Artículo original del Tratado de Guadalupe Hidalgo se exhibe en Little Rock
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El Tratado de Guadalupe Hidalgo firmado entre México y los Estados Unidos en 1848, al final de la Guerra de Intervención Norteamericana estableció que México cedería casi la mitad de su territorio, que comprendía la totalidad de lo que hoy son los estados de California, Arizona, Nevada y Utah y parte de Colorado, Nuevo México y Wyoming. Como compensación, los Estados Unidos pagaría 15 millones de dólares por daños al territorio mexicano durante la guerra.
Entre los notables aspectos del tratado, se encuentran los siguientes: estableció al río Grande como la línea divisoria entre Texas y México; estipuló la protección de los derechos civiles y de propiedad de los mexicanos que permanecieron en el nuevo territorio estadounidense. Además, Estados Unidos aceptó patrullar su lado de la frontera y los dos países aceptaron dirimir futuras disputas bajo arbitraje obligatorio. Sin embargo, cuando el senado estadounidense ratificó el tratado, eliminó el Artículo 10, el cual garantizaba la protección de las concesiones de tierras dadas a los mexicanos por los gobiernos de España y de México. También debilitó el Artículo 9, el cual garantizaba los derechos de ciudadanía de los mismos.Antecedentes
Antecedentes

La política de inmigración mexicana, junto con el afán expansionista de los Estados Unidos de América, son dos de las principales causas de la Guerra México Americana. Tras la independencia de México, el país estaba profundamente desgastado tras 11 años de guerra intestina. La producción de productos manufacturados estaba detenida, el campo estaba en estado lamentable, la hacienda pública estaba quebrada, y las luchas por el poder no hacían más que consumir a la población en la confusión y el miedo. Paralelamente, los Estados Unidos eran un país pujante, con una industria creciente, una economía floreciente, y una población que crecía a ojos vistas. Estados Unidos acababa de adquirir los vastos territorios de Louisiana a Francia y la Florida a España, pero aún soñaban con extender sus territorios hasta el Pacífico, por cualquier medio que fuera necesario.
Ya desde el gobierno colonial, y aún después de la Independencia, el Gobierno de México tuvo que impulsar la colonización de los vastos territorios del norte, entre ellos California, Nuevo México y Tejas, cuya población total no excedía los 50 000 ciudadanos mexicanos. Para ello, se planteó una política de colonización muy sencilla e inclusiva, en la cual se venderían grandes cantidades de terreno a precios irrisorios, a crédito y con exención de impuestos y de aduanas por 5 años, a todo extranjero que quisiera convertirse en ciudadano mexicano, aprendiera a hablar español, fueran católicos y se comprometiera a acatar las leyes mexicanas.
Para facilitar las cosas, Moses Austin sugirió al Gobierno que se otorgaran concesiones, que permitían a una persona colonizar una porción importante de territorio y recibir tierras a cambio de sus servicios. Si bien Moses Austin murió poco después, su hijo Stephen recibiría el permiso para realizar una colonización con 300 familias en las planicies de Texas. Esta concesión fue ratificada por Iturbide y después por la República Federal. A esta primera concesión les siguieron muchas más, tanto para Stephen Austin como para otros empresarios. Muchos concesionarios cobraron precios exorbitantes a los colonizadores, que sin embargo los aceptaron por ser la décima parte de lo que costaba una concesión de tierra equivalente en los Estados Unidos.
