Los matachines: Soldados de la Virgen
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 Cuando la época de lluvia se hace presente en la sierra suroccidental de Chihuahua,- los indígenas  tarahumaras se dispersan en sus aislados ranchos. El regreso a casa conlleva realizar las labores más pesadas del ciclo agrícola, pero ellos saben que la recompensa a estos esfuerzos bien vale la pena.

Cuando los cultivos maduran y está a punto de levantarse la cosecha, la gente vuelve a reunirse en sus comunidades para llevar a cabo fiestas y ceremonias colectivas: ha llegado la hora de celebrar el bienestar económico que representa la obtención de los frutos de la tierra y se da inicio a un ciclo festivo que abarca desde finales del otoño hasta febrero o marzo, época en que se comienzan las labores agrícolas de una nueva temporada.

Las fiestas principales de este ciclo se dedican básicamente a celebrar a los santos patronos, a conmemorar las fechas más relevantes de la Pascua de Navidad y a honrar a la Virgen María, una de las divinidades católicas más veneradas en la región (bajo las advocaciones de Guadalupe o la Virgen de Loreto). Durante este período, una sociedad ceremonial destaca por su activa participación en las fiestas: se trata de los matachines, los danzantes que dedican sus actuaciones a la Virgen.

Aunque las fechas de apertura y de cierre de las actuaciones de los matachines varían considerablemente, según la comunidad de que se trate, el ciclo ritual durante el que éstas son más intensas alcanza su etapa culminante en el período que corre entre el 12 de diciembre (fiesta de la Virgen de Guadalupe) y el 6 de enero (fiesta de los Reyes Magos).

 

ORÍGENES DE LOS MATACHINES

El origen europeo de las danzas matachines y de otros bailes asociados a éstas --conocidos como “Danzas de Conquista” o de “Moros y Cristianos”--, es bastante evidente. En las cortes del Viejo Mundo se presentaban las actuaciones de los mattachinsen Francia, lo smatacinioen Italia y los moriskentänzeren Alemania. Aunque la palabra árabe mudawajjihen, que significa “los que se ponen cara a cara” o “los que se ponen cara” --tal vez en referencia al uso de máscaras-- podría sugerir un origen arábigo de la danza.

Las descripciones de aquella época presentan a los matachines como bufones que actuaban en los entremeses cortesanos. Se trataba generalmente de hombres que bailaban en círculo dando saltos y simulando combates con espadas fingidas; llevaban cascos y cascabeles y seguían el ritmo marcado por una flauta.

Los dramas coreográficos y rituales que conforman las “Danzas de Conquista”, fueron introducidos en México por los misioneros católicos, quienes los usaron como un recurso para reforzar sus tareas evangelizadoras, al darse cuenta del gran apego que los indígenas tenían hacia la danza, el canto y la música. Es posible que, originalmente los misioneros pretendiesen dramatizar el triunfo de los cristianos sobre el emperador azteca Moctezuma gracias a los oficios de la Malinche, considerada la primera conversa al cristianismo en el antiguo México.

Desde luego, los indígenas empezaron a añadir elementos autóctonos tanto a la danza como al acompañamiento musical. La aceptación de éstas fue tal, que las autoridades virreinales prohibieron su ejecución en el interior de los templos o en el atrio de las iglesias, por temor a que se suscitaran revueltas y porque consideraban paganas algunas de esas manifestaciones; sin embargo, este tipo de medidas represivas sólo consiguió que las danzas se ejecutaran a una distancia más prudente del poder español, por ejemplo, en las casas de los indios principales. Este hecho favoreció aún más el sincretismo con la adición de nuevos elementos pertenecientes a la cultura de los nativos. En el caso de los matachines, el significado original enseñado por los misioneros franciscanos y jesuitas terminó por desaparecer entre los indígenas del noroeste. Los elementos de la parafernalia y la vestimenta también sufrieron transformaciones para adaptarse a los gustos y motivos más celebrados por los indígenas. Al mismo tiempo, se abandonó la utilización de parlamentos y se reasignaron las funciones de ciertos personajes (como los monarcos, la Malinche y los bufones). La danza de matachines se convirtió así en una manifestación cultural propia de los pueblos indígenas del noroeste mexicano.

Existen varias versiones de la danza de matachines en el territorio nacional, en las que también los que danzan lo hacen en agradecimiento a los favores recibidos o como pago de una manda o promesa hecha a los santos. Algunos ejemplos permiten constatar que esta danza es un elemento cultural que sobrepasó las fronteras étnicas, pues se lleva a cabo en varias comunidades mestizas del norte de México.

 

OTROS MATACHINES DEL NOROESTE

Los yaquis y los mayos de Sonora también tienen grupos de matachines, igualmente dedicados al culto de la Virgen. A mediados de julio una de las ceremonias más importantes y hermosas de los yaquis conjunta a cientos de matachines y a las autoridades religiosas de los Ocho Pueblos. La convocatoria tiene como finalidad ofrecer sus actuaciones a la Virgen del Camino, cuyo santuario se encuentra en la población conocida como Loma de Bácum.

Por su parte los tepehuanos del norte, vecinos de los tarahumaras, aunque pertenecen a una rama diferente de la familia lingüística yutoacteca, comparten con éstos la danza de los amtachines, entre otros muchos rasgos culturales. Es curioso, sin embargo, que entre otros grupos indígenas del área cultural del noroeste de México, la tradición de los matachines se ha perdido o tal vez nunca ha existido.

En el suroeste de los Estados Unidos, un área con muchas similitudes culturales indígenas con el noroeste de México, las etnias agrupadas bajo el término de pueblos keresan, taos, tewas y tiwas, conservan no sólo el uso de la danza, sino también algunas leyendas sobre su origen. Dicen que la introdujo, desde el sur, Moctezuma, un dios indio que usaba vestimenta europea y quien predijo la llegada de los blancos, advirtiendo a los indígenas que cooperaran con ellos, pero que no olvidaran sus propias ceremonias y costumbres.

 

INDUMENTARIA

La vestimenta consiste en ropa de origen mestizo: camisa, pantalones, botas y calcetas (estas últimas sobrepasan a las botas y se ajustan por encima de los pantalones). En la cadera, tapando la pelvis y los glúteos, se ata un paliacate de colores, cuya punta cuelga entre las piernas semejando un taparrabo. Para rematar el atuendo, se colocan también un par de capas rojas o floreadas de tela de algodón, que van desde los hombros hasta las rodillas.

Quizás lo más característico de la indumentaria de los matachines es la corona que llevan en la cabeza y las sonajas y palmillas que portan en sus manos. La corona se confecciona con espejos, o con ramos de flores que pueden ser de tela, papel de china o plástico; de ella cuelga una miríada de listones multicolores. También, con paliacates, se cubren la parte posterior de la cabeza y parte de la cara, dejando al descubierto sólo los ojos y la nariz.

Los matachines portan en la mano derecha una sonaja que agitan constantemente, mientras que en la izquierda llevan una palmilla (especie de abanico que también puede adquirir la forma de un tridente), a la que se le cuelgan listones de colores y flores de tela o plástico. A este objeto se le llama sikawa, que en la lengua tarahumara significa “flor”, término que denota el poder del bien. Los mitos explican que los matachines fueron creados para ser los soldados de la Virgen, y extender buenas influencias a través de sus danzas y del poder benigno, conferido esto último por el simbolismo de la flor.

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