CASO DE TRATO INJUSTIFICADO CONTRA UN ESTUDIANTE LATINO EN LA HALL HIGH SCHOOL
Ya sea por discriminación, negligencia, o simple incompetencia, José Cruz Medina Gallegos perdió cinco semanas de clases de una manera por demás injusta y colmada de irregularidades
Por Rafael Nuñez
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José Cruz Medina Gallegos y su madre Alma Gallegos denunciaron a EL LATINO lo que consideran un trato discriminatorio por autoridades de la escuela que mantuvieron al alumno suspendido por cinco semanas, mientras que otro alumno no latino solo fue suspend

De acuerdo a documentos oficiales de la escuela Hall High School, presentadas a El Latino por la señora Alma Gallegos, madre de José Cruz Medina Gallegos alumno de dicha escuela, al parecer todo empezó con una discusión que José sostuvo con un chofer del autobús escolar que él toma por las tardes para regresar a su casa.

Uno de los citados documentos (mecanografiado, por cierto), fechado el 22 de octubre del 2013, establece que el chofer del autobús escolar 02B, un hombre afro-americano de nombre Malachi Akins sometió una queja por escrito en contra de José, aduciendo que este lo insultó, gritándole palabras racialmente denigrantes, y que incluso al bajarse del autobús, retó al chofer verbalmente a pelear. Sin embargo, otro de los documentos, escrito a mano, dice que la fecha de este incidente fue el 17 de octubre por la tarde. Este documento indica que el estudiante usó “simples malas palabras y gestos obscenos”, así como también “lenguaje extremadamente ofensivo”. A continuación, el chofer agregó, escribiendo de su puño y letra, pero con otra pluma, que “él me habló muy mal y me faltó al respeto, y me insultó al decirme una expresión racialmente denigrante. Luego, al apearse del autobús me dijo: ‘bájate, vamos a pelear”.

Por su parte, José dice que la razón por la cual esta última parte está escrita con otra pluma es “debido a que el chofer agregó esta última parte únicamente después de que el funcionario escolar que tomó su queja le dijo que lo que había escrito era muy poco para integrar una queja formal”. No obstante, según José, una vez que el chofer añadió esta parte final, el administrador escolar, Thomas Noble, que al parecer funge como ‘subdirector’ de dicho plantel, escribió en el documento: “se recomienda que el estudiante sea expulsado por haber incurrido en abuso verbal a un miembro del personal”.

Luego, en otro documento revisado por El Latino, denominado “Formulario de Declaración del Testigo” (escrito por José), el alumno escribe: “estaba yo a bordo del autobús y tenía los pies en el pasillo debido a que los asientos del autobús estaban demasiado llenos, y ya había dos estudiantes en ese asiento (que es sólo para dos personas). Así pues, yo era el tercero en ese asiento, y por lo mismo no alcanzaba a meter mis piernas y pies, y por eso salían al pasillo. Fue entonces que el chofer me ordenó que metiera los pies, y yo simplemente le dije que no podía. Desde ese momento el chofer me empezó a mirar por el espejo con una expresión de enojo. Pero no es cierto que al bajar yo lo reté a pelear, y mucho menos que lo insulté y le dije una expresión racista. De hecho, eso no es para nada creíble, y además es ilógico, ya que abordo de dicho autobús había muchos estudiantes afro-americanos, y yo tendría que estar loco para decir lo que él dice que dije, ya que todos ellos de inmediato se me hubieran echado encima, y yo me habría hecho de muchos enemigos de una manera por demás tonta y absurda.

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Aún más, después de la supuesta ‘suspensión’ de José -- el mismo día que Thomas Noble le dijo que quedaba suspendido (es decir el 22 de octubre)-- su madre recibía llamadas todos los días de esa semana, donde personal de la escuela Hall High le comunicaba a la señora Alma que su hijo había faltado a clases. “Me llamaban para decirme que José no estaba yendo a sus clases. Ahora, se suponía que estaba suspendido y yo no entendía por qué me seguían llamando todos los días”.

Al parecer era uno de esos casos de esos donde, como lo expresa un dicho: la mano izquierda no sabía lo que estaba haciendo la mano derecha, o viceversa.

Aparte, nadie del personal de la escuela se había tomado la molestia de decir a José, ni comunicado a su madre, exactamente por cuánto tiempo él iba a estar suspendido. 

Si esto no es negligencia, incompetencia o descuido, entonces el que esto escribe de plano no sabe ni entiende nada.

