¡Cuidado en el Condado Saline!:
Por Rafael Nuñez
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Los socios titulares del bufete jurídico Monterrey-Téllez en Little Rock, los abogados Leo Monterrey, su esposa Cristina Monterrey y Robert Téllez denunciaron a EL LATINO que, en su opinión, los departamentos de policía de las ciudades de Benton y Bryant, así como las autoridades del Centro de Detención de Saline County (el condado donde se encuentras estas dos ciudades), están cometiendo una serie de irregularidades en perjuicio de conductores latinos. En específico, que esto funcionarios están deteniendo de manera injustificada a conductores latinos, en una especie de “perfilamiento racial”.

Indicaron que números considerables de conductores latinos son detenidos en el condado Saline y luego en la boleta de infracción que el oficial les da, se estipula como único cargo el no poseer una licencia de conducir. “Se supone que cuando un oficial te detiene, debe tener una justificación. Pero en muchos de estos casos, la boleta de infracción únicamente dice que la persona ‘no traía licencia’. Y eso es todo. No hay ningún otro cargo por el cual lo detuvieron en primer lugar. El parar a una persona sin justificación es ilegal, y estos casos son especialmente frecuentes en el condado Saline” dijo Cristina Monterrey.

Leo Monterrey detalló: “ Varios clientes nos han dicho que cuando los paran, el policía les dice: ‘ Tu vas a ser deportado a México’. Eso no es normal. Algunos policías creen que inmediatamente después de que ICE recoge a estas personas de la cárcel, los ponen en un avión y los envían de regreso a su país de origen. Pero en muchos casos, estas personas califican para una fianza de inmigración, especialmente si no tienen antecedentes criminales”. Agregó que la situación ha mejorado un tanto en Benton, y en la cárcel del condado de Saline durante este último año. ”Cuando primero empezamos a manejar estos casos en el 2008-2009, las autoridades de esa cárcel al parecer no entendían lo que era la regla de las 48 horas. Es decir, que ellos no podían simplemente detener a alguien por un periodo indefinido de tiempo hasta que las autoridades fueran a recogerlos”.

Leo dijo que su bufete toma casos “en los condados Pulaski, Faulkner, Saline y en todos los condados aledaños, para representar a alguien que tiene un hold de ICE (detención interpuesta por ICE). Pero esto no pasa en los demás condados de Arkansas. En otros condados, un simple caso de no tener licencia, o de hurto pequeño en una tienda, es decir, casos de delitos menores, sólo reciben una boleta de infracción”.

Un “hold de ICE” permite “que las autoridades carcelarias detengan a una persona por 48 horas con el objeto de que las autoridades migratorias puedan acudir a la cárcel y comprobar el estatus migratorio de la persona. Un policía de una ciudad o un sheriff de condado, no debe preguntar a una persona si está aquí legalmente, pero sin embargo lo están haciendo.

Cristina también mencionó que han manejado algunos casos donde oficiales de la Policía Estatal de Arkansas (State Troopers) han detenido a un latino en el condado Pulaski, por ejemplo, y luego, lo llevan a la cárcel del condado Saline. “La pregunta es, ¿por qué llevarlos a la cárcel de otro condado, y en especial a la cárcel de Saline? Esto parece muy sospechoso”.

 

TRES TESTIMONIOS

Carlos Ibarra (octubre 2010). Estuvo detenido, de manera ilegal, más de 72 horas en la cárcel de Saline.

