Moral diferente para mujeres y hombres
Por Michel Leidermann

La confianza está en caída en Estados Unidos. En todos los análisis, la confianza está relacionada con el progreso social, la productividad y la prosperidad.

La confianza en las instituciones es necesaria en las sociedades para que los sistemas funcionen correctamente. La confianza individual es esencial en la formación de comunidades y vecindarios unidos. En ambos casos, ahora confiamos menos que antes.

La confianza en nuestro gobierno llegó a niveles históricamente bajos. La desconfianza general en el gobierno existe con razón. De hecho, la pieza central del constitucionalismo en EE.UU., es el sistema de chequeos sobre la conducta de los funcionarios que fueron confiados con el poder el que proporciona las herramientas para prevenir o frustrar la mala conducta. La desconfianza en el gobierno no es del todo injusta, teniendo en cuenta sus continuados escándalos y corrupción.

En 1958, una encuesta del Centro de Investigación Pew preguntó: ¿Cuánta confianza tiene en el gobierno? Un 73% respondió “casi siempre” o “casi todo el tiempo. En otra, en enero de 2013, un idéntico 73% dijo que confiaba en el gobierno sólo una “parte del tiempo o nunca”.

Pero otros aspectos de la vida estadounidense tradicionalmente con altos niveles de confianza, están experimentando bajas preocupantes. La confianza en las noticias de televisión, los bancos, la policía y la educación pública, también ha caído.

Los científicos han vinculado una fuerte confianza a una serie de resultados sociales positivos, como mayor producción económica y menos delincuencia. Las sociedades con niveles de confianza más bajos, gastan más en litigar y regular, y menos en innovar.

La confianza es un poco como la reputación: más fácil perderla que recuperarla. Y mientras el desgaste es el resultado directo de traiciones o mala conducta, para otros es simplemente un subproducto de los cambios sociales actuales.

La confianza varía por grupos de edad. En un estudio de 2012, sólo el 29% de personas de 18 a 29 años, dijo confiar en la mayoría de la gente. Los más jóvenes tienen menos confianza en sus vecinos, pero en general confían más en el gobierno aunque menos en las empresas, que las personas de 50 años o más.Una razón por la que los más jóvenes no confían en los vecinos tanto como lo hicieron sus abuelos, es porque no los conocen. Los niños no juegan en los vecindarios como los de antes. Con las familias de doble ingreso convirtiéndose en la norma, los barrios están simplemente vacíos durante el día.

El miedo a los extraños se ve agravado además, por la amplia cobertura mediática sobre crímenes y terrorismo, y un mayor aislamiento causado por tanto tiempo dedicado a la Internet, los mensajes de texto, los medios sociales cibernéticos, tec...

Los jóvenes de hoy están más aislados que las generaciones anteriores. Cualquier cosa que reduzca la interacción humana puede tener un efecto debilitante en la confianza, la cual requiere que las personas tengan contacto directo con otras personas.

Restaurar la confianza requiere en primer lugar el reconocimiento del problema, lo cual es particularmente importante en el plano institucional y gubernamental. Un mayor nivel de rendición de cuentas se convierte entonces en un imperativo para que la confianza general aumente. Esa es una tarea difícil en el ambiente actual.

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