MONSEÑOR SCOTT FRIEND: GRAN AMIGO Y MENTOR DE LOS LATINOS EN ARKANSAS
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»El Padre Scott celebrea 25 años como sacerdote en Junio del 2012

Por Rafael Núñez

Monseñor Scott Friend, actualmente vicario general de la Diócesis Católica de Little Rock y director de la Oficina de Vocación Sacerdotal de dicha diócesis, es una de esas personas que únicamente muy, muy de vez en cuando tiene uno el placer de conocer: su vocación de sacerdote lo abarca todo en su vida y, humanitariamente hablando, posee un gran corazón, donde guarda un lugar muy especial para los latinos, a quienes ha guiado, ayudado y socorrido por casi 25 años.

Scott Friend nació y se crió en el sector suroeste de Little Rock (popularmente conocido como “southwest”), en el barrio conocido como Cloverdale, entre la Chicot Road, Baseline Road, Geyer Springs Road y la autopista I-30. Católico de toda la vida, como lo fueron también sus padres, Scott fue bautizado, confirmado e hizo su primera comunión en la iglesia Santa Teresa, ubicada en el #6219 de la Baseline Road, en lo que ahora es el mero corazón del barrio Latino.

El padre Scott dice que en su mente y su corazón sintió la vocación de ser sacerdote desde niño. De hecho, un tío-abuelo de él era sacerdote, así como también un primo-hermano de su padre. Así pues, Scott sintió la benévola influencia de la Iglesia Católica durante toda su niñez, ya que siempre estuvo rodeado de gente, familiares y amigos muy involucrados y comprometidos con la iglesia, misma que constituía una parte muy importante de sus vidas.

Luego, durante su adolescencia, sus años de preparatoria (high school) y sus años universitarios, como todo joven, Scott se tornó un poco rebelde, y por un tiempo experimentó un distanciamiento con la iglesia. Llevaba una vida normal como universitario, y como muchos jóvenes de su edad, hasta tenía novia.

“Pero durante mi tercer año en la University of Arkansas, en Fayetteville, una mañana desperté sintiendo una gran tristeza dentro de mí” explicó. “Me sentía vacío por dentro. Fue algo inesperado, ya que por tres años me había encontrado en un camino de fiestas y diversión, y luego, así, de golpe, todo eso terminó para mí. Recuerdo que ese mismo día fui a confesarme a la parroquia de la universidad, después de dos años y medio de no hacerlo. El párroco que me confesó era amigo de mi papá, y como penitencia me ordenó leer la Biblia todos los día por un mes, junto con una revista titulada ‘La Palabra Entre Nosotros’, que era como una especie de guía para estudiar diariamente un capítulo del libro de Levítico, en la Biblia. Un día, en momentos en que estaba cumpliendo con mi penitencia, estudiando un capítulo de Levítico, de repente Dios me habló muy claro, y me dijo: ‘¿Ya quieres ir conmigo, estás listo para tomar el camino, o todavía necesitas tiempo para continuar jugando?’. Entonces recuerdo que yo contesté: ‘¿Todavía quieres que vaya al seminario, Señor, para convertirme en sacerdote, después de tanto tiempo y tantas cosas que han pasado?’ Y Él me respondió: ‘Si ya estás listo, pues vámonos ya, entonces’. Fue entonces que empecé a averiguar dónde podía acudir al seminario y a prepararme para asistir al siguiente año, y terminar allí mi cuarto y último año de carrera universitaria y graduarme”.

Después, durante su tercer año en el seminario, el padre Scott experimentó otro momento clave, ya que anteriormente a dicho momento de iluminación, siempre había tenido el pensamiento y la sensación de que “esto, convertirme en sacerdote, es lo que Dios quiere que yo haga. Pero después de ese momento de revelación en el seminario, en mayo de 1986, ya mi pensamiento y mi deseo fue otro, y se convirtió en ‘yo también quiero esto’. Fue el momento en que experimenté un compromiso total con la vocación sacerdotal, con toda mi alma y mi corazón, ya sin dudas ni titubeos”.

El padre Scott fue ordenado sacerdote en junio de 1987, así es que en junio del 2012 celebrará su aniversario de plata (25 años) como sacerdote.