“El policía me detuvo en Benton, cuando iba en camino a casa con un amigo, justo antes del mediodía. Me preguntó que si yo estaba tomado, y luego me pidió mi licencia. Yo le dije que únicamente tenía licencia de México. Luego llegó otro policía, y me dijo ‘shut up!’ , que yo no podía hablar. Me esposaron, con mis manos por la espalda y me llevaron a la estación de policía a hacerme pruebas para ver si andaba tomado, que caminara para un lado, luego para el otro, y cosas así. Yo hice con éxito todo lo que me indicó. Después nos llevaron a un cuarto donde estuvimos encerrados por unas dos horas. Luego nos separaron, y después de otras dos horas, nos volvieron a juntar. Luego me llevaron a una sala donde estaba un señor que me dijo en inglés que era migra (ICE). Me preguntó por mis papeles y le contesté que todo eso estaba en proceso, ya que yo había metido mi solicitud de residencia por medio de mi esposa y mis hijos. Me preguntó que si tenía familiares aquí, y yo le dijo que sí, que tenía a mis hermanos, a mi esposa y a mis hijos. Entonces me regresaron al cuarto, y sacaron a mi amigo a que hablara con él. Después de como tres horas, me di cuenta de que a mi amigo se lo habían llevado al corralón de la migra para deportarlo a México. Después me trasladaron a una celda. Al preguntar por qué me estaban deteniendo, únicamente me dijeron que yo tenía que permanecer en esa celda hasta que viniera por mí el ICE y que eso debía suceder en 48 horas.

“Finalmente pude llamar por teléfono a mi esposa, y le pedí que junto con mis hermanos buscaran un abogado para que me ayudara. Uno de mis hermanos fue a la cárcel para tratar de pagar la multa o una fianza, pero le dijeron que no podía salir puesto que tenía que esperar a la migra. Esta llamada telefónica la hice a las 9 de la mañana del siguiente día después de que me detuvieron. Para las 12 del mediodía, me sacaron de la celda y me estaba esperando el licenciado Leo Monterrey. Me preguntó todos los pormenores del caso. Me dijo que no me preocupara, que me iba a ayudar. Yo le dije que me sentía en general bien, y que no tenía miedo, ya que yo no había hecho nada malo. Me dijo: ‘Mira, vamos a esperar 48 horas, y si para entonces no te dejan salir, yo vendré porque por ley te tienen que dejar libre’. Y en efecto así fue: después de las 48 horas, el licenciado Monterrey llegó aproximadamente a las 2 de la tarde, y platicó con los oficiales la razón por la que estaba allí. Y quedé libre.

“He conocido otros casos similares y como no tienen un abogado, duran una semana, o hasta dos semanas en el Centro de Detención, supuestamente porque están esperando que vaya el ICE por ellos.

“Yo llevo 10 años en proceso de obtener mis documentos, y cuando la policía me detuvo hace un año y medio, y yo les dije esto, y que podía probarlo, ellos no me creyeron. Yo creo que mi caso estuvo lleno de irregularidades y conductas indebidas por las autoridades que me detuvieron, ya que cuando fui al juzgado me dijeron que mis cargos eran conducir en estado de ebriedad, no poseer licencia, ni registración, y no tener seguro para mi carro, y querían que pagara una fianza de $3,000. El licenciado Robert Téllez me acompañó al juzgado y me dijo que el juez tendría que desechar el cargo de conducir en estado de ebriedad, ya que la policía no tenia prueba alguna de que yo anduviera ebrio. Otra irregularidad es que mi boleta de infracción decía que yo no tenía registración ni seguro para mi vehículo, en realidad sí tenía esas dos cosas. Así pues, el juez desechó los cargos de ebriedad, no traer registración ni seguro, y a fin de cuentas pagué $1,000 de multa. Lo único que era cierto es que no traía licencia. Todo lo demás fue mentira.

“Yo tengo la impresión de que en Benton, a veces la policía ve a un latino manejando un carro, y lo paran nada más porque es latino. A Benton había estado llegando mucha gente latina a vivir. Pero desde que están parando a los conductores latinos nada más por su apariencia física, que es algo que empezó hace dos o tres años, mucha gente latina se ha estado yendo. Tengo amigos que viven en Little Rock y otras partes, y me dicen que tienen miedo de venir a Benton, ya que saben que allí la policía ‘perfila racialmente’ los conductores latinos. Así pues, simple y sencillamente prefieren no venir a Benton.

