Contrapuntos

¡Saquemos al Congreso!

A Deberíamos echar a todos los congresistas. No podemos despedirlos legalmente, pero los votantes sí pueden hacer la diferencia en Noviembre.

Es una desgracia como el Congreso actúa en Washington sin cumplir su compromiso con el pueblo de los Estados Unidos. No pueden ponerse de acuerdo sobre nada. Esa actitud negativa se ha convertido en algo personal y se olvidaron de que trabajan para nosotros, el pueblo, y no para ellos mismos.

Según una reciente encuesta realizada por la firma Gallup, el 64% de los estadounidenses considera que los congresistas muestran una honestidad entre “baja” y “muy baja”.

Si queremos un cambio, cuando vayamos a las urnas en Noviembre, no tenemos que votar por los que ahora ocupan un escaño en el Congreso, y sacarlos a todos.

¡Tenemos que votar por sangre nueva en el Congreso!

En todo caso, no podríamos elegir nada peor de lo que ya tenemos.

 

La irrelevancia de la codicia

Lo que nunca se contesta en los debates sobre la desigualdad, es cuánta desproporción es desmedida.

Es un hecho que la desigualdad social y económica ha aumentado en EEUU y en la mayoría de las democracias. Sin embargo, es menos evidente que haya crecido exorbitantemente, por la sencilla razón de que no podemos precisar cual distribución de riqueza es “aceptable”.

La sociedad estadounidense hoy en día es menos “igual” en términos de ingresos que hace 40 años, pero aún más pareja que en muchos otros países.

Más allá de reconocer de que la desigualdad puede crecer tanto hasta amenazar la estabilidad política, la verdad es que no tenemos idea de cuál sería un nivel aceptable de desigualdad. Como resultado, terminamos por explicar que por mucho que exista, cualquier desigualdad es demasiada.

Implícitos en este enfoque hay varias hipótesis cuestionables: 1. que la mejor sociedad “justa” es aquella en la que prevalece la igualdad de condiciones, 2. que es responsabilidad del gobierno el reducir la desigualdad, y 3. que no se debe permitir que se tenga “demasiado” dinero.

La distinción entre la riqueza que se gana y la riqueza mal habida, también se discute en el concepto de justicia social. Una vez que se acepta el principio de que algunas personas merecen más dinero que otros, no hay ninguna base lógica para decidir cuando “mucho” es “demasiado”, o quién va ha decidirlo.

Esta idea con respecto a la desigualdad se convierte en indecencia cuando introducimos al supuesto motivador de la desigualdad: “la codicia”.

El problema con los clamores contra la codicia, es que se contrapone al hecho de que casi todos quieren más dinero del que tienen. En este sentido, ¿cuántos de ustedes han rechazado un aumento de sueldo o han ofrecido devolver parte de sus ingresos en base a que “no se lo merecen?”

Debido a que pocos de nosotros trabajamos “gratis”, la mayoría terminamos trabajando por todo lo que podamos conseguir. Seguramente no es ninguna coincidencia que la “avaricia” es una cualidad que sólo tiende a detectarse en los demás, y en la mayoría de los casos, en los que han tenido más éxito. En cambio para la mayoría, lo poco que tenemos es de alguna manera merecido y nunca suficiente. Lo que tienen los otros, es a la vez inmerecido y más de lo necesario.

En pocas palabras, porque todos somos “codiciosos” en el sentido de querer más para mejorar nuestra vida, el concepto de la codicia es socialmente inseparable de la estructura social.

Edición de esta semana
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Michel Leidermann
comentario
par Michel Leidermann
La orden de Donald Trump de desplegar miles de militares en servicio activo a la frontera sur para detener lo que caracterizó como una inminente “invasión” de las llamadas caravanas de los migrantes centroamericanos, tuvo su función como farándula política para las elecciones de noviembre 6.   / ver más /