¿Cómo solucionar el problema de la salud?
Por Michel Leidermann
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n La subida impla-cable del alto costo de los cuidados médicos ha dejado a muchos americanos empantanados en sus posibilidades de pagar sus cuentas médicas.
A nivel nacional el 55% de los trabajadores obtiene su cobertura médica a través de su patrón. (En Arkansas lo hace sólo el 46%).
Sin embargo los trabajadores se quejan de que no pueden permitirse las altas primas mensuales y los deducibles del seguro médico . Los pacientes rechazan cuidados recomendados para no pagar los altos co-pagos de su bolsillo. Los patrones están reduciendo o eliminando los beneficios de seguros de salud, forzando a millones de sus empleados a quedarse sin cobertura de cuidados médicos (en el 2005 había 44.8 millones de personas sin seguro de salud, un 15.3% de la fuerza laboral total del país). Se estima que para el 2012 habrá unos 54 millones de personas sin seguro.
Mientras los Estados y el gobierno federal buscan como enfrentar los mayores costos de programas públicos de salud como SCHIP, Medicare y Medicaid, el 16% de la economía de los EUA está siendo gastada en el cuidado de la salud.
Las primas del seguro de salud para familias, aumentaron en 87% desde el 2000 hasta ahora, mientras que los sueldos sólo aumentaron alrededor del 20% durante ese mismo período.
Los costos del cuidado médico en EEUU son de lejos más altos que en cualquier otra nación avanzada, ya sea medidos en los dólares totales gastados por persona, o como porcentaje de la economía nacional.
Y los costos de salud en EEUU se han incrementado más rápidamente (un 4.5% anual) que la economía general del país o que los ingresos personales en los últimos 40 años, una tendencia que no puede continuar por siempre y que debe ser detenida. Sólo en el 2006 los costos aumentaron 7.7%.
Es la peor crisis fiscal a largo plazo que enfrenta la nación, mayor aún que la del Seguro Social que en algunos años estará sin suficientes fondos para pagar las jubilaciones prometidas. Una crisis que exige una solución eficaz, pero encontrarla no será fácil ni agradable.
Al contrario de la creencia popular, éste no es un problema causado principalmente por el envejecimiento de la generación de los baby boomers (nacidos post segunda guerra y que en los próximos 10 años jubilará a unos 72 millones de personas), o los altos precios de las medicinas, o por los frecuentes juicios por negligencia médica que originan una prestación de servicios defensiva con más y hasta a veces, innecesarios exámenes por parte de doctores y hospitales.
Casi todos los economistas convendrían en que la causa principal del alto gasto médico, es que somos más ricos que otros países y por ello, dispuestos a gastar más.
Pero los analistas han encontrado que gastamos bastante más de lo que justificaría la mera riqueza. Y gastar más no necesariamente significa obtener mejores cuidados ni resultados.
Esto es sobre todo porque pagamos a los hospitales y a los doctores, más que en la mayoría de los otros países. Confiamos más en los especialistas caros que abusan de las tecnologías avanzadas (como exploraciones de CT y máquinas de MRI), y que recurren a los procedimientos quirúrgicos o médicos más costosos, con más frecuencia de que lo hacen los médicos en otros países. Esto porque sus empleadores y las aseguradoras estimulan a los médicos a facturar más.
Las compañías aseguradoras tientan a los médicos con incentivos económicos para que utilicen procedimientos médicos costosos pero no claramente justificables ni necesarios.
Y los costos administrativos y de comercialización de las aseguradoras y de las compañías administradoras de servicios de salud (HMO) en los EEUU, no son costos en que incurren otros países que tienen un sistema de salud diferente.
Pero si el costo de los cuidados médicos continúa en su misma trayectoria como hasta ahora, los EEUU alcanzarán el punto donde cada centavo del aumento anual del producto interno bruto, tendría que ir para el cuidado médico y no para otros servicios a la comunidad.
Habría menos dinero aún para cosas como la educación, la protección del medio ambiente, la investigación científica y la seguridad nacional, cosas que pueden ser igualmente o más importantes para el bienestar general de la sociedad.
Los Estados ya se están quejando de que tienen que recortar algunos servicios vitales como en educación, para afrontar los altísimos costos de Medicaid.
Y el gasto federal en Medicare y Medicaid está aumentando en porcentajes que elevarán aún más el déficit fiscal nacional. Eso significa que los políticos tendrán que aumentar impuestos, cortar peligrosamente una amplia gama de programas gubernamentales, o reducir el alcance de los programas de salud.
La pregunta es ¿Qué se puede hacer para bajar el gasto del cuidado médico y su continuo aumento año a año?
