No lo arreglamos con una cervecita
Por Michel Leidermann
El reciente incidente entre un sargento de policía blanco de la ciudad de Cambridge y un profesor universitario negro de la universidad Harvard, ambos en Massachussets, volvió a colocar en primera plana el problema del racismo en los EUA.
La invitación del presidente Obama a los dos protagonistas principales del caso para ir a la Casa Blanca a tomarse una cervecita con el y hablar sobre el problema tratando de apaciguar los ánimos, en mi opinión, fue la segunda metida de pata del presidente. La primera fue naturalmente decir que la policía actuó “estúpidamente” al arrestar al profesor quien se resistió a las órdenes del policía. No repetiré los detalles del incidente porque pienso que los lectores ya saben lo que sucedió y lo que cada protagonista alega. Pero pienso que cuando un policía pide los documentos o una acción, los civiles deben obedecer y no discutir, lo que sólo gava la situación. Las personas tienen el derecho de exigir que el oficial se identifique y pueden hacer un reclamo oficial contra él si piensan que se excedió en su autoridad. Pero no discutir ni resistirse, pues eso crea la justificación para un arresto.
Pero a lo que realmente voy, es que muchos pensaban que con la elección del primer presidente negro, la discriminación y el racismo se acabaría en los EUA. Nada más lejos de la realidad.
Los americanos han heredado de sus antepasados todo lo bueno y todo lo malo. Entre lo malo el racismo. Pero resulta que los morenos, o africano-americanos para llamarlos políticamente correctamente, no dejan que los blancos se olviden de las culpas de sus padres, abuelos, bisabuelos, etc. Se las recuerdan cada vez que no son tratados con simpatía y especial consideración, pues entonces de inmediato aparece la acusación de racista. Los blancos no tratan a todos los blancos con simpatía y especial consideración. Tampoco lo hacen los negros con los demás negros. La gente puede ser ruda y ofensiva con cualquier otra persona y no sólamente con los de un color diferente
El racismo en los EUA contra los morenos cambiará cuando los mismos dejen de quejarse todo el tiempo y realmente aprovechen las oportunidades que el sistema les brinda. Muchos lo han hecho demostrando que si se puede.
En Latinoamérica tenemos racismo también, pero es más bien un racismo socioeconómico y no por el color de la piel. Los ricos siempre discriminan contra los pobres, sin importar su raza. Argentina, Chile y El Salvador, por ejemplo, no tienen negros porque las autoridades así lo dispusieron en el pasado. Y sin embargo 30% de Latinoamérica es negra o mulata. En algunos países y ciudades, muchísimo más. También en Latinoamérica discriminan contra los “indios”, aquellos indígenas nativos que eran los dueños de las tierras antes que llegaran los españoles.
Acá en EUA, mataron a casi todos los indígenas para quedarse con sus tierras y de paso se inventaron una invasión a México para quedarse con buena parte del territorio azteca. Ahora los indígenas tiene privilegios especiales (especialmente construir casinos con liberación de impuestos) para pagar por pecados de gobiernos pasados.
Los anglosajones no discriminan contra los negros únicamente, sino contra todos los que no son rubios de ojos azules y cristianos reformistas.
Pero este país ya no es más un crisol que funde a todos los inmigrantes (melting pot), sino más bien una tremenda ensalada de colores, culturas, y nacionalidades.
Eso no lo arregla una cervecita con el presidente.
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