Finalmente, después de una semana de estar recibiendo estas llamadas avisándole que ‘su hijo estaba faltando a clases’, Alma decidió acudir a la escuela para averiguar qué estaba pasando.

“Para mi sorpresa, cuando hablé con el director, él me dijo que él ni siquiera sabía que mi hijo estaba suspendido”, explicó Alma. Y al parecer el director no era el único que no sabía esto, al menos a juzgar por las llamadas que ella estaba recibiendo.

Después de su reunión con el director, y con la consulta de este con el subdirector y más personal de la escuela, se decidió que José sí estaba suspendido, pero sólo por un lapso de tiempo que se definiría mediante una audiencia que se llevaría a cabo en la escuela “Hamilton Academy”, ubicada en la calle Bryant, esquina con calle 32, que es donde se ventilan este tipo de casos. No obstante, cuando le comunicaron a la señora Alma esta decisión, ella asegura que lo único que le indicaron fue que tendría que esperar que le llegara un mensaje por correo, o bien una llamada telefónica, para indicarle exactamente cuándo tendría que acudir para la audiencia. Así pues, la señora Gallegos dice que esperó dicha comunicación por una semana, pero esta jamás llegó. Tras otra semana de espera (para aquel entonces ya eran dos semanas las que su hijo llevaba de suspensión), ella decidió regresar a la escuela, con el documento que le habían dado la vez anterior para decirles que aún le llegaba el aviso de cuándo debía acudir en compañía de su hijo a la mencionada audiencia. Entonces, funcionarios de la escuela le dijeron que ella debería haber llamado por teléfono a la “Hamilton Academy” inmediatamente después de que ellos le dieron el documento con el nombre, la dirección y el teléfono, para hacer una cita para la mencionada audiencia. 

La señora Alma dice que esto la desconcertó mucho, “ya que ellos (los funcionarios de Hall High) jamás me dijeron que yo debía llamar a la Hamilton Academy”. De hecho, dice “que lo bueno es que ese día llevaba conmigo el documento que ellos me habían dado la vez anterior, y donde habían escrito el nombre y la dirección, pero no el número de teléfono, ya que al principio ellos insistían que sí me lo habían dado. Pero no era cierto, nunca lo anotaron.

“Así, pues, con la ayuda de la señora Picado que trabaja en la Hall High, que creo labora como traductora y como coordinadora de los autobuses escolares, me hizo el favor de llamar a la Hamilton Academy y programar una cita para la audiencia”. Para entonces ya habían pasado dos semanas y media desde el día en que José fue suspendido. Es obvio que en esta última instancia faltó mucha comunicación certera, ya que la poca que hubo entre la madre y el personal administrativo de la Hall High fue defectuosa y hasta un tanto contradictoria.

Como quiera que sea, la audiencia se programó para dentro de una semana. Entonces ya para el día de la audiencia, José llevaba tres semanas y media suspendido. Y para colmo de males (y una clara muestra de mucha desorganización y negligencia), el día que Alma y José acudieron, al igual que el chofer en cuestión, para todos estar presentes en la tan llevada y traída audiencia, esta no se pudo llevar a cabo, ya que no había un traductor certificado presente.

Y todo esto, en una audiencia que el mismo personal de la escuela había programado, eh?,... que eso quede bien claro.

Como quiera que hay sido la cosa, Alma dice que la señora Picado se ofreció a servir de intérprete para esa audiencia, “pero los encargados de la audiencia no la dejaron, ya que dijeron que la traducción debía ser hecha por una intérprete debidamente certificada”.

Así pues, se tuvo que posponer y se tuvo que programar otra audiencia, para la semana siguiente (para el 26 de noviembre). Cabe señalar que con tantas tardanzas, posposiciones, retrasos y malentendidos, para cuando finalmente se realizó la audiencia para determinar el ‘castigo’, ‘suspensión’ o hasta la ‘expulsión’ del alumno, ya habían pasado cinco semanas desde que fue suspendido.

Y a fin de cuentas lo que se determinó en la audiencia fue que el estudiante José Cruz Medina Gallegos, al perder cinco semanas de clases, ya había cumplido con su ‘castigo’ o ‘suspensión, y que por tanto, podía, finalmente!, regresar a la escuela.

Vaya eficiencia!, no? ... 

Pero el caso de José no deberíamos extrañarnos,... puesto que al parecer así se las gasta el Distrito Escolar de Little Rock cuando de estudiantes latinos se trata: ¡Incompetencia!

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