Gran número de personas procedentes de otros países se asentaron en las fértiles planicies de Tejas y se convirtieron en ciudadanos leales, pero también llegaron multitudes de ciudadanos norteamericanos que sólo superficialmente aceptaron las condiciones exigidas.
Los norteamericanos también entraban de manera ilegal, apropiándose de terrenos vacíos y explotándolos sin retribuir nada al Gobierno mexicano. También comenzaron a rebelarse contra el gobierno establecido. Las cosas llegaron a un punto peligroso, y en 1827 se envió al general Manuel de Mier y Terán a observar y diagnosticar la situación.
Las relaciones entre México y los Estados Unidos durante este período están marcadas por el expansionismo territorial norteamericano a expensas de México. Desde la primera misión diplomática estadounidense en México, el ministro Joel R. Poinsett no dejó duda alguna acerca de los apetitos expansionistas, que pretendían anexarse la provincia de Tejas, citando como prueba el tratado de compra de la Louisiana, que según ellos, incluía todo ese territorio mexicano.
La posición de México es contundente: sólo se aceptarán los límites del Tratado Adams-Onís de 1819, que señalaba los límites territoriales entre el territorio de la Nueva España y los Estados Unidos. Después de muchas negociaciones ese tratado es ratificado el 12 de enero de 1828. Como respuesta, el gobierno estadounidense cambia de táctica ante los argumentos legales de los mexicanos, y se limitan a presentar la colonización de Texas como "hecho consumado".
Según informes del general Mier y Terán, en 1829 los anglos aventajaban en número de ocho a cada mexicano. Mier y Terán proponía el establecimiento de presidios, la coloni-zación del territorio por mexicanos y europeos, así como el estable-cimiento de aduanas. Los tejanos, por su parte, estaban preocu-pados por las restri-cciones a la esclavitud que imponían las autoridades mexicanas, que habían abolido dicha institución en el resto del territorio y toleraban marginalmente su presencia en Tejas.
Al año siguiente don Lucas Alamán promulga una Ley de Colonización por la cual pretendía obstaculizar la llegada masiva de ciudadanos norteamericanos a Texas. La ley pretendía regular la colonización, que sería controlada directamente por el Gobierno prescindiendo de los empresarios; se enviarían 3,000 hombres de las guarniciones militares de los Estados y Territorios cercanos (que se negaron a cooperar); y se enviarían "familias pobres y honestas" como colonos a Tejas. Pero en aquellas circunstancias, tomando en cuenta los datos de Mier y Terán, era ya imposible controlar la provincia.
En 1836 un grupo de colonos angloamericanos, o texians, comandados por William Barrett Travis y Davy Crockett, se hicieron fuertes en la antigua misión de El Álamo, en San Antonio de Béjar, y se declararon en contra del gobierno de Antonio López de Santa Anna, declarando también la independencia de Tejas.
La respuesta mexicana no pudo ser otra que eliminar a los rebeldes y obligar a la provincia a continuar dentro de México. A ello estuvo encaminada la expedición de Santa Anna, quien, si bien pudo someter por la fuerza a los tejanos en El Álamo, en Goliad y en El Encinal del Perdido, fue completamente derrotado en la batalla de San Jacinto, a manos del general Samuel Houston.
Los texians recibieron apoyo de parte del ejército, del gobierno y de la población norteamericana. Por lo anterior, el ministro mexicano en Washington, Manuel Eduardo de Gorostiza, protestó ante el gobierno estadounidense por el paso de tropas norteamericanas, comandadas por el general Gaines, a través del Río Sabine. Los datos históricos concuerdan sobre que esta movilización había sido ordenada por el presidente Jackson.

