.
Por otra parte, los clandestinos de hecho violaron las leyes de los EUA, y tendrán que pagar por ello. Pero una multa financiera adecuada debiera ser el único costo que debieran pagar.
Seguramente ninguna reforma nunca será perfecta. Pero algo debe hacerse de inmediato para detener el actual caos de ilegalidad y de criminalidad existente, y hasta posiblemente de terrorismo.
Lo que se debe hacer es aprobar una ley para restablecer el orden, para que los inmigrantes puedan usar sus energías y deseos de superación, legalmente en beneficio del desarrollo económico y social de los EUA, sin destruir ni quebrar a las entidades de servicios que ahora ya ni siquiera pueden atender a los propios ciudadanos.

¿Y usted que opina?
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