¡Los latinos no queremos sólo promesas!
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Este año festejamos la 25 ª celebración anual del Mes de la Herencia Latina, y los políticos de ambos partidos aún creen que el suyo es nuestro favorito.

A pesar de las promesas de campaña de hace cuatro años, la administración Obama ha hecho poco para asegurar el tipo de reformas radicales de inmigración que la comunidad latina esperaba.

Durante los primeros tres años de su administración, el presidente Barack Obama deportó 1,1 millones de inmigrantes. Eso es más deportados que en los primeros tres años de gobierno del presidente George W. Bush (republicano), y más que cualquier otro presidente en su primer mandato, desde 1950.

En un esfuerzo de último minuto para generar buena voluntad, Obama firmó una orden ejecutiva en junio pasado (la Acción Diferida), esencialmente aprobando un DREAM Act limitado. Su orden permite a “algunos” jóvenes inmigrantes indocumentados que llegaron aquí cuando eran muy niños el permanecer en el país por unos cuantos años más (dos y renovables por otros 2 si es reelegido), siempre y cuando vayan a la universidad o entren a las Fuerzas Armadas y no hayan tenido roces con la ley.

El Pew Research Center estima que menos del 40% de los inmigrantes menores de 30 años son potencialmente elegibles para beneficiarse con la nueva Acción Diferida. Muchos son inelegibles simplemente por carecer de un diploma de escuela secundaria o GED.

Y ahora encontramos que incluso a los jóvenes que estarán autorizados a permanecer en el país, no se les ofrecerá la posibilidad de comprar un seguro de salud en virtud de que el gobierno de Obama no los incorporó en la reciente ley conocida como Obamacare, dejando a muchas familias en el limbo.

Los latinos todavía favorecen al presidente Obama, pero sólo porque Mitt Romney ha adoptado un enfoque aún más duro sobre la inmigración.

Con tantas posturas de campaña de ambos partidos, es fácil pasar por alto el hecho de que los latinos no son simples accesorios, sino una comunidad numerosa y pujante y convirtiéndose cada día en más influyente.

El Mes de la Hispanidad debería ser una celebración de nuestros logros y el lugar que ocupamos en este país, sin embargo, debemos pasar más tiempo defendiéndolos ahora que en cualquier otra época del año. El Mes debiera impulsar la discusión sobre los problemas reales que enfrenta nuestra comunidad. Este es el momento en que se debe luchar contra la pobreza, la educación y la reforma social.

Los latinos merecen acciones sustantivas, no las promesas vacías de los políticos que tratan de ganarse nuestro favor en época de elecciones, para después, como buenos políticos, olvidarse de lo que prometieron.

 

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