La Guerra México -
Estados Unidos

Santa Anna es capturado en San Jacinto, y obligado a firmar los Tratados de Velazco. Éstos tratados no fueron reconocidos por México, ante el argumento de que el Presidente no tenía la autoridad para hacerlo por ser prisionero de guerra. A pesar de eso, Las tropas mexicanas tuvieron que retirarse hasta allende el Río Bravo, a pesar de que la frontera entre Coahuila y Tejas siempre fue el río Nueces. De 1836 a 1845 Tejas se gobernaría como repú-blica independiente, y México la consideraría como una provincia renegada. La retirada del ejército mexicano no consolidó la existencia de una frontera clara entre Tejas y México. Hubo una serie de ataques y contraataques de parte del ejército mexicano, de 1836 a 1843; San Antonio de Béjar fue recuperado y perdido por los mexicanos, y los texians no lograron dominar el territorio más allá del Río Nueces.
En Tejas se formarían dos grupos políticos: una pequeña porción, partidaria de la independencia tejana, cuyos representantes más importantes fueron Anson Jones y Ashbel Smith; la otra, más numerosa y popular, la encabezaba Samuel Houston, estaba a favor de la anexión a los Estados Unidos. Cuando el Congreso norteamericano votó por la anexión de Texas a finales de febrero de 1845, el ministro de México en Washington, Juan N. Almonte, exigió como medida de protesta, sus cartas credenciales. De esta forma, México suspendió sus relaciones diplomáticas con la Unión Americana, advirtiendo que la anexión de Tejas sería considerada como un acto de guerra.
Durante ese tiempo México tuvo que enfrentarse no sólo a las intrigas norteamericanas. Se acababan de romper relaciones con Francia; España y sus intrigas terminarían por derrocar al presidente Herrera a través de la sublevación del general Mariano Paredes y el apoyo del ministro español en México, Salvador Bermúdez de Castro, cuyas instrucciones pretendían colocar a un príncipe de la casa de Borbón como Rey de México.
La administración de Paredes sólo sirvió para dividir aún más a los mexicanos y precipitar la declaración de guerra de los Estados Unidos, acaecida el 13 de mayo de 1846. Para agosto, en plena guerra, es derribado Paredes. Prácticamente al mismo tiempo llega Santa Anna, que vivía exiliado en Cuba, y rápidamente asume una posición de liderazgo frente a la invasión.
No cabe duda que Santa Anna realizó actos heroicos a pesar de las limitaciones de su ejército, sin embargo sus decisiones no fueron las más afortunadas y significaron su derrota.
Ejemplo de lo anterior es la Batalla de la Angostura, en Coahuila, que Santa Anna ganó; sin embargo, su decisión de retirarse sin tomar prisioneros ni obtener las armas y parque enemigos. Los norteamericanos, derrotados, se sorprendieron al día siguiente, cuando no vieron las huellas del ejército de Santa Anna. Los historiadores tienden a decir que los estadounidenses ganaron por "default" (ausencia). A su regreso a la ciudad de México, la sola presencia de Santa Anna desarmó la revuelta elitista llamada "sublevación de los Polkos". Iniciada por las medidas reformistas que atacaban los intereses del clero, llevadas a cabo por Valentín Gómez Farías.
Mas los Estados Unidos ya estaban preparando otra invasión, en gran escala. Esta vez el General Winfield Scott bombardeó en marzo de 1847, de forma por demás salvaje y sanguinaria, el puerto de Veracruz. La invasión norteamericana será considerada por los norteamericanos como un paseo, pues no se ofreció más resistencia que la Batalla de Cerro Gordo. Las ciudades de Jalapa y Puebla son ocupadas sin que los invasores disparen una sola bala, pues el clero, que había recibido la seguridad de parte de los agentes norteamericanos que sus propiedades y privilegios no serían revocados, arengaba al pueblo para que aceptaran a los norteamericanos. El ejército de Scott dura dos meses estacionado en Puebla, mientras Santa Anna lleva a cabo una de sus intrigas para distraer a Scott y, al mismo tiempo, preparar la defensa de la capital.
Las batallas para sitiar a la ciudad de México se realizan en agosto de 1847 con la derrota en Padierna del general Valencia y la heroica resistencia en Churubusco por parte del general Pedro María Anaya. La resistencia mexicana fue feroz, pero las limitaciones del ejército le hicieron perder la guerra. Al acercarse Scott a Anaya y pedirle que entregara todo el parque restante, Anaya le respondió con orgullo "Si hubiera parque, no estaría usted aquí".
Entre el 22 de agosto y el 6 de septiembre tiene lugar un armisticio. El enviado plenipotenciario norteamericano Nicholas P. Trist y los comisionados mexicanos Luis G. Cuevas, Bernardo Couto y Miguel Atristáin llegar a un acuerdo para concertar la paz. Las negociaciones, sin embargo, no tienen éxito, y la guerra reinicia. Las últimas batallas se libraron en Molino del Rey y el Castillo de Chapultepec; además el pueblo capitalino opuso una resistencia suicida a los invasores, quienes finalmente toman la capital el 15 de septiembre de 1848.
Ante estos resultados, el ejército de Santa Anna se divide, el general renuncia a la presidencia y se marcha nuevamente al exilio. México parecía estar destinado a desparecer: pues no hubo cabeza de gobierno visible durante doce días. Mientras tanto, en Washington el movimiento conocido como All México (Todo México) se fortalece tanto, que en Europa se da por segura la desaparición de este país, a quien llaman "la nueva Polonia".

