El derecho a la vida… y la muerte
Por Michel Leidermann
El martes 17 la Corte Suprema de los EUA confirmó una ley del estado de Oregon, que permite a los médicos ayudar a sus pacientes con enfermedades terminales, respetando su dignidad y privacidad, a cometer suicidio.
Los magistrados basaron su opinión en tecnicalidades legales, sin comentar sobre la cuestión fundamental del derecho de la persona de cometer o no un suicidio médicamente asistido.
La ley de Oregon permite a los médicos, recetar una dosis letal de drogas, a pacientes con enfermedad terminal, que estén mentalmente competentes y que lo soliciten verbalmente y por escrito, que consulten sobre el asunto a dos médicos, y cumplan con un período de espera obligatorio.
Los familiares y los médicos están prohibidos en participar en una "muerte misericordiosa", ya que no pueden solicitar esta dosis a nombre del paciente ni suministrarle las drogas fatales.
El año 2001, el entones Procurador General de Justicia, John Ashcroft, decretó que cualquier médico que prescribiese tales dosis, violaría las leyes federales sobre las "sustancias peligrosas controladas". A consecuencia de este decreto, el asunto llegó hasta la Corte Suprema, para decidir si el gobierno federal o los gobiernos estatales tenían el derecho de reglamentar la práctica de la medicina. El Tribunal falló que el estado tenía ese derecho por encima de la ley federal. Se espera ahora que otros estados sigan el ejemplo de Oregon y aprueben leyes similares.
Lo que en verdad los tribunales debieran considerar si quieren resolver definitivamente el derecho de los pacientes de cometer un suicidio asistido, es que no existe base secular y racional para que el gobierno pueda evitar a una persona, el decidir acabar con su vida.
Cuando los conservadores religiosos invocan la idea de la ley divina, amenazan el principio central sobre el cual se fundó esta nación. La Declaración de Independencia, proclamó por primera vez en la historia de las naciones, que cada persona existe como un fin de si mismo. La verdad básica que encuentra su expresión política en el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, significa en términos prácticos, que la persona no necesita autorización de otra, para vivir, y que nadie puede impedir por la fuerza, que la persona logre su propia felicidad.
¿Pero que pasa si es imposible lograr esa felicidad? ¿Qué pasa si una enfermedad u otra calamidad, le quita toda la felicidad a su vida, dejándolo sólo con desgracia y sufrimiento?
El derecho a la vida incluye e implica el derecho a cometer suicidio. El sostener que se debe pedir permiso para cometer suicidio, contradice las raíces del derecho a la vida. Si se tiene la obligación de seguir viviendo a pesar de su propio deseo, entonces su vida no le pertenece al individuo y se vive por este permiso, y no por derecho propio.
Por estas razones, cada persona tiene el derecho de decidir el momento de su muerte y de ejecutar esa decisión de la mejor forma posible. ¡Es su decisión, porque es su vida! Y si un médico quiere ayudar con el suicidio basado en una evaluación médica objetiva sobre la condición mental y física del paciente, la ley no debería impedírselo.
¿Y usted que opina?
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Michel Leidermann
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