“Yo, por mi parte, jamás he pensado en mudarme hacia otra ciudad, ya que no estoy haciendo nada malo, ni molesto a nadie. Por eso no tengo miedo. Considero que en general soy una buena persona que se dedica únicamente a trabajar limpiamente y a proveer por mi familia. Mis niños están bien en la escuela. Vivimos en casa propia. Así que en general estamos bien”.

Ibarra, quien labora como contratista de construcción, dijo que aproximadamente en junio del 2011, una de las cuadrillas que él y su hermano dirigen, se hallaba trabajando cuando llegó el ICE y ejecutó una redada que resultó en la detención de 10 personas, incluyendo al hermano y cuatro empleados. La migra se los llevó al corralón del condado Lonoke, e Ibarra contactó de nuevo al abogado Monterrey y fueron Leo y Cristina Monterrey quienes hicieron las gestiones necesarias para que pudieran salir de allí mediante el pago de una fianza, misma que, por cada uno, fue de aproximadamente $5,000.

 

 

Mujer Latina (mayo del 2011) que vive en Alexander (pidió permanecer anónima). Su proceso sigue un año después.

“Yo vivo en Alexander, pero trabajo en Benton, y mi niña asiste a la escuela en Benton. Pues bien, un día, después de recoger a mi hija de la escuela y en camino a casa, al tomar la rampa de entrada de la autopista interestatal 30 hacia Alexander, noté que una patrulla me empezó a seguir. Durante todo mi trayecto por la autopista 30 la patrulla siguió detrás de mí, pero sin marcarme el alto con sus luces centelleantes, ni prender su sirena. Así pues, tomé la rampa de salida 126 a Alexander y fue entonces que el policía empezó a marcarme el alto con sus luces centelleantes. Me orillé y detuve mi auto y el policía me pidió los papeles de mi carro y mi licencia, y yo le dije que no tenía licencia. Le di mi Matrícula Consular Mexicana, y luego él me dijo que trasladara mi auto hacia una gasolinera que estaba allí enseguida, para no seguir al lado del camino. Así pues, yo lo hice y aproveché para llamar por teléfono a mi casa, ya que necesitaba que alguien con licencia viniera y pudiera manejar mi carro, puesto que lo más probable, pensé yo, era que el policía me iba a dar una boleta por no traer licencia, y luego me iba a decir que yo no podía conducir mi carro a mi casa.

“La llamada la contestó mi sobrina y como mi casa estaba muy cerca, ella llegó casi de inmediato, y le preguntó al policía que por qué me había parado. El oficial le contestó que porque traía el parabrisas delantero estrellado. Esta respuesta se me hizo muy sospechosa, ya que él no podía haber visto mi parabrisas cuando me venía siguiendo por detrás. El único momento en que lo pudo haber visto fue después de que me paró. De hecho, en la boleta de infracción el único cargo que se me hace es no traer licencia, y en ninguna parte aparece nada sobre un parabrisas estrellado”.

“Después de decir esto sobre el parabrisas estrellado, el policía se trató de retractar, y dijo que también me había parado porque yo venía manejando muy despacio, pero eso tampoco era cierto, ya que yo siempre conduzco a la velocidad límite que marcan los letreros de tráfico, tanto en la calle como en la autopista.

“El oficial me pidió que me bajara del auto. Me esposó por la espalda y me dijo que aunque estuviera allí mi sobrina o no, desde un principio yo debería haber sabido que él me iba a arrestar. Y cuando él dijo esto, yo me pregunté: ¿entonces con quién se supone que yo iba a dejar a mi hija, si mi sobrina no estuviese aquí?

“A fin de cuentas mi sobrina se llevó a mi hija y yo fui trasladada a la cárcel. El policía me dijo que sólo iba a permanecer arrestada mientras alguien iba y pagaba mi fianza. Al llegar a la cárcel, me metieron a un cuarto. El policía me detuvo un martes como a las 3 de la tarde, y pasaron las 4, 5 y 6 de la tarde y yo seguía en el cuarto.