La Firma del Tratado

Ante la crítica situación que se vivía en el país, el presidente de la Suprema Corte de Justicia, don Manuel de la Peña y Peña, se hace cargo del poder ejecutivo en la ciudad de Toluca el 27 de septiembre. Unos días después marchará a Querétaro, junto con don Luis de la Rosa, que era el titular de los cuatro ministerios existentes. A finales de noviembre los comisionados de paz Cuevas, Couto y Atristáin reiniciarán conversaciones con Trist, aún a pesar de que este último fue destituido por el gobierno de Washington. Sin embargo, es animado a continuar por Scott, ya que ambos funcionarios norteamericanos se sentían incomprendidos por la administración Polk. Las conversaciones fueron largas y complicadas. El mayor éxito de los mexicanos fue conservar la Baja California y unirla a través de un puente de tierra a Sonora. A pesar de todo, fue necesario fijar los límites entre ambos países con base en los ríos Gila y Grande, cediendo en total 2,378,539 km2; paralelamente 100,000 mexicanos pasan a ser extranjeros en su propia tierra.
El tratado sería firmado en la villa de Guadalupe Hidalgo, entonces muy cercana a la ciudad de México, el día 2 de febrero de 1848. El contenido del tratado le es notificado a Polk el día 19, que lo envía al Congreso de la Unión, que lo aprueba el 10 de marzo. Paralelamente, De la Peña y Peña logra reunir al Congreso mexicano en Querétaro. Don Luis de la Rosa presentó ante el Congreso una amplísima "Exposición", documento que por su realismo y patriotismo, convenció a la mayoría de los diputados a favor del tratado de paz, aún a pesar de quienes pretendían continuar la guerra.
El Tratado de Guadalupe Hidalgo fue ratificado y canjeado por ambas partes. El 30 de mayo de 1848 queda establecido la paz entre las dos naciones.
Artículos del Tratado

El Tratado de Guadalupe Hidalgo consta de 24 artículos, más varios transitorios que se pueden resumir como sigue:
I: Se declara la paz.
II: Se restablece el orden constitucional.
III: Se alza el bloqueo de los puertos mexicanos y se evacuan las tropas de ocupación.
IV: Se liberan los lugares capturados por las tropas de ocupación y se repatrían los prisioneros de guerra.
V: Se delimita la frontera entre ambas naciones, siguiendo los ríos Gila y Bravo, y permitiendo un puente de tierra que conecte Sonora y la Baja California.
VI: Se permite el libre tránsito de los buques y ciudadanos estadounidenses por el golfo de California y el río Colorado, por agua, más no por tierra, a menos que una carretera en un margen cercano al río Gila sea beneficiosa para ambas partes.
VII: Se permite la navegación libre y gratuita, excepto para desembarco, para ambas partes, en los ríos Gila y Bravo del Norte, sin que se puedan hacer obras que impidan o interrumpan dicho paso sin permiso de la otra parte.
VIII: Se conservan los derechos de permanencia y garantía de tierras de los mexicanos en los nuevos territorios, y se les permite elegir la nacionalidad que desean conservar.
IX: Se conservan por un año los derechos civiles de los mexicanos en los territorios cedidos, y se establece su igualdad con los derechos políticos con los otros habitantes de los Estados Unidos de América. Se conservan, asimismo, intactos los derechos y propiedades eclesiásticos.
X: Se conservan intactas todas las concesiones de tierra hechas por el Gobierno mexicano. Los concesionarios de tierra podrán conservarlas si cumplen con las obligaciones adquiridas previamente con el Gobierno mexicano, siempre y cuando hayan tomado posesión de ellas antes de marzo de 1836 en Texas, y de mayo de 1846 en el resto del territorio; en caso contrario, el cumplimiento de las concesiones no serán obligatorias.
XI: Los Estados Unidos se comprometen a controlar a las tribus indígenas en su territorio e impedir su paso a México; a no comprar o canjear prisioneros, artículos, ni ganado robados en México, ni a venderles o suministrarles armas de fuego o municiones; y a rescatar y repatriar a los prisioneros de los indios que tengan la nacionalidad mexicana.
XII: En compensación por la pérdida del territorio, los Estados Unidos de América pagarán a México quince millones de pesos, pagando 3 millones de pesos de inmediato y el resto en pagos anuales a un interés del 6% anual.
XIII: Los Estados Unidos de América no reclamarán a México compensación alguna por compensaciones de guerra, y pagarán ellos mismos las reclamaciones resultantes.
XIV: Los Estados Unidos de América no reclamarán a México compensación alguna para sus ciudadanos, presentes o futuras.
XV: Los Estados Unidos de América no reclamarán a México compensaciones anteriores para sus ciudadanos, y pagarán ellos mismos las reclamaciones resultantes, siempre que estos no excedan de tres millones doscientos cincuenta mil pesos.
XVI: Cada República podrá fortificar su frontera.
XVII: Las incompatibilidades entre las estipulaciones del Tratado y realidad física, legal o política, podrá resolverse de común acuerdo con la misma fuerza que si estuviera escrito en el tratado, durante ocho años; al término de ese período, sólo se podrá resolver por mutuo acuerdo.
XVIII: No se exige gravamen a los artículos para las tropas de ocupación antes de su evacuación formal, a menos que sean introducidos fraudulentamente.
XIX: Los bienes importados por los puertos, importados antes de la devolución de las aduanas, o por la duración estipulada en el siguiente artículo, no podrán ser gravados ni decomisados; excepto si son trasladados a algún lugar no ocupado por las fuerzas estadounidenses.
XX: Aún si desde la firma de este tratado hasta la devolución de las aduanas pasaren menos de 60 días, durante este tiempo las mercancías importadas no serán gravadas, salvo los derechos correspondientes, según el artículo anterior.
XXI: Si entre los gobiernos de ambas repúblicas hubiese un desacuerdo, ambos gobiernos se comprometen a buscar una solución pacífica.
XXII: Se delimitan las reglas a tratar en caso de guerra entre las dos Repúblicas.
XXIII: Para ratificar este tratado, ambos Presidentes deberán pedir la aprobación del Congreso y canjear la ratificación antes de cuatro meses.
Además de estos 23 artículos, existe un artículo "adicional y secreto" en el Tratado, aplicable sólo si la ratificación del tratado tomase más de 4 meses en efectuarse. En este caso, se permiten cuatro meses adicionales para el canje de ratificaciones.

