Los hijos americanos de los indocumentados
Por Michel Leidermann
HABLEMOS CLARO: EN TANTO QUE muchos empleadores prefieran trabajadores de fuera para que hagan las labores que muchos americanos no quieren hacer aunque estén desempleados por considerarlos denigrantes y mal pagados, la ola de inmigrantes no va a bajar. Para muchos inmigrantes ese trabajo duro y mal pagado, es la solución a la necesidad de sus familias en sus países de origen. Y muchos de ellos vienen de ser miserables allá, para ser pobres aquí.
Un hecho es innegable: mientras haya pobreza en un lado de la frontera y trabajo en el otro, van a seguir viniendo. No importa que se lo hagan cada vez más difícil, que sea cada vez más peligroso, ni aunque levanten muros para aislarlos en esa pobreza.
La única solución es que promulguen una reforma inmigratoria práctica para traer a los trabajadores que necesitan acá, pero en forma organizada. No debe ser una ley racista, ni elitista, ni explotadora, como lamentablemente sucedió con los braceros años atrás.
Estados Unidos presume de no ser racista, pero actúa como si lo fuera. Necesitan mano de obra barata, pero no quieren a los indocumentados aquí. Se permite explotar a aquellos que no pueden reclamar por aquello de la Migra y por la comodidad política de tener a quienes echarle la culpa de todas las desgracias, por sus propios malos manejos y el déficit presupuestario. Esa absurda contradicción es la que ha impedido encontrar una solución adecuada a un problema que indiscutiblemente existe.
Sólo que actualmente hay un gran número de indocumentados que además tienen muchos hijos y esos hijos, que sí nacieron en EUA, son americanos, con los mismos derechos que cualquier otro ciudadano de este país.
La Constitución establece que el nacido aquí es estadounidense y punto. Aún se empeñan en discriminar a esos niños de tez más oscura y que hablan medio inglés y medio español, pero que son americanos. Ven a esos ciudadanitos también como indocumentados e invocan costos educativos adicionales sin base y sin razón.
Pero el problema existe, y no van a poder deportar a todos los padres indocumentados ni poner a los americanitos en un orfanato. Por eso más vale pensar en serio cuál es el camino a seguir. Quejarse de que hayan venido, de que estén aquí y de que aún estén llegando, es válido, pero no sirve para resolver el problema que tenemos.
Además del problema político de que si estos inmigrantes llegaron con o sin visa, sus hijos tienen el derecho de ser educados respetando sus orígenes y su cultura, dándoles una mano con sus necesidades especiales (idiomáticas y económicas), permitiéndoles soñar con una superación en todos los niveles. Pero las trabas existen, con inefectivos programas de integración, falta de apoyo para que aprendan inglés, y con dificultades económicas para aspirar a una educación superior, en lugar de incentivarlos e incorporarlos a la comunidad americana que por derecho de nacimiento tienen. Y ni hablar de aquellos niños indocumentados que fueron traídos por sus padres con sólo meses de edad y que no conocen otra patria que la Unión Americana. Para ellos el problema es aún mayor.
¿Y usted que opina?
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