No tan orgulloso de ser americano
Por Michel Leidermann
EL DESASTRE DEJADO POR KATRINA, sacó a la luz muchos de los defectos que existen en los EUA, dejando de manifiesto que no somos "el mejor país" (the greatest) del mundo.
La falta de preparación por parte de las autoridades locales y estatales y luego federales, son parte de esta filosofía de que "a nosotros no nos va a pasar" o de "esperar para creer" (wait and see).
Se sabía que Nueva Orleáns y la cuenca del Mississippi podrían sufrir graves daños en casos de huracanes y marejadas, y los metereólogos ya habían advertido sobre el tamaño y poderío de Katrina.
Sin embargo no hubo preparación.
La Guardia Nacional no fue activada por la gobernadora Blanco para estar lista en caso de necesidad, ni tampoco se almacenaron víveres, agua, y elementos de primeros auxilios para tenerlos a mano en caso de tener que usarlos.
El alcalde ordenó la evacuación, pero no fue obligatoria. Tampoco usó 165 autobuses escolares que tenía a su disposición, para sacar a los que no tenían transporte. Sin embargo no dejó de poner el grito en el cielo para acusar a otras autoridades, de que habían abandonado a su gente.
Los diques de contención de agua no recibieron en los últimos 20 años los fondos necesarios de parte del gobierno federal para reforzarlos y mejorarlos.
Las autoridades a todos los niveles, estaban prevenidos, pero no hicieron nada, o para que algunos no se ofendan: lo suficiente, y ahora naturalmente todos le están echando la culpa a los demás. Este cuento del lobo se hizo realidad en Katrina y ahora hay cientos de Pilatos que están viendo como se lavan las manos.
Todo esto nos impide sentirnos tan orgullosos de ser americanos.
Si comparamos los ataques terroristas sin aviso previo del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York, con Katrina, ciertamente debemos sentir mucha admiración por el alcalde de NY en ese momento, el señor Rudolph Giuliani.
El 9/11 como se conoce, tuvo en Giuliani un líder que tomó control y que respondió con rapidez y decisión a un desastre sobre el cual nadie le había avisado anticipadamente. Los pobres y los ricos sufrieron por igual en NY. Sin embargo el pueblo americano reaccionó a la catástrofe de forma unida y fuerte y con confianza en las autoridades locales.
Había dolor pero también mucho orgullo de ser americano.
En Nueva Orleáns por contraste, nadie se hizo cargo. La autoridad fue imprecisa y las acciones ineficientes. Los ricos pudieron escapar mientras que los pobres quedaron abandonados. Los líderes se daban vueltas mientras que los saqueadores y los criminales hacían las de San Quintín.
La primera regla de los servidores públicos, es que en momentos de crisis se debe proteger a los más vulnerables. Pero en Nueva Orleáns esto fue olvidado. El abandonar a los pobres en la ciudad, fue el equivalente de dejar abandonados a los heridos en el campo de batalla.
No hay disculpas suficientes de porqué los pobladores han perdido la confianza en las instituciones cívicas. Pero basta de quejas, y ahora ¡a ayudar y a reconstruir!
¿Y usted que opina?

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