Inmigrantes ilegales a la merced de patrones abusadores
Para muchos, la esperanza de sustentar a sus familias desde la distancia se ha tornado en un infierno donde se sobrevive en condiciones infrahumanas porque la esclavitud encadena a miles de inmigrantes latinoamericanos indocumentados.
Esa es la tragedia de los inmigrantes que están colocando alimentos en nuestras mesas, limpiando los pisos de hoteles y construyendo las paredes de nuestras casas.
“Los derechos humanos de los campesinos en la Florida están bajo seria amenaza’’, declaró una misiva firmada en marzo por Amnistía Internacional y Human Rights Watch, entre otras organizaciones no gubernamentales, enviada a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Los tres argumentos de la carta: trabajos forzados y esclavitud; condiciones laborales insalubres y falta de acceso al cuidado médico; y salarios que oscilan entre $2,500 y $7,500 anuales, miles de dólares por debajo del nivel de pobreza.
Según cálculos del Proyecto de Justicia para Trabajadores del Campo de los Servicios Legales de la Florida, diariamente más de 100,000 indocumentados que proceden de México y Centro-américa se exponen a peligrosos pesticidas. En las chozas que comparten hasta entre 12 carecen de agua e inodoros.
Muchos viven con un compromiso de deuda con los patrones, porque deben pagar “una cuota, ya que los contratistas los compran directamente de los coyotes’’, explica Tirso Moreno, director de la Asociación de Trabajadores Agrícolas de la Florida.
Moreno relató que desde antes del amanecer, a los inmigrantes los trasladan a los campos de trabajo y no los regresan hasta entrada la noche con la excusa de que deben esconderlos para que “la Migra no los agarre’’.
En Estados Unidos se estima que hay más de 10 millones de mexicanos indocumentados, así como cientos de miles de centroamericanos. Muchos provienen de zonas rurales abatidas por la pobreza que ha germinado a raíz de la corrupción, la polarización de los bienes, la indiferencia por el prójimo, la negligencia gubernamental, políticas económicas erradas y tratados comerciales ineficaces.
Como la población indocumentada se multiplica y sus necesidades apremian, la presión es cada vez menor para que sus empleadores los traten con el respeto básico que merece cualquier ser humano.
En el sur de la Florida, no sólo en la agricultura los latinoamericanos indocumentados son presa del atropello patronal sino también en los sectores de servicios y construcción.
Una investigación del Centro de Estudios Laborales de la Universidad Internacional de la Florida, arrojó el año pasado que los empleados de los condominios de Miami, en su mayoría inmigrantes de Cuba, Colombia y Perú, hacían su labor sin recibir beneficios, pero con largas jornadas y un ingreso promedio de $7.10 por hora.
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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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