El Día de la Raza une a las Américas
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Después de 72 días de navegación, el 12 de octubre de 1492 el marinero Rodrigo de Triana divisó Tierra. Este acontecimiento cambió la concepción que se tenía del planeta y provocó algo que ni siquiera Colón había imaginado: la unión de dos mundos.
El encuentro permitió que América recibiera un gran legado cultural, de adelantos y de expresiones artísticas no sólo occidentales sino también orientales, y que Europa percibiera la riqueza cultural, los avances, el ingenio y el arte del Nuevo Mundo.
En el siglo XIX, al celebrarse el cuarto centenario del descubrimiento, un real decreto firmado en el monasterio de la Rábida el 12 de octubre de 1892 (bajo la regencia de doña María Cristina de Habsburgo), expresaba el claro propósito de instituir como fiesta nacional el aniversario del día en que las carabelas de Colón llegaron a las Indias.
El Día de la Raza fue instituido para unir aquellos pueblos o países que tienen en común la cultura, la lengua, el origen o la religión. Se puede considerar entonces esta fecha como ocasión para detenerse a pensar y ver que las naciones americanas deben ser plurales en lo cultural, lo étnico y lo racial.

Antecedentes del descubrimiento de América
Aunque en el siglo II el astrónomo griego Ptolo-meo ya había presentado la teoría de que la Tierra era redonda, en el siglo XV las supersticiones y creencias populares aseguraban que la Tierra era más o menos plana y que estaba sostenida por cuatro columnas, cuatro tortugas o cuatro elefantes. En los mapas de entonces sólo figuraban Europa, Asia y África. El océano Atlántico era un misterio... Lo llamaban el Mar Tenebroso y, según leyendas de la época, estaba poblado por sirenas, dragones y monstruos que devoraban a los marinos.
Entre los siglos VII y IX los pueblos árabes de Asia y Medio Oriente se expandieron por el norte de África hasta España y Portugal y abrieron una ruta comercial con Asia. Esto benefició a Europa, que empezaba a recibir de Oriente sedas, oro, piedras preciosas, azúcar, especias y, también, esclavos.
En el siglo XVIII un comerciante veneciano llamado Marco Polo realizó un viaje que duró 24 años por Oriente hasta llegar al Imperio Chino. Esta experiencia entusiasmó a otros mercaderes venecianos y genoveses, que se lanzaron a la aventura del comercio con Oriente, como China e India.
En 1453 los turcos tomaron Constantinopla, se expandieron hasta ocupar el este europeo y cerraron la ruta comercial con Asia. Este acontecimiento, perjudicial para Europa, obligó al Viejo Continente a buscar nuevas rutas hacia Oriente.
Para los antropólogos es casi seguro que el origen de la población americana está estrechamente vinculada con pueblos de Melanesia, Polinesia y Australia, quienes posiblemente ocuparon tierras sudamericanas antes de la Era Cristiana.
Según otras investigaciones, en el siglo IX los vikingos, que eran guerreros noruegos y excelentes navegantes, se rebelaron contra su rey y partieron hacia Islandia. Un año más tarde, Erick El Rojo fue expulsado de allí y se estableció en una isla cercana a la que llamó Groenlandia ("tierra verde").
En el año 1000, Leif el afortunado, hijo de Erick el Rojo, emprendió un viaje marítimo de exploración y llegó a América, a una región que llamó Hellulandia (hoy, Labrador). También alcanzó la actual Terranova y una región que denominó Vinlandia o País de Las Viñas (hoy, Nueva Escocia). Un año más tarde, otro vikingo, Thorfinn Karlsefne, partió hacia Vinlandia y se estableció allí junto con 160 hombres.
La visión de Cristobal Colón
El recuerdo de estas expediciones vivió solamente en la memoria de los habitantes de Islandia. Hay quienes aseguran que incluso Colón tuvo noticias de ellas, pero no hay ninguna prueba de que esto fuera cierto. Si bien desde un punto de vista rigurosamente histórico estos hechos podrían considerarse como el verdadero descubrimiento de América, también es cierto que los mismos no tuvieron la trascendencia de los viajes de Colón.
El 3 de agosto de 1492, una vez conseguido el apoyo de los Reyes Católicos, Colón partió de Puerto de Palos (España) con dos carabelas (la Niña y la Pinta) y una nave (la Santa María). Los hermanos Martín y Vicente Pinzón tomaron el comando de las dos carabelas y Colón dirigió la nave. En total, la tripulación estaba formada por 120 hombres.
