Alabama 2011: ¿Dónde está la sensatez?
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Rafael Prieto Zartha

 Las escenas imborrables de los perros con los colmillos afilados y los hocicos  babeantes lanzándose feroces contra jovencitos de raza negra y policías con cascos repartiendo bastonazos, están registradas en  las películas en blanco y negro, de lo ocurrido en el Parque Ingram de Birmingham, Alabama, en abril de 1963.

Tres días antes  del suceso, el apóstol de los derechos civiles de los afroamericanos,  Martin Luther King, había llegado a esa ciudad, a la que había calificado como “la más segregada del país”, y donde fue arrestado y en encarcelado para que en horas iluminadas escribiera su inolvidable “Carta desde una celda de Birmingham”.

King entendió que la única forma de cambiar la situación de los suyos, a los cuales se les discriminaba en todas las formas, era realizar actos de desobediencia civil.

El día de los perros, se efectuaba la segunda marcha pacífica de los niños, seres inermes a los que las autoridades trataron como criminales.

Ahora, 48 años después, allá mismo, en Alabama, la jueza federal, Sharon Lovelace Blackburn, entregó “de facto” una patente de corso, para que a los niños indocumentados hispanos de Alabama, en últimas, se les persiga como criminales, aún a los nacidos en territorio estadounidense, que son ciudadanos de este país.

“Todas las escuelas públicas primarias y secundarias en este estado, en el momento de la inscripción en la guardería o en cualquier grado en la escuela, deberá determinar si el estudiante inscrito en una escuela pública nació fuera de la jurisdicción de Estados Unidos o es hijo de un extranjero que está legalmente en Estados Unidos y califica para la asignación a una clase de Inglés como Segunda Lengua o de otro programa remedial”, dice la ley estatal antiinmigrante HB  56, en el texto que aprobó la jueza para aplicar en el ardiente estado del Sur.

Al texto de la HB 56 solo le falta reglamentar que le quiten el oxígeno a los indocumentados

“Ganó la intolerancia. Los xenófobos republicanos, los miembros del Tea Party, los racistas, los miembros del Ku Klux Klan, los segregacionistas (esos que izan aún la bandera de los confederados y creyentes de la esclavitud) han de estar brincando de gusto ante la impertinente, inhumana e injusta decisión”, señaló en su editorial, Ignacio Guajardo, director general de Alabama Paisano, el periódico en español más importante de ese estado, con sede en Birmingham.

En su sentido escrito, Guajardo, pregunta: “¿Cómo imaginar al tal gobernador (Robert) Bentley como diácono de su iglesia Bautista, pregonando las bondades del cristianismo? y de seguir la palabra de Jesucristo que dijo claramente amarás y respetarás a tu prójimo como a ti mismo, sin condiciones de quién es, de dónde viene o qué hace. ¿Tendrá la vergüenza, Bentley, de pararse ante su comunidad religiosa este domingo y presumir que ha lastimado a más de 200,000 de sus hermanos en Cristo?”

Y agregó: “¿En dónde está la sensatez, en dónde la civilidad? Los seres humanos  no pueden ser tratados como cosas, en donde un día los consideran indispensables para las faenas y al otro día los consideran indeseables”.

Es que Alabama fue el segundo estado del país de mayor crecimiento de población hispana del país en la última década, con un salto del 145%.

La comunidad hispana entera debe reaccionar por el veredicto en Alabama, que de ratificarse será un parte aguas que definirá el futuro de la situación de los latinos: Todos resultarán afectados, ciudadanos, residentes e individuos con otro estatus migratorio.

Estoy seguro que los “soñadores” y los activistas anglos con compasión estarán al frente contrarrestando la marejada antiinmigrante.

Más me preocupa la indiferencia de los 21 millones de votantes hispanos. 

Como dijo el reverendo King en los sesenta: “Tendremos que arrepentirnos en esta generación no simplemente por las palabras odiosas y las acciones de las personas malas, sino también por el silencio espantoso de la gente buena”.

 


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