Si los médicos tuvieran mejor información sobre cuales tratamientos son masa efectivos y para cuales pacientes, y si las ventajas fuesen conmensuradas con los costos, el tratamiento innecesario podría ser eliminado, los ahorros podrían ser substanciales, y el cuidado del paciente mejoraría sin duda.
Podría llevar una década, o varias, para completar los estudios de eficacia, modificar las leyes relacionadas, y cambiar el comportamiento de los médicos.
Por un breve período en los años 90, parecía como si las HMO, que competían por tener más pacientes y que analizaban cuidadosamente la atención prestada, pudieran rebajar los costos y mejorar la calidad, ambos al mismo tiempo.
Las HMO ayudaron a frenar los costos por algunos años. El problema fue que los médicos y los pacientes odiaron el sistema que los controlaba y cuestionaba, su administración se volvió apática, y el aumento de costos recomenzó.
El sistema americano de atención médica está atrasado en relación a otros sectores de la economía - y por detrás de sistemas médicos extranjeros - en la utilización de computadoras, expedientes de salud electrónicos, y las tecnologías para compartir información que pueden mejorar considerablemente la eficiencia de los servicios.
No hay duda de que una automatización extensa podría reducir grandemente el papeleo de médicos y hospitales, disminuiría los errores en la medicación, y reduciría la repetición costosa de exámenes de diagnóstico, cuando los pacientes van de un doctor a otro, ya que su historial médico estaría disponible en línea para todos los prestadores de servicios que atiendan a un mismo paciente.
Todos parecen estar de acuerdo de que la medicina preventiva (como el control del peso, el ejercicio, mejor nutrición, dejar de fumar, chequeos regulares, exámenes detallados de laboratorios, y el uso juicioso de drogas para reducir riesgos secundarios), mejoraría no solamente la salud, sino que también reduciría los costos a la larga.
La medicina preventiva cuesta dinero - alguien tiene que aconsejar a los pacientes y examinarlos por posibles enfermedades - y no está claro cuan pronto se realizarían ahorros substanciales, como por ejemplo si todos los bebés se hicieran chequeos preventivos con regularidad. Muchas personas que recibirían cuidados preventivos, quizás nunca se enfermen y ese dinero se “malgastaría”.
Comparando con otros países, los americanos pagan mucho más por las mismas medicinas de marca y menos por las medicinas genéricas y de venta libre. Sería beneficioso permitir que Medicare negocie directamente con los fabricantes farmacéuticos, precios más bajos y/o permita que medicinas más baratas sean importadas desde el extranjero.
Y los planes de protección al consumidor tienen limitaciones. Una parte del gasto del cuidado médico es incrementado por un pequeño número de pacientes graves, cuyas cuentas médicas son tan altas que ya no son aceptadas por las aseguradoras, pero que difícilmente serán disuadidos a renunciar a esa atención tan cara que necesitan desesperadamente para seguir viviendo.
Por otra parte, pocos consumidores tienen la capacidad o el conocimiento para poner en duda las recomendaciones de un doctor por más exámenes y más tratamientos.
Debe quedar claro que no hay una solución mágica para frenar los altísimos costos del cuidado médico. Una amplia gama de factores contribuyen a las alzas y necesitan ser abordados simultáneamente, sin garantía de que tendrán un impacto substancial en el futuro cercano. Nuevas iniciativas privadas están surgiendo ante la gravedad de la crisis. La empresa Wal-Mart fue pionera con un programa para la venta de medicamentos genéricos por $4 por un suministro de 30 días. La lista de remedios disponibles al público en general es de unos 361, mientras que los disponibles a empleados de la empresa son más de 2,000. Además, Wal-Mart ya ha instalado 74 consultorios de salud en sus tiendas y espera aumentar ese número entre 300 y 400 en los próximos dos años. Estos consultorios son operados por organizaciones de salud locales (hospitales, clínicas, etc.) y atendidos generalmente por una enfermera practicante especializada que realiza exámenes generales y algunos de laboratorio, a precios muy razonables. El fácil acceso a estos consultorios como el primer paso de un tratamiento más completo si es necesario, así como su bajo costo, parece contar con el apoyo del público, especialmente de aquellos que no tienen otro lugar adonde recurrir.
La solución del problema no está sólo en manos del gobierno. Es crítico que el gobierno federal y el Congreso junto con la empresa privada, busquen soluciones prácticas y efectivas, pero no hay dudad de que necesitamos actuar de inmediato sobre los problemas presentes y analizar las nuevas posibilidades para encontrar soluciones eficientes y urgentes. Ninguna reforma de la salud será satisfactoria para todos, pero hay que comenzar, ¡AHORA!
Michel Leidermann es editor de El Latino, comentarista de radio KABF 88.3 FM y moderador de AETN-TV.
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