LAS PORRAS Y LOS DEPORTISTAS ABUSADORES
Por Michel Leidermann

Hay un millón de razones por la que la NFL tiene que cambiar su actitud arrogante e insensible. Sin embargo, hay 22 millones de razones de que nunca sucederá. Ese es el número de espectadores promedio que ven Sunday Night Football. Como siempre, los programas de televisión más vistos de la semana. 

También hay otros 1,4 mil millones de razones de que nunca sucederá. Ese son los dólares, que cada año las ligas de fútbol pagan a sus jugadores y es una inversión para ganar aún más dinero en base a su desempeño. 

Pero la NFL está finalmente siendo sometida al escarnio público por permitir jugar sin castigo a demasiadas estrellas de conducta cuestionable. Hay dedos acusatorios apuntando a funcionarios ineptos y hasta al Comisionado Roger Goodell, por no considerar seriamente a los abusos domésticos cometidos por sus estrellas millonarias.

Esto es posible porque los propios fans crearon este monstruo de la NFL, la empresa deportiva más lucrativa en Estados Unidos. Son estos mismos aficionados los que se niegan a renunciar a su relajación televisiva de fin de semana y a protestar por el virulento comportamiento personal de algún jugador cavernícola. 

No podemos culpar a los aficionados por querer mantener su entretención separada de la realidad.  El hecho de que la NFL es ahora nuestra vergüenza nacional no significa que no pueda continuar como un pasatiempo nacional. 

“Al final no estamos tan lejos de los días de gladiadores” dijo Paul Swangard, de la Universidad de Varsovia Sports Marketing Center de Oregon. “Nos sigue gustando ver a hombres adultos golpearse unos a otros”. 

Los cascos y los protectores los convierten en robots jugadores, en transformers. No estamos viendo la vida real, estamos viendo una película de deportes de fin de semana. 

 Luego no hay temor de que los aficionados abandonen la NFL, y los principales anunciantes, que no son tontos, asimismo seguirán apoyando la NFL mientras los millones de porristas sigan siendo sus fieles consumidores.

Las “cosas como están”

Hasta que una excelente educación sea reconocida como un derecho civil en este país, y se luche por ella con la misma insistencia y perseverancia como el derecho al voto, las escuelas seguirán frustrando a nuestros hijos. Un Estado que se toma en serio la educación, no puede permitirse la complacencia, o el sometimiento a los intereses locales y el credo de dejar las “cosas como están”.

Las buenas escuelas no vienen naturalmente. Requieren una buena planificación, de liderazgo inteligente, y nuevas iniciativas. Poco a poco, incluso el sistema educativo se da cuenta de que la buena educación también requiere de la competencia. Esa es la función de la competencia: sacudir lo anticuado y largamente establecido, con una infusión de nuevas ideas y más metas más altas, enfoques y técnicas más efectivas, normas sólidas, y mejores resultados. En resumen, todo lo que viene con la competencia. No sirve de nada mantenerse inmutable y asumir que todo saldrá bien.

    ¿Alguien cree que la educación estadounidense está bien? Cualquier persona que puede mirar alrededor y ver, sabe mejor que eso. “Los fundamentos de la educación de nuestra sociedad están siendo erosionados por una creciente marea de mediocridad que amenaza nuestro futuro como nación y como pueblo.” Eso es el informe de la Comisión Nacional de Excelencia en la Educación en 1983. Y la tendencia apenas ha progresado en cuarto de siglo desde entonces.

 

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par Michel Leidermann
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