Su interés por trabajar con los latinos se remonta a su segundo año de seminario, cuando conoció en la Diócesis de Little Rock al padre Joseph Biltz, y por medio de él y del seminario, se enteró de las enseñanzas por la justicia social que la Iglesia Católica promovía. “Era la época en que este movimiento de justicia social era liderado por varios sacerdotes católicos en Latinoamérica, especialmente en el área de Centroamérica, donde por aquel entonces se libraba una guerra en El Salvador, y también había problemas bélicos en Guatemala y Nicaragua. En ese tiempo, el padre Biltz tenía un proyecto en la región sureste de Arkansas que tenía por objeto organizar a los trabajadores agrícolas que laboraban en el cultivo del tomate y en la siembra de árboles. El padre Joseph me envió a esa región en el verano de 1984, específicamente a la ciudad de Warren, Arkansas, por dos semanas, y me gustó mucho trabajar con los labradores mexicanos. Eran personas muy alegres, amigables y con la sonrisa casi siempre en los labios. Yo no sabía hablar español, así que no entendía lo que ellos me decían. No me gustó para nada el hecho de que no podía comunicarme con ellos, y entonces me propuse aprender español a como diera lugar, costara lo que costara. Además, en el seminario yo estaba leyendo algunos escritos de los obispos en Estados Unidos, quienes pronosticaban que para el año 2000, casi el 50 por ciento de los feligreses de la Iglesia Católica en la Unión Americana iban a ser latinos. Así pues, decidí que si yo iba a servir bien a mi feligresía como sacerdote, no sólo tenía que aprender español, sino también aprender lo más posible sobre la cultura mexicana y latinoamericana.

Al regresar a su natal Little Rock en 1987 a comenzar su carrera sacerdotal, el padre Scott empezaba a hacer sus pininos (es decir, empezaba a dar sus primeros pasos) practicando el castellano. Ya en el seminario había estudiado sobre la cultura latinoamericana y española, y además tomó cursos intensivos de español. También durante sus tiempos de seminarista estuvo por varios periodos en San Antonio, Texas, así como también en Coahuila y en México, DF., para practicar una especie de inmersión total en el aprendizaje del idioma y la cultura mexicana.

Fue en esa época de fines de los años ’80 y principios de los ’90, que el padre Scott empieza a conocer a individuos latinos en Little Rock, entre ellos a los ahora exitosos comerciantes Eduardo Martínez y Juan Manuel Gutiérrez. En aquel entonces él era vicario y sacerdote en la iglesia Our Lady of the Holy Souls (Nuestra Señora de las Santas Almas), en el #1003 N. Tyler Street. “Recuerdo que las primeras personas latinas que se acercaron a mí, en julio del ’87, fueron Ben Rodríguez y su esposa Frances, quienes me pidieron oficiar una misa en español en la iglesia para el día de la Virgen de Guadalupe. Empezamos a planear esto, y fue ese 12 de diciembre de 1987 en que por primera vez oficié una misa en español aquí en Little Rock. Entonces, por petición de Ben y Frances y más personas latinas, seguí oficiando misas en español en Holy Souls una vez por mes.

Fue así que el padre Scott empezó a relacionarse aún más con la gente latina de Little Rock.

Y desde entonces a la fecha, son innumerables los testimonios de individuos latinos –tanto aquí en Little Rock como en otras partes de Arkansas– que invariablemente señalan que fue precisamente el padre Scott quien más los ayudó, guió y socorrió cuando ellos llegaron a Arkansas.

En mayo de 1989, la Diócesis, transfiere al padre Scott a la ciudad de Camden, donde lo nombra párroco de la Iglesia San Luis, y además lo designa como director del Ministerio Hispano de la diócesis. “Cabe mencionar que en aquel entonces la oficina del Ministerio Hispano -que abarca todo el estado-- en realidad era mi auto. Así que una vez por mes, terminaba mis misas de domingo en Camden, y luego tenía que trasladarme en mi auto ya a Texarkana, a Hot Springs, o a algún otro punto del estado, para empezar a organizar los ministerios latinos de cada ciudad o región. Recuerdo muy bien, como si fuera ayer, que cuando por primera vez fui a Hot Springs, de inmediato me dirigí al restaurante La Hacienda, propiedad de Marta Álvarez y su esposo Luis, y a los hermanos de Marta, Candelario e Ignacio Álvarez (ahora propietario de La Hacienda en Little Rock), ya que sabía que eran católicos, y que además hacían muy buena comida mexicana. En aquellos primeros años, yo llegaba a manejar hasta 3,000 millas por mes recorriendo todo Arkansas buscando organizar los ministerios latinos”.

