Automotrices terminan 2008 al borde de la bancarrota
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Ningún fabricante de automóviles del mundo logró escapar en 2008 a la tormenta que sacude el ramo y que puede costar sangre, sudor y lágrimas, aun cuando en algunos países el Estado pueda acudir en socorro de una industria rica en mano de obra.
En Washington, los tres gigantes estadounidenses -General Motors (GM), Ford y Chrysler- terminan el año logrando del Congreso una ayuda condicionada para los dos primeros, de $13.400 millones para salvarse de la quiebra.
La crisis del crédito resultará sin duda cruel para las 'Tres grandes' de Detroit, en un contexto en que los bancos no quieren prestar dinero a los consumidores. Pero los sinsabores de los fabricantes son merecidos por el error de producir vehículos demasiado voraces en tiempos de precios elevados del petróleo.
GM y Chrysler advirtieron de que podrían quebrar a comienzos de 2009 si no recibían ayuda estatal, ante la reticencia de los políticos a socorrer un sector que de todas formas puede estar condenado por la competencia extranjera.
Incluso después de que Washington decidiera socorrer a una industria que emplea a uno de cada 10 obreros en Estados Unidos, la quiebra de uno de los fabricantes sigue siendo posible. Los problemas de los fabricantes no se resolverán de un día para otro, porque seguirán sufriendo una bajada de la demanda inédita en el mundo.
En Europa como en Asia, los fabricantes deben recurrir a las vacaciones forzosas ante una bajada de las ventas que ha superado con amplitud el 40% en muchos países durante los últimos meses.
Los países emergentes no se salvaron de la crisis, ni siquiera Brasil o incluso China, donde el crecimiento del mercado alcanzó entre el 20% y el 30% en los últimos años y donde el número de nuevas matrículas cayó un 10% en diciembre.
La crisis supone una redistribución del mercado en todo el mundo. Toyota está a punto de convertirse en número uno del sector, superando a General Motors, mientras que Volkswagen ya desplazó a Ford al tercer lugar en la clasificación.
Como señal de los tiempos, Ford tuvo que vender las prestigiosas marcas británicas Jaguar y Land Rover a la firma india Tata y puede deshacerse de la sueca Volvo, mientras GM estudia la venta de Saab.
Pero las dificultades financieras enturbian el juego: GM renunció a fusionarse con Chrysler, y en Alemania, Porsche tuvo que hacer lo mismo respecto a Volkswagen. Estos mismos problemas de liquidez amenazan con frenar el avance hacia modelos más económicos en combustible.
En Asia, incluso el todopoderoso Toyota tuvo que advertir en noviembre de que sus ganancias iban a caer este año a su nivel más bajo en nueve años, al tiempo que Honda y Nissan formularon una advertencia similar a sus inversionistas, como también hizo la alemana BMW.
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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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