“Por una rendija en la puerta, yo podía ver el pasillo, y cuando iba pasando una custodia, le pregunté qué cuánto más tiempo iba a tener que permanecer allí. Ella me dijo, espera un momento, y se fue, y luego casi de inmediato regresó, y me sacó del cuarto y me dijo que la siguiera. Me sacó una foto, y luego dijo que me pusiera un overol anaranjado. Después, me llevaron a una celda donde estaban otras mujeres. Como yo jamás había estado en la cárcel antes, empecé a preguntarles que qué iba a pasar. Una me dijo que no me preocupara, que al día siguiente, todas íbamos a comparecer ante un juez, y que lo más probable es que después yo saldría libre.

“El juez me preguntó algo en inglés, y no le entendí. Luego alguien dijo la palabra ‘inmigración’, y eso fue todo lo que entendí. Entonces el juez asintió con la cabeza y dijo: ‘oh, okei, okei, entonces tenemos que esperar a inmigración’. Y eso fue todo. Cuando terminó la audiencia, a algunas de las que estábamos en la celda las dejaron libres, y a otras nos volvieron a meter a la celda. Entonces concluí que tenía que seguir en la celda hasta que viniera el ICE.

“Fue entonces que mi marido decidió contratar al abogado Leo Monterrey para ver si él me podía ayudar. Pasó otro día, y hasta el jueves en la mañana, a las 6:30 a.m., me llevaron donde estaba esperando un oficial de la migra y luego me trasladaron, junto con un latino, hasta las oficinas de la migra junto al aeropuerto de Little Rock, adonde Monterrey llevó la documentación sobre mis hijas y yo.

“Me tomaron mis huellas digitales, me sacaron fotos, y luego me interrogaron, preguntándome que sí tenía familiares aquí. Les dije que sí, y que tenía tres hijas menores nacidas en Estados Unidos. Entonces pudieron comprobar que yo estaba diciendo la verdad, y me dijeron que me iban a soltar bajo mi propio reconocimiento (O.R.), pero que tenía que firmar unos documentos donde yo me comprometía a continuar acudiendo a todas las audiencias en un juzgado de inmigración donde se realizaría el proceso para determinar si me iban a deportar o no. Yo firmé esos papeles, y entonces salí de allí.

“Hoy en día continúa el proceso de deportación y en agosto tengo mi siguiente audiencia adonde tenemos que llevar los documentos que comprueben que llevo viviendo 12 años en Arkansas. Mis hijas son nacidas aquí. Es muy posible que a final de cuentas accedan a no deportarme”.

Al preguntarle EL LATINO que por qué creía que el policía la había parado, respondió: “Es posible que me haya parado únicamente por ser latina. Pero lo que realmente me dio más coraje es el hecho de que mis hijas tuvieron que pasar dos noches sin mí mientras yo estaba en la cárcel. Aparte, como una de mis hijas de sólo 4 años iba conmigo cuando me paró el policía, el hecho de que ella viera cómo me esposaron, es algo que nunca se me va a olvidar”.

Al preguntarle si sabía de otros casos, comentó: “Casos como el mío, en el que la policía para a una persona latina al parecer por nada, ocurren en esta región con cierta frecuencia. Y el único cargo es no tener licencia. Yo entiendo que la policía tiene que hacer su trabajo, pero una cosa es darle a alguien una boleta de infracción por no tener licencia, y otra cosa es llevarse a la persona a la cárcel únicamente por no traer licencia. Yo creo que la gran mayoría de las personas latinas estamos dispuestas a pagar la multa que corresponda por no traer licencia. Ahora: ¿por qué nos paran sin justificación? ¿Y por qué rápidamente las autoridades carcelarias involucran a la migra? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Pues entonces mucho, pero mucho más dinero viene a ser parte del asunto. Nosotros somos madres y padres, y a veces las fianzas y multas que tenemos que pagar, provocan que en ocasiones no tengamos ni para darles de comer a nuestros hijos. Yo tuve que pagar $275 por no tener licencia. Y esa cantidad incluía un descuento de $50 por haber estado en la cárcel. Después de esto que me pasó, ahora tengo miedo de salir. ¿Cómo sé si salgo en mi auto, si voy a regresar a casa o no?”