Navegaron por la costa africana hasta alcanzar las Islas Canarias. Desde allí partieron hacia el oeste, con los vientos alisios a favor. El cruce del océano fue una verdadera odisea: la desesperación de nunca llegar a tierra provocó algunos amotinamientos en la tripulación. Así fue como, después de navegar más de dos meses y debido a la presión, Colón les prometió que si en tres días no avistaban tierra firme regresarían a España.
El 12 de octubre de 1492 desembarcaron en la isla Guanahaní (hoy, San Salvador). Pero en lugar de encontrar el Reino del Gran Khan descripto por Marco Polo, rico en oro y especias y con una ciudad imperial de príncipes montados sobre elefantes, Colón se topó con aborígenes desnudos. De todos modos, creyó erróneamente haber llegado a las Indias y fue por eso que llamó indios a sus habitantes.
Después de explorar el archipiélago de las Bahamas y Cuba, descubrió otra isla, a la que bautizó La Española (hoy Haití y República Dominicana). Allí, en un lugar de mucho oro, construyó un fuerte con los restos de la carabela Santa María (que había naufragado al estrellarse contra un arrecife). Lo llamó Navidad y fue el primer asentamiento español en el Nuevo Mundo.
El 4 de enero de 1493 Colón regresó a España con las dos carabelas que le quedaban, después de dejar en el fuerte un grupo de 39 hombres ansiosos de riquezas. Ya en España, presentó con orgullo ante la Corte a 6 aborígenes, además de aves, frutos y algo de oro de las Indias.
Con la confianza y la protección de los Reyes Católicos, Colón partió en su segundo viaje, de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, al mando de 17 barcos y 1200 hombres.
Cuarenta días más tarde descubrió las Antillas y la isla de Puerto Rico. Pero hacia fines de noviembre llegó a La Española y encontró su fuerte destruido: los 39 voluntarios habían sido asesinados.
Colón fundó entonces allí un nuevo asentamiento, al que llamó Isabela, en honor a la reina de España. Pero la falta de víveres y las enfermedades hicieron estragos entre sus hombres. Parte de la expedición regresó debilitada y enferma a España en 12 barcos.
En abril de 1494 Colón siguió explorando el Mar de las Antillas con apenas 3 carabelas. A pesar de sus esfuerzos por encontrar el continente (las Indias, el Japón, el Imperio Chino...), sólo se topó con otra isla (Jamaica) y poco oro.
Pero cuando volvió a Isabela se encontró con graves problemas. Los españoles obligaban a los indios a que les entregaran el oro y se mataban entre sí. Tampoco llegaban buenas noticias de España: muchos de los que habían regresado criticaban a Colón ante la Corte y lo denunciaban como un pésimo administrador en las nuevas colonias de las Indias. El navegante genovés retornó entonces a España. Allí presentó su defensa ante los Reyes Católicos.
El 30 de marzo de 1498 Colón volvió a zarpar por tercera vez desde Sanlúcar de Barrameda con 6 naves y, el 31 de julio, llegó a la isla Trinidad. De allí pasó a las costas de Venezuela (sin saberlo, se encontraba por primera vez con el continente).
Pero pronto volvió a La Española, que había quedado bajo el control de sus dos hermanos (Bartolomé y Diego), y se encontró con que los colonos españoles se habían sublevado debido a la fiebre del oro, la inadaptación al clima y la severa disciplina impuesta por Bartolomé. Colón hizo entonces ahorcar a varios, pero sólo logró aumentar las rebeliones.
Francisco de Bobadilla llegó a La Española en el año 1500, enviado por los reyes. Al enterarse de los métodos represivos de Colón, lo hizo arrestar junto con sus hermanos y los envió encadenados a España.
En consideración a sus servicios prestados, la Corte retiró los cargos a Colón, quien, prácticamente, dejó de contar con la confianza y el apoyo de la reina y los cortesanos.
El 13 de abril de 1502 partió con 4 carabelas en su cuarto y último viaje ,aún con la esperanza de encontrar el Imperio del Gran Khan, pero recorrió Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.
Violentas tempestades destrozaron sus naves y sólo con los últimos restos consiguió llegar a Jamaica. Allí fue rescatado muy enfermo y devuelto a España en el año 1504.
Dos años más tarde, falleció.
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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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