Luego, en 1991, el padre Scott es transferido a la parroquia San Eduardo en Texarkana, y luego, en el 1992, es transferido a la parroquia San Eduardo en Little Rock. Durante estos años, además de sus deberes sacerdotales, el padre Scott siguió fungiendo como director del Ministerio Hispano, lo cual lo obligaba a continuar viajando por todo el estado.

Un dato interesante pero poco conocido es que durante su trayectoria sacerdotal, el padre Scott ha casado a muchísimas parejas latinas. “Siempre que podía, trataba de convencer a parejas que vivían en unión libre, a casarse por la iglesia. Yo creo que es una manera de fomentar un estilo de vida mejor, más formal, no sólo para la pareja, sino también para sus hijos. El estar casados por la iglesia exige mucho más de las parejas, ya que al estar en unión libre, se puede decir que no hay ningún compromiso, y cualquiera de los dos involucrados puede terminar la relación sin pensarlo mucho. Así pues, ya casados por la iglesia, la relación se vuelve más estable, y da más dignidad y seguridad a los hijos que ya están aquí y a aquellos que puedan llegar en el futuro”. El padre Scott dice que no sabe la cifra exacta de cuántas parejas latinas ha casado, ya que empezó a perder la cuenta después de las ciento cincuenta, pero calcula que son por lo menos “varios cientos…”.

Cuando regresó a Little Rock en 1992, el padre Scott empezó a oficiar misas en español en la iglesia San Eduardo cada domingo, y desde entonces se formaliza esta tradición semanal.

Después, en junio de 1994, es transferido a DeQueen, donde estuvo por 5 años y medio como párroco en la iglesia Santa Bárbara.

Regresa a Little Rock en 1999, donde fungió como párroco de la iglesia San Eduardo por espacio de un año y medio. En 2001 es transferido a Springdale, donde fue párroco de la iglesia San Rafael por cuatro años.

En 2002, el padre Scott empieza a sentir un súbito adormecimiento de los pies, y cuando va a examinarse médicamente, es diagnosticado con el padecimiento de esclerosis múltiple. No obstante, permanece al frente de la parroquia San Rafael por tres años más, hasta el 2005, cuando regresa a Little Rock, donde es designado como Director de la Oficina de Vocación Sacerdotal de la diócesis. En tal capacidad ha continuado laborando hasta la fecha. En mayo próximo cumplirá siete años en dicho puesto.

En su función como Director de la Oficina de Vocación Sacerdotal, el padre Scott está a cargo de los seminaristas de la diócesis, y en su función como vicario general de la diócesis, es el segundo de abordo, ya que sólo está por debajo del obispo. Él sigue celebrando la sagrada misa todos los días: a veces lo hace aquí en Little Rock, otras veces en los seminarios de la diócesis ubicados en otros estados, y otras veces en diversos puntos de Arkansas, a veces acompañado, y a veces solo. Pero siempre con la misma devoción de alguien dedicado en cuerpo y alma al catolicismo.

El padre Scott ha vivido con la enfermedad de la esclerosis múltiple por espacio de 10 años, y pese a que algunos médicos le han aconsejado jubilarse, él se rehúsa a hacerlo. “Yo continuaré sirviendo donde se me necesite, y lo seguiré haciendo mientras pueda y Dios me dé vida y fuerzas para hacerlo”, explicó. Y la verdad es que su vocación por servir a los demás le ha mantenido física y mentalmente fuerte. “Bueno, la verdad es que lo que me ha mantenido fuerte es mi vocación de servicio… y los medicamentos que me han recetado mis doctores, por supuesto”, dice con una sonrisa, medio en broma y medio en serio. Y en realidad el padre Scott se ve bien en general, y algo que de inmediato salta a la vista, es que su energía, su dinamismo y su entusiasmo parecen no tener límites.

