Los sacerdotes y el celibato
Muchos católicos ignoran que los sacerdotes y obispos no tenían prohibido el matrimonio durante los primeros diez siglos de vida cristiana. Además de San Pedro, otros 6 Papas vivieron en matrimonio y 11 Papas fueron hijos de otros Papas o miembros de la Iglesia, sin que ese linaje afectara la santidad de sus actos.
Hasta el Concilio de Elvira (Granada, España), que lo prohibió en el año 306, un sacerdote podía incluso dormir con su esposa la noche antes de dar misa. Eso cambió 19 años más tarde, cuando el Concilio de Nicea estableció que, una vez ordenados, los sacerdotes no podían casarse.
En 1073, Gregorio VII impuso el celibato. Uno de sus teólogos, Pedro Damián, dictaminó que el matrimonio de los sacerdotes era herético, porque los distraía del servicio al Señor y contrariaba el ejemplo de Cristo. Si bien la intención del Papa era restaurar la derruida moral del clero y purificar a la feligresía con ejemplos de castidad, numerosos historiadores suponen que la decisión de imponer el celibato fue también un medio para evitar que los bienes de los obispos y sacerdotes casados fueran heredados por sus hijos y viudas en vez de beneficiar a la Iglesia.
En 1123 el Concilio de Letrán decretó la invalidez del matrimonio de los clérigos y, como la norma no hallaba completa obediencia, 16 años más tarde el segundo Concilio de Letrán la reconfirmó.
¿Cuál es el sentido de reprimir las expresiones de la sexualidad, no sólo entre los clérigos, sino también en la vida diaria? ¿Qué gana la fe católica con eso? Se teme que el placer distraiga de la oración, de la relación con Dios, pero el menosprecio de la mujer en los seminarios y la contradicción de los impulsos naturales del hombre, en realidad no fortalecen los vínculos entre la Iglesia y el pueblo de Dios. El celibato obligatorio suele desanimar algunas vocaciones sacerdotales, provoca defecciones en el clero y desviaciones de una conducta ejemplar.
La inflexibilidad de la doctrina crea entre los católicos la pregunta sobre el sentido de normas creadas por la Iglesia hace 10 siglos, que no existían antes y no tendrían porqué existir para siempre. Jesús predicó la humildad, el amor a Dios y a los semejantes. Sus lecciones de vida siguen siendo claras. A veces, en el afán por interpretarlas, los seres humanos las oscurecen. Jesús escogió hombres casados para ser sus apóstoles; por este motivo, los primeros sacerdotes eran casados.
El Papa Juan Pablo II declaró que "El celibato no es esencial para el sacerdocio; no es una ley promulgada por Jesucristo".
El escaso reclutamiento de sacerdotes y su retención después de su ordenación, se atribuyen a problemas con el celibato obligatorio.
La sexualidad no es algo secundario, meramente “instintivo”: nos constituye como persona, hombre o mujer, es algo íntimo que modela los sentimientos, forma de pensar, proyectos y realizaciones, da una concepción de las cosas, requiere una educación adecuada, y tiene una íntima conexión con lo religioso, define de algún modo la relación esponsal con Dios.
Se manifiesta también en el modo de relacionarse con los demás y en la actuación social, el modo de realizar el trabajo o vivir en familia, las expresiones artísticas, da una sensibilidad ante la vida y el mundo y los demás, determina admiración y simpatía mutuos entre el hombre y la mujer. La pregunta es ¿qué haría Jesús?
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