Internet y la destrucción cultural
Por Michel Leidermann

Ya conocemos las bondades de internet: nos comunica en tiempo real con personas en todos los rincones del mundo; es el repositorio de información a la que podemos acceder en segundos (la misma hubiera tomado semanas hace 30 años); contiene herramientas para cientos de tareas prácticas y para juegos.

Cuando se pregunta si Internet ha hecho más daño que mejoras en la sociedad, 49% piensa que daños y obviamente 51% lo contrario. 

Ciertamente en la gran red (Web) vemos trivialización, deconstrucción y empobrecimiento de la cultura que pretendemos fomentar con las tecnologías de información. No es la plataforma, es la gente. Pero Internet lo hace visible, lo revela. 

Lo cierto es que más o menos la mitad de los usuarios siente preocupación por su impacto. Alzan su voz lingüistas, psicólogos, maestros y padres.

La información se hace más importante que lo que representa. Nos comunicamos con alguien en Japón en segundos aunque, no con nuestro vecino; el tiempo de ahora es “todo el tiempo”, vemos televisión desde un periódico; hablamos por teléfono desde computadoras y manejamos computadora en los teléfonos. Somos a la vez interlocutores, emisores y receptores. 

Ese cambio tan masivo, tan variado y tan veloz, confunde e incluso crea rechazo. 

Desde que surgieron los motores de búsqueda (search engines) y especialmente Google, los cibernautas usan menos la memoria. Se llama el “efecto Google”. Más personas buscan todo que  quieren saber en Google. ¡Cyber en vez del cerebro!.

Estamos en una generación que empobrece su memoria biológica, que delega en las máquinas sus propios recuerdos. ¿Qué hacer si se cae la conexión a internet?

La información disponible es ilimitada, pero ojo, porque hay noticias auténticas, generadas por organizaciones respetables, pero sus titulares y contenidos pasan por el “timeline” de miles de personas y muchas se deforman; se les agregan o sustraen partes, por desconocimiento, por buena voluntad, o por mala voluntad... 

Los socialmedia exhiben una mezcla de lo auténtico y de lo supuesto, de lo propio y de lo ajeno. A veces no se puede discernir. Y además nos espían. Si descontamos las teorías conspiratorias (de que nos monitorean humanos y foráneos las 24 horas al día desde satélites y pequeñas moscas-robot), de todos modos queda claro que nuestra información privada, ya no lo es tanto.

Google, Yahoo y Facebook han sido señalados de vender información “privada” de sus usuarios a empresas de mercadeo y otras. No es ilegal, porque el usuario lo aprueba al aceptar los términos de uso, pero genera preguntas y preocupaciones.

¿Y los gobiernos? El estadounidense está sumido en un escándalo creado por lo que más temen: las filtraciones. Desde junio de 2013, la National Security Agency (NSA) ha sido sindicada de espiar a empresas como Verizon y otros proveedores de Internet y de revisar información de más de un trillón de sesiones en línea de sus usuarios.

Si el monitoreo lo hacen países “responsables” ¿qué no estarán haciendo regímenes y gobiernos como el ruso, chino, iraní, cubano?. 

Hay muchas otras cosas para discutir. La muy difusa línea divisoria entre el derecho de autor y el dominio público de la Web; el contenido deliberadamente falso; los carteles de Facebook que le atribuyen a Nietzsche o a Ghandi frases que jamás articularon...

Seguiremos buscando formas de sobreponernos e incluso prosperar en este nuevo (y maravilloso) caos informacional y cultural. 

Y sobre todo, no sigamos insistiendo en la privacidad. Ya la perdimos

 

Edición de esta semana
CIRUGÍAS DEL CORAZÓN POR VÍA SUBCUTÁNEA
Nuevas técnicas han permitido las cirugías mínimamente invasivas y tiempos de recuperación mucho más cortos para cientos de pacientes que han sido sometidos al reemplazo de la válvula aortica del corazón por vía de un catéter (cirugía percutánea a través de la piel) en lugar de las mayores cirugías de corazón abierto.    / ver más /
El 15° Festival Literario de Arkansas 2018 incluye en su la lista de autores y presentadores a una variada gama de escritores.   / ver más /
Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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