 

César Ramón de Jesús (noviembre del 2010), detenido en Shannon Hills. Aceptó salir del país voluntariamente.

“Yo vivo en southwest Little Rock, pero cuando ocurrió mi caso estaba trabajando en el área de Shannon Hills. A mí me detuvo el policía por ir conduciendo a exceso de velocidad. Recuerdo que eso sucedió la tarde del lunes antes del jueves de Acción de Gracias. El policía me llevó al Centro de Detención del Condado Saline, luego de comprobar que no traía licencia de conducir, y las autoridades carcelarias me dijeron que esa semana, el miércoles, el jueves y el viernes, eran días festivos, y por lo tanto no iban a contar para efecto de mi detención. Y, para colmo, tampoco el sábado y el domingo, ya que no son días hábiles. O sea que el único día que me iba a contar era el martes (es decir, el día después de mi detención), y el siguiente lunes, para completar mi lapso de 48 horas”.

“Al día siguiente día de mi detención, yo comparecí ante un juez por medio de tele-conferencia, en la misma cárcel. El juez me preguntó que si yo hablaba inglés, y le dije que no. Luego me explicaron que yo ya tenía un “hold” del ICE. Eso fue como a las 3 o 4 de la tarde de ese día martes, Las autoridades me dijeron claramente que si la migra no iba por mí el siguiente lunes, como a las 2 o 3 de la tarde, yo entonces saldría libre. Desafortunadamente, la migra fue y me recogió de la cárcel ese lunes como a las 7 de la mañana, y me trasladaron a las oficinas de la migra junto al aeropuerto. Me empezaron a procesar, tomando mis huellas digitales y sacándome fotos. El oficial que estaba al cargo de mi caso me dijo que para salir ese mismo día, tenía que pagar una fianza de $7,500.. Le dije que no podía pagar esa fianza, ya que era mucho dinero. Entonces me dio una hoja donde me daban a escoger dos opciones: primero, que yo quería solicitar mi liberación inmediata mediante el pago de la fianza; o segundo, que yo quería seguir peleando el caso, y que eventualmente podría salir bajo mi propio reconocimiento. Yo marqué la segunda opción. Después me trasladaron a Cabot, a donde llegué como a las 11 de la mañana. Al siguiente día, martes, aproximadamente a las 11 a.m., me empezaron a trasladar en un autobús al corralón de la migra en Louisiana. Allí estuve dos semanas más. Llegué al corralón a principios de diciembre, y me enteré que después del 20 de diciembre, las citas no se reanudaban hasta febrero. Así pues, si no conseguía acudir al juzgado antes del 20 de diciembre, tendría que pasar en dicho corralón cuando menos otros dos meses. Entonces llamé a mis familiares y les pedí que pagaran la fianza de $7,500, y finalmente salí libre bajo fianza.

“Luego me llegó por correo una notificación de que tenía que ir al juzgado federal de inmigración en Memphis, Tennessee, el día 24 de enero del 2011. Luego, a mediados de enero, me llegó otra notificación donde se me informaba que mi comparecencia se había pospuesto hasta el 24 de marzo. Y luego, a mediados de marzo, me llegó otra notificación para comunicarme que la fecha otra vez se había pospuesto, ahora hasta el 24 de mayo. Y por último, a mediados de mayo me la cambiaron otra vez, ahora hasta el 30 de noviembre del 2011, y a un juzgado federal de inmigración en Louisiana.