Ahora a los 50 años de edad, el padre Scott afirma que la esclerosis múltiple le ha enseñado “a vivir de adentro hacia afuera. En la vida espiritual, uno aprende a ver al cuerpo, la mente y el corazón como una serie de círculos concéntricos,” explica. “Si uno aprende a vivir allí donde reside Dios –es decir, en el corazón– y uno se enfoca sólo en eso, entonces uno empieza a vivir más allá de todos sus miedos. O sea, de una manera totalmente abierta, plena, libre de temores y dudas”.

Así pues, se podría decir que el padre Scott, con el paso del tiempo, ha aprendido a vivir en el momento, “lo cual –explica– es algo que, a fin de cuentas, es de lo que precisamente se trata cuando uno habla de vivir una vida cristiana en plenitud”.

El padre Scott señala que “una enfermedad o mal peculiar de la cultura estadounidense es el hecho de que siempre estamos tratando de vivir en el futuro. Incluso compramos agendas de cinco años, para planear cada uno de nuestros pasos por los siguientes cinco años. Pero yo pregunto: ¿Quién de nosotros en realidad puede planear, o asegurar, donde estará en cinco años?”

El padre Scott dice que Dios tenía otros planes para él, y que ahora “puedo asegurar que, de aquí en adelante, estaré muy consciente de que cada momento representa una oportunidad para mejorar las cosas de este mundo y la vida del prójimo”.

 

El Premio Lumen Christi

En 2007, la organización no-lucrativa Catholic Extension Society concedió al padre Scott el premio a nacional “Lumen Christi” (“Luz de Cristo”), que galardona cada año a un individuo dentro del mundo católico –ya sea laico o clérigo– que haya realizado una labor misionera destacada en la Unión Americana. En aquella ocasión, la revista Catholic Extension en Español (22 de septiembre de 2007), detalló al respecto: “Monseñor Scott Friend ha sido seleccionado este año de 2007 como beneficiario del premio Lumen Christi de la Catholic Church Extension Society. Éste es un premio que se otorga anualmente para reconocer una obra misionera excepcional en los Estados Unidos. Desde 1992, Monseñor Friend ha sido párroco de las dos comunidades latinas más grandes de su estado natal de Arkansas y se ha convertido en una figura muy querida entre sus parroquianos, por estar siempre dispuesto a servirles”.

En el caso particular del padre Scott, a él se le otorgó este premio especialmente por su destacada labor con los latinos.

¡Y vaya que su trabajo con los latinos en Arkansas ha sido sobresaliente! Sólo por citar dos ejemplos: cuando el padre Scott fue transferido a DeQueen en junio del ’94, la parroquia Santa Bárbara a duras penas estaba atrayendo a unos cuantos feligreses, y casi ninguno de ellos era latino. El padre Scott de inmediato se puso las “pilas” –y las botas– y empezó a tocar puertas, yendo de casa en casa y diciendo a la gente latina que él iba a empezar a dar misas en español cada domingo. Muy pronto, cada domingo la parroquia estaba llena a reventar con un gentío que rebasaba por mucho el número de butacas con las que contaba. Para cuando el padre Scott fue transferido de regreso a Little Rock en 1999, la parroquia estaba promediando una asistencia de 700 personas en cada una de las cuatro misas que se celebraban allí los fines de semana. Cosa similar ocurrió cuando el padre Scott fue designado, en el 2001, como párroco de la iglesia San Rafael en Springdale: durante su estancia allí, que duró hasta el 2005, la feligresía de la parroquia se incrementó a más del doble hasta llegar a los 11 mil parroquianos.

Citando algunos de sus logros, la Catholic Extension Society destacó también que el padre Scott “fue instrumental en ayudar a establecer dos oficinas de Servicios Migratorios Católicos en la Diócesis de Little Rock, mismas que proporcionan asesoramiento jurídico, (consultas legales) de bajo costo sobre asuntos de inmigración para personas de todas las nacionalidades.

¡NO CABE DUDA QUE DIOS HA BENDECIDO A ARKANSAS CON LA PRESENCIA DE MONSEÑOR SCOTT FRIEND!

 

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