Conocimiento cultural es básico en reforma del sistema de salud
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Viajar a otros países puede resultar muy frustrante si no se habla el idioma del lugar. Ordenar platillos se convierte en un una empresa para mimos, repleta de gestos exagerados y gruñidos significativos. Y hasta un simple pedido de ayuda a un transeúnte para encontrar un lugar determinado se convierte en pura futilidad.
No obstante, a pesar de la frustración, los viajes al exterior por lo general valen la pena.
Imagínense si tuviésemos que enfrentarnos con la misma barrera idiomática (y todas las barreras culturales) cuando vamos al médico. Sería muy difícil comunicar nuestras preocupaciones en cuanto a la salud. Los profesionales de la salud, incapaces de comprender la situación del paciente, se verían limitados en su capacidad para elaborar y comunicar un plan de tratamiento eficaz. En resumen, la atención de su salud se vería gravemente comprometida.
Millones de integrantes de minorías se enfrentan diariamente con esta realidad en los Estados Unidos. La falta de entendimiento cultural entre proveedores de atención de la salud y poblaciones minoritarias constituye un problema básico de la salud pública. A medida que los legisladores elaboren la reforma del sistema de salud en los próximos meses, es importante que intenten resolver este problema que viene afectando el sistema de salud de Estados Unidos desde hace mucho tiempo.
Si bien el problema de la competencia cultural entre los médicos recibe muy poca atención de los medios de comunicación, hace mucho tiempo que sabemos que las barreras idiomáticas y culturales contribuyen a las disparidades en la calidad de la atención médica que afligen a las poblaciones minoritarias.
Estas desigualdades están bien documentadas. Diversos estudios demuestran que las mujeres afroamericanas, latinas, amerindias y de las islas del Pacífico tienen una probabilidad de dos a cuatro veces mayor que las mujeres blancas, de contraer diabetes.
Si bien los factores básicos que influyen sobre estos problemas son muchos (barreras económicas y geográficas, barreras que obstaculizan la atención médica, variaciones en la preponderancia de determinadas enfermedades y disponibilidad de servicios médicos), sabemos que las diferencias culturales, idiomáticas y de comunicación no verbal entre paciente y médico constituyen un factor de suma importancia.
Es bueno saber que es posible reducir estas disparidades mediante una reforma integral del sistema de atención de salud.
Consideremos el panorama demográfico. Si bien los afroamericanos, latinos y amerindios constituyen más de un 25 % de la población, el porcentaje de enfermeros y médicos provenientes de dichos grupos representa tan solo el 9% y el 6% respectivamente. Según la oficina del Censo, se calcula que para el año 2050 la población afroamericana habrá llegado al doble, mientras que la población latina y asiática probablemente se habrá triplicado.
Con el fin de remediar la escasa representación de las minorías en la atención de salud y mantenerse al ritmo de dichos cambios demográficos, los legisladores podrían incluir en la próxima propuesta de ley para la reforma completa del sistema de atención de salud, una política tendiente a atraer a las minorías al campo de la salud. Necesitamos un mayor número de investigadores en medicina, peritos en política pública, médicos, enfermeros y otros profesionales asociados a la industria médica que pertenezcan a las minorías.
Es más probable que los especialistas en atención de la salud que provienen de minorías tengan una mayor sensibilidad por los matices étnicos y culturales de sus respectivos grupos culturales, por lo tanto están mejor capacitados para responder a las necesidades singulares de los integrantes de dichos grupos.
Después de todo, la relación entre paciente y profesional se basa en la confianza mutua. Solo es posible desarrollar dicha confianza mediante una comunicación eficaz y una comprensión genuina. A medida que aumenten la confianza y la comprensión entre paciente y profesional, será más fácil compartir información libremente, las afecciones se entenderán mejor y las opciones de tratamiento se podrán explicar más claramente.
Asimismo, los programas comunitarios de detección temprana, prevención y atención médica integral se podrán beneficiar con la inversión en una mayor competencia cultural. Estos programas tienen el propósito de educar a la gente sobre enfermedades de alta preponderancia como la diabetes y el asma y problemas medioambientales importantes que pueden afectar la salud.
Conviene considerar que el mejoramiento de la competencia cultural de los profesionales de la atención de la salud en Estados Unidos es un componente necesario para llevar a cabo una reforma coherente del sistema de atención de la salud. En estos momentos, con el impulso hacia una reforma completa del sistema de atención de la salud, el Gobierno de Obama y el Congreso cuentan con una gran oportunidad para mejorar nuestro sistema de forma que preste servicio por igual a todas las poblaciones, independientemente de la raza y el origen étnico.
Jason Leon es el Director Ejecutivo del Consejo Laboral para el Progreso Latinoamericano (Labor Council for Latin American Advancement).
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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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