Modificaciones al tratado

Antes de ser plenamente ratificado, el Tratado de Guadalupe Hidalgo sufrió modificaciones importantes en los artículos IX y X, además de modificaciones menores, pero significativas, en otros artículos.
El artículo IX del Tratado original fue suprimido en su totalidad, y reemplazado por uno enteramente nuevo. Así, en vez de que los mexicanos conservasen por un año sus derechos civiles de los mexicanos en los territorios cedidos, y de establecer su igualdad con los otros habitantes de los Estados Unidos de América, el nuevo artículo permite que el Congreso norteamericano, a discreción, los admita como ciudadanos de los Estados Unidos de América.
El artículo X, sobre la posesión de las concesiones otorgadas, fue suprimido y no reemplazado.
En el artículo XI se elimina la restricción de venta de armas de fuego a los indios.
En el artículo XII se suprime elección de la forma de pago de la compensación que debe recibir México.
En el artículo XXIII, se agrega que el canje de ratificaciones se hará donde estuviere el Gobierno mexicano.
Y finalmente, se suprime el artículo adicional y secreto del Tratado.

Protocolos del Tratado

Además del texto del Tratado propiamente dicho, se adjuntó un protocolo en el cual se ofrece una interpretación formal del texto legal del Tratado, para evitar que éste pueda ser malinterpretado en perjuicio de cualquiera de las dos partes.
En éste protocolo, el Gobierno Norteamericano indica que, a pesar de suprimir el artículo IX y sustituirlo por el de la Luisiana, no se disminuyen los derechos de los mexicanos, sino que se encuentran integrados en el artículo III del Tratado de la Luisiana, y por tanto, son equivalentes.
También el Gobierno norteamericano indica que, al suprimir el artículo X, no se pretende anular las concesiones de tierras hechas por México en los territorios cedidos, pues estas conservan su valor legal. Y finalmente, indica que, al suprimir gran parte de la descripción de la forma de pago en el artículo XII, no se pretende dejar de pagar dicha compensación.

La Venta de la Mesilla

El 30 de Diciembre de 1853 se firma el Tratado de la Mesilla del 30 de Diciembre de 1853. Este tratado, que en los Estados Unidos de América se conoce "compra Gadsden", por su principal promotor, el general James Gadsden, obligará al gobierno de México a cederle 76,845 kilómetros cuadrados adicionales de terreno, lo cual modificaba el Tratado de Guadalupe Hidalgo, a cambio de 10 millones de pesos. Aquí, sin embargo, debemos hacer notar la habilidad negociadora de Santa Anna y de su ministro de Relaciones Exteriores, Manuel Díez Bonilla, pues Gadsden pretendía adquirir no sólo esta región de los actuales Estados de Sonora y Chihuahua, sino también adquirir en su totalidad éstos Estados y la Baja California. Sin embargo, la pérdida de éste territorio adicional terminaría por minar la popularidad de Santa Anna y derrocarlo.

