Huracanes cambian valores de americanos
Por Michel Leidermann
UNA RECIENTE ENCUESTA INDICA que Katrina hizo a muchos reconsiderar algunas percepciones sobre la vida estadounidense, desde la seguridad y las relaciones raciales hasta los gastos y el lugar donde vivimos, superando a otras preocupaciones nacionales. A la pregunta de cuáles deben ser las prioridades nacionales, los encuestados dieron prioridad a la economía, los precios del petróleo y la guerra de Irak. Pero cuando se agregó a la lista la recuperación de Katrina, esa preocupación superó todo lo demás.
Uno de cada tres estadounidenses considera que la lenta respuesta a los problemas ocasionados por Katrina en la costa del golfo afectaron las relaciones raciales. Dos tercios consideran que el alza de precios del crudo causará apremios a sus familias. Y la mitad tiene la misma opinión acerca de los elevados precios de los comestibles.
La crisis de Katrina tiene elementos indisputables de raza y clase social (con las imágenes de residentes de Nueva Orleáns, mayormente pobres y negros, refugiados en los tejados o esperando autobuses para su evacuación, pero olvidando que la gran mayoría de los pobladores de la ciudad son negros), muchos estadounidenses se preocupan acerca de nuevas tensiones sociales en el país. Las escenas por televisión eran imaginables en Haití, Centroamérica o África, pero no aquí. El huracán Katrina ha dejado al descubierto algunas debilidades de esta nación.
Lo que pasó es que la catástrofe natural fue empeorada por la ineficacia y la ceguera gubernamental. Primero, hubo una pésima preparación (no hubo mucha) ante un huracán de la magnitud de Karina. Y segundo, se dio una lenta, e inadecuada respuesta.
El fracaso se medirá en dólares y en vidas destrozadas y unas 1,000 muertes según las últimas proyecciones. También el gobierno de Estados Unidos, no aceptó ayuda de otros países hasta más de una semana después del desastre. Se entiende, que haya rechazado las ofertas de Cuba y Venezuela. Pero se tardaron en darle la bienvenida a 196 soldados mexicanos para ayudar y cuando dieron el permiso de entrada 14 días después, ya no había vidas que salvar. Nunca sabremos si la tardanza fue por nacionalismo o burro-cracia.
La responsabilidad de esta tragedia va más allá de la Casa Blanca. Por ejemplo, Michael Chertoff, el secretario de seguridad interna, y Michael Brown, el entonces director de FEMA, no sabían que en el Centro de Convenciones de Nueva Orleáns había 25,000 refugiados. ¿Acaso Chertoff y Brown no miraban televisión?
Y cuando no hay gobierno, hay vacío de autoridad. No todos los que saquearon tiendas y supermercados en Nueva Orleáns son delincuentes. Cuando pasan varios días sin comer, sin tomar agua, sin dormir y sin recibir ayuda y ves a tu familia sufrir y has perdido casa, auto y trabajo, entonces se hacen cosas desesperadas. Katrina engañó a todos: a los meteorólogos que se equivocaron en sus pronósticos, a las autoridades que no previnieron a tiempo el gran peligro, y de los residentes que creyeron que ésta sería otra tormentita.
Es obligatorio que haya una investigación profunda sobre lo que falló antes, durante, y después, por una comisión independiente integrada por personas que no teman repercusiones por criticar a la Casa Blanca y a sus subordinados.
¿Y usted que opina?
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