Ritmo latino en Nueva Orleáns
Por Michel Leidermann
SÓLO UN DÍA DESPUÉS DE QUE EL huracán Katrina hubo pasado por la costa del Golfo, ya había trabajadores latinos contratados para arrancar alfombras empapadas y romper paredes de yeso desde Biloxi, Misisipi, hasta Port Arthur, Texas.
Trabajan 10 horas al día, 7 días a la semana, y por la noche duermen en literas de moteles decrépitos o tiendas de campaña repletas con peones latinos, muchos indocumentados.
Miles de latinos —tanto legales de otros estados como ilegales recién llegados del sur de la frontera—han acudido en masa a Nueva Orleáns para realizar trabajos de reconstrucción que los propios residentes no quieren hacer por ser duros y peligrosos.
Su aparición ha provocado reclamos de parte de los residentes para aplicar medidas represivas contra los trabajadores indocumentados. Pero sin los latinos, muy poco se habría avanzado en cuestión de limpiar los escombros.
Si una cantidad suficiente de latinos se quedan permanentemente allí, transformarán el panorama demográfico y cultural de la ciudad.
Antes de Katrina, de acuerdo con el censo de 2000, Nueva Orleáns tenía una población latina de sólo 3% y de 67% de afroamericanos.
Sin embargo, tras evacuar la ciudad en masa, muchos negros podrían haberse ido para siempre. De acuerdo con algunas encuestas realizada en refugios de emergencia en Texas, 44% de los encuestados, casi todos negros, no planeaban regresar.
El posible resultado será una Nueva Orleans más latina, con ritmo de salsa agregado al jazz.
El influjo latinoamericano ha provocado el rencor de muchos antiguos residentes, que afirman que la llegada de estos inmigrantes ha reducido los salarios en algunos sectores. "Están trayendo a mexicanos y esperan que nosotros trabajemos por el mismo salario ($6 a $12 la hora). ¿Acaso no se había acabado la esclavitud?" afirman algunos residentes afroamericanos.
Los líderes de la ciudad han criticado a los contratistas que emplean peones de otros estados en vez de residentes de la ciudad. Hablando en un foro empresarial en octubre, el alcalde Ray Nagin dijo: "¿Cómo puedo garantizar que a Nueva Orleáns no la inunden trabajadores mexicanos?"
Después de que varios grupos de derechos civiles lo criticaron, Nagin aclaró que sólo había querido decir que los residentes deben ser contratados primero. Pero la verdad es que muchos ex residentes no quieren volver, y otros muchos que aún quedan, se quieren ir a otro lugar donde pueden recomenzar una vida normal de inmediato sin esperar a una posible reconstrucción que podría demorar años.
Y no es que los trabajos tomados por latinos sean la envidia de la industria. Hacen un trabajo agotador y en pésimas condiciones de vida y los contratistas los abusan al no pagarles el salario convenido.
Pero aún si muchos latinos no se quedan en la ciudad cuando terminen sus contratos, la población hispanohablante de Nueva Orleáns parece destinada a crecer significativamente. Los recién llegados se suman a una comunidad latina existente, con raíces principalmente centroamericanas —la cual, se había sentido excluida de la estructura de poder de la ciudad.
Ahora, los líderes latinos de la comunidad esperan que esto cambie y que sea como un nuevo principio.
¿Y usted que opina?
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