Consecuencias civiles

Los Estados Unidos de América terminaron por suprimir el contenido del Artículo X y minar en gran parte el poder del Artículo IX del Tratado de Guadalupe Hidalgo. Esto provocó una atmósfera anti mexicana que dió lugar a la violación de los derechos civiles de los mexicanos en Estados Unidos. En Texas, se les restringió el voto; en Nuevo México, fueron víctimas de la violencia y en California, las autoridades aprobaron leyes contra ellos, algunas de las cuales se les conoció como Greaser Laws, o Leyes contra los Grasosos (grasoso o grasiento, siendo un término de desprecio).
En este periodo surgen grupos de rebeldes mexicanos con el propósito de recuperar sus derechos de tierra y posesiones; Joaquín Murrieta llamado "El Patrio" y otros grupos guerrilleros asolaron el sudoeste. Llamados bandoleros por las autoridades americanas, dieron origen a historias y leyendas como El Zorro, llevada al cine por primera vez en 1920.
Durante el periodo del tratado, alrededor de 100,000 ciudadanos mexicanos vivían en el terreno cedido por México, población que comprendía el 4% de la población mexicana. Pocos de ellos decidieron conservar su ciudadanía mexicana. La mayoría continuaron viviendo en el, para entonces, suroeste estadounidense, con la creencia que sus derechos estarían protegidos. Para finales del siglo XIX, la mayoría de ellos perdieron sus tierras a través del despojo o del fraude, y un fuerte sentimiento discriminatorio y anti mexicano se sentía en esos estados.
Durante el movimiento chicano de los años 1960, el líder de los derechos a la tierra de Nuevo México, Reies López Tijerina, y su grupo Alianza invocaron el Tratado de Guadalupe Hidalgo en su lucha por recobrar las tierras que les fueron despojadas a los mexicanos de aquella época.
En 1972, los Brown Berets, o Gorras Café, una organización de jóvenes activistas latinos, también invocaron el tratado cuando se apoderaron temporalmente de la Isla Santa Catalina, parte del llamado Archipiélago del Norte. Dicho archipiélago no se menciona en ningún artículo del Tratado de Guadalupe Hidalgo ni de la Mesilla, por lo cual se ha supuesto que permanece aún bajo soberanía norteamericana.
En cuanto a la tenencia de la tierra, muchas de las antes mencionadas concesiones de tierra no fueron reconocidas por los Estados Unidos. En California, cerca del 27% de ellas fueron rechazadas; en el territorio de Nuevo México, el 76% de las mismas también fueron rechazadas.
La Antigua Casa de Gobierno  (Old State House) de encuentra en el 300 W. Markham, Little Rock,Teléfono 501-324-9685
Edición de esta semana
DEBATE BILINGÜE ENTRE CANDIDATOS A ALCALDE DE LITTLE ROCK 
Un debate en el que participaron candidatos a la alcaldía de Little Rock, fue organizado por Rolando Ochoa de la cadena de televisión Univisión-Little Rock, Cesar Ortega pastor de la organización de servicio comunitario basado en la fe cristiana City Connections, y Michel Leidermann, director del periódico en español El Latino. El debate se realizó a las 7 PM del lunes 29 en la iglesia South City ubicada en la Baseline Rd con la I-30 en el Southwest de la ciudad.   / ver más /
El Obispo Anthony Taylor de la Diócesis de Little Rock, publicó una segunda carta el martes, 23 de octubre, actualizando información sobre la actual crisis de abuso sexual por clérigos y la ayuda para las víctimas.   / ver más /
Michel Leidermann
comentario
par Michel Leidermann
Cuando los jóvenes de la antigua Atenas alcanzaban la edad de 17 años, se marcaba un momento en el que pasaban de ser jóvenes a ser considerados hombres responsables para la toma de decisiones sobre la ciudad. De ahí en adelante se les permitía el ingreso a las filas militares para luchar en la guerra.    / ver más /