¡Dos Clinton por uno!
Por Michel Leidermann
Por más de 16 años, los electores de EUA han tenido que hacer frente a los Clinton: dos por el precio de uno.
En primer lugar, en las elecciones de 1992, fue Bill el electo, pero también incluía a Hillary. Ahora, ambos estarían de vuelta en la Casa Blanca. Al nombrar Barack Obama a Hillary como su Secretaria de Estado, también de paso obtiene a Bill.
La preferencia inicial en 1992 parecía fácil al principio mientras Hillary Clinton deslumbraba al mundo político con su talento. Pero sólo duró hasta que el presidente Bill le asignó la tarea de proponer una reforma del fallido sistema de salud de la nación. Sus deliberaciones complejas y secretas llevaron el plan al fracaso y le ganaron a Hillary su defunción política en ese momento.
Más tarde, después de que ella adoptó un perfil más bajo en la administración de su marido, la ganga del dos por uno fue rebajada, y ella logró resucitar su reputación política.
Una buena parte de su regreso al prestigio fue la forma en que se manejó estoicamente a través del escándalo sexual que llevó a Bill a un juicio político en el Congreso, pero finalmente del que fue absuelto por el Senado.
En 2000, Hillary surgió por derecho propio, ganando un escaño en el Congreso de los EUA como senadora por el Estado de Nueva York, gracias al considerable apoyo a su campaña por parte de Bill, y desde entonces actuando con diligencia y eficacia en el Senado.
Ella hizo tan buen trabajo, de hecho, que al momento en que la carrera presidencial para el 2008 comenzó a desenrollarse, ella iba a la cabeza para obtener la nominación Demócrata.
El éxito en las elecciones tiene un modo de curar, o al menos despejar las diferencias entre los miembros del partido. Pero la perspectiva de que Hillary sea parte del gabinete de Obama, e inevitablemente igualmente incorpore a su marido en una especie de papel no oficial, ya ha planteado interrogantes acerca de ¿cuánto se puede creer en el Cambio? Esto es especialmente cierto por el gran número de funcionarios veteranos de la ex administración Clinton, que ya participan en el equipo de transición de Obama o han sido nominados para el gabinete.
Más allá de eso, existe la grave cuestión sobre negocios y asuntos financieros de Bill, en términos de conflictos de intereses reales, potenciales o percibidos. Obama se ha comprometido a frenar la influencia de los intereses especiales (corporaciones) en su administración. El cuestionario detallado que se requiere Hillary responda como un solicitante de empleo federal, presumiblemente ahondará igualmente en las relaciones post presidenciales de Bill.
Cabe preguntarse porqué Obama quiere lidiar con esta adicional situación complicada, cuando tenía otras opciones claramente calificadas para el puesto, como el Gobernador Bill Richardson de Nuevo México, un legislador y ex embajador ante las Naciones Unidas, o el senador y ex candidato presidencial, John Kerry de Massachusetts.
Obama, supuestamente eligió para Vicepresidente al senador Joe Biden por su experiencia en política exterior. Si tanto quería a Hillary, ¿por qué no la tomó como su compañero de formula y mantuvo contentos a tantos de los fieles seguidores de Hillary?
Ningún presidente recién elegido tiene que empezar su mandato con controversias auto-infligidas. La selección de Hillary para el Departamento de Estado podría ser un golpe maestro, pero Obama ya tiene un plato lleno de otros problemas sin tener que agregarle esa nominación.
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par Michel Leidermann
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