“Acudí a esa comparecencia, y lo único que pasó fue que el juez me comunicó que mi caso iba a cambiarse a Memphis, y me preguntó que si estaba de acuerdo. Le dije que sí y eso fue todo. Después me llegó, una vez más, una notificación de que mi cita en el juzgado de Memphis estaba programada para el 24 de enero del 2012. Pero antes de que llegara esa fecha, decidí contratar a la abogada Cristina Monterrey, ya que estaba decidido a pelear mi caso. Y además, estaba cansado de que me siguieran posponiendo mis audiencias.

“Otra cosa que me molestaba mucho es que cuando yo salí del corralón, las autoridades me recalcaron que si yo dejaba de asistir a una sola cita en el juzgado, entonces perdería para siempre la fianza de $7,500. Y sin embargo, eran ellas las que continuaban posponiendo mis citas en el juzgado, como si lo que realmente querían era que yo dejara de asistir a una de estas citas para que los $7,500 se quedaran con el gobierno. Yo no puedo asegurar que ese sea el caso, pero es de pensarse.

“Además, yo había pedido prestado ese dinero a familiares y amistades, y no podía quedarles mal y dejar que se perdiera ese dinero. Con la abogada Cristina Monterrey acordamos pedir mi salida voluntaria del país, para así no tener que salir deportado. Y eso me permitió ya no tener que ir a las citas en el juzgado de Memphis. Únicamente tuvimos que comparecer telefónicamente ante un juzgado federal. Las autoridades federales ya me dieron la fecha de mi salida voluntaria del país, que es el próximo 23 de mayo.

“Posteriormente recibí por correo un documento que me indica que tengo que ir a Fort Smith, para que las autoridades me tomen allí las huellas, y me den un formulario que debo entregar en la Embajada Estadounidense en México para certificar que salí del país. Se supone que entre 4 y 6 meses después de que yo salga, el dinero de la fianza será devuelto.

Toda este calvario de burocracia, tiempo en la cárcel, fianzas, gastos de viajes a los juzgados, gastos de abogados, etc., son cosas que César Ramón ha tenido que soportar desde su detención en noviembre del 2010. Él comenta: “Y pensar que todo esta pesadilla se ha generado por una simple infracción de exceso de velocidad. Lo más irónico del caso es yo ya tenía todo listo para irme de regreso a México, y tenía programado viajar a mediados de diciembre del 2010, o sea, aproximadamente unas tres semanas después de que me detuvieron. Ya hasta había logrado juntar el dinero para comprar dos camionetas, electrodomésticos, ropa, diversos aparatos electrónicos,… que me iba a llevar a México. Yo tenía cuatro años trabajando en construcción y había logrado juntar algo de dinero, y estaba preparado para regresar a mi tierra y establecerme allá de manera definitiva. Y de repente, me paran,… y bueno, después de eso, todo cambió”.

Con los gastos que se generaron después de su detención, César Ramón ha tenido que irse deshaciendo de todo el capital y posesiones que tenía para su regreso a México. Después de vender todo lo que pudo, lo único que le quedó fue una de las dos camionetas. Aparte, al salir del corralón de la migra, tuvo que pagar una multa de $784 por la boleta de infracción por cargos de no tener licencia y conducir a exceso de velocidad. Iba conduciendo a de 44 millas por hora en una zona donde el límite era de 30 millas por hora.

César Ramón calcula que, aparte de los $7,500 de la fianza, ha gastado unos $4 mil en costos directamente relacionados al largo y torturante proceso que ha tenido que atravesar.

Al preguntarle si ha conocido a otras personas que les haya pasado lo mismo, César Ramón contestó: “Sólo entre mis amistades y conocidos, y únicamente hablando de este último año, he sabido de por lo menos cinco personas a los que la policía los ha detenido en el condado Saline y luego sus vidas se han convertido en una verdadera pesadilla”.

 

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Michel Leidermann
comentario